Batalla de Numistro

Tras la rendición de Capua a mediados de 211 a.C. y la casi pacificación de Sicilia, la guerra pareció dar un vuelco en favor de Roma. Pero la situación de la República era agónica. Sus recursos humanos estaban agotados. La necesidad de reconstruir su potencial militar en Hispania tras el desastre de los Escipiones, había derivado hacia esa zona buena parte de los recursos liberados después de la casi total reconquista de Campania. Tras ocho años de guerra los soldados más veteranos comenzaban a ser licenciados. Los campos estaban exhaustos, no había mano de obra para cultivarlos. Tampoco existían fondos para financiar la incorporación de remeros para la flota.

Con este panorama se inició el consulado de 210 a.C. Habían resultado elegidos para el puesto dos militares de brillante trayectoria. Marco Claudio Marcelo y Marco Valerio Levino. Tras tres años en Sicilia en los que había sometido Siracusa y todo el antiguo reino de Hierón así como reconquistado la mayor parte de localidades que se habían rebelado contra Roma, relegando a los cartagineses a guarniciones en ciudades del suroeste de la isla, a mediados de 211 a.C., Marcelo retornó a Roma, donde recibió una ovación, y empleó el prestigio ganado para lograr su cuarto consulado. Levino había labrado su fama en Grecia, donde fue relevado por el cónsul saliente Publio Sulpicio Galba.

La campaña de 210 a.C.

La organización de la campaña de este año se retrasó bastante por la tardanza en tomar posesión del cargo del cónsul Levino. Por estar a inicios de primavera junto a los nuevos aliados etolios en plena ofensiva contra Filipo V, demoró en recibir la comunicación del nombramiento como cónsul a lo que se unió una inoportuna y larga enfermedad (Livio, AUC, XXVI, 26, 1-4). Sucedió además un acto de sabotaje en el Foro unos días después de que Marcelo tomara posesión en los idus de Marzo, cuya investigación y acusaciones debió durar varios días (Livio, AUC, XXVI, 27, 1-9).

Adicionalmente en su regreso Levino utilizó en parte una ruta terrestre que pasó por Capua (Livio, AUC, XXVI, 27, 10). Marcelo rehusó tomar ninguna decisión mientras Levino no estuviera presente. Cuando este llegó se discutió en el Senado la organización militar y se hizo el sorteo de las provincias (Livio, AUC, XXVI, 27, 17).

Tras lo cual se inició el debate sobre las acusaciones que se hacían sobre la actuación de Marcelo en Sicilia y la de Quinto Fulvio Flaco en Capua por parte de las poblaciones de estos territorios, respaldadas por los rivales políticos de estos. Este debate condicionó el reparto de provincias, decidiéndose que Marcelo intercambiase la provincia de Sicilia que le había tocado, por la de Italia que había correspondido a Levino.

Todos estos hechos hacen difícil que se pudieran tomar estas decisiones en el Senado antes de mediados de abril. Simultáneamente al debate sobre Sicilia y Capua, se puso en marcha en el Capitolio la selección de personal para integrar los diferentes ejércitos (Livio, AUC, XXVI, 31, 11), iniciando los nuevos cónsules el alistamiento de tropas una vez acabado el citado debate (Livio, AUC, XXVI, 35, 1). Para el reclutamiento de remeros para la flota existieron numerosos problemas por falta de hombres y dinero para incorporarlos y se realizó una recogida de fondos extraordinaria para poder sufragar los enormes gastos de la guerra (Livio, AUC, XXVI, 35, 2-10 y 36, 1-12). Es significativo que se licenciasen cuatro legiones del dispositivo del año anterior (Livio, AUC, XXVI, 28, 2-7-10) incorporando solo dos nuevas urbanas sin posibilidad de que se alistasen soldados de las tropas licenciadas (Livio, AUC, XXVI, 28, 13). La discusión de las medidas recaudatorias y la recogida de estos fondos debió demorar no menos de una semana más lo que nos acerca a finales del mes de abril. Para continuar la cronología de los hechos es necesario recurrir a los movimientos de ejércitos que la reestructuración militar llevó aparejada. Una vez alistadas las nuevas legiones urbanas a mediados de abril, se debió de producir la salida de las del año anterior con dirección a Etruria (Livio, AUC, XXVI, 28, 4). Este movimiento las sitúa en su destino a finales de mes. Tras ser relevado se produce el traslado del ejército de Etruria hacia el norte de Apulia, cuya llegada a su zona de despliegue debió tener lugar a mitad de la segunda quincena de mayo. La partida de los cónsules a sus provincias se produjo una vez preparadas las cosas y completados los reclutamientos (Livio, AUC, XXVI, 36, 12) que para el caso de los remeros difícilmente se terminó antes de finales de mayo. Sería a partir de esa fecha cuando Marcelo se debió incorporar a su ejército venido de Etruria. En ese momento, el ejército consular de Sulpicio Galba que había operado en Apulia la anterior campaña (y al cual sustituyó en el área este venido de Etruria), partiría a la Galia a relevar el ejército allí destinado (Livio, AUC, XXVI, 28, 4-5), algo que sucedería en la primera semana de junio. De allí el ejército de la Galia con base en Ariminum se desplazó a Sicilia. Este movimiento, dado el precedente del hecho urgentemente en 218 a.C. por el ejército de Sempronio Longo de Sicilia a Placentia, debió tardar cerca de un mes y medio, por lo que llegaría a mediados de julio. Sería a partir de este momento cuando el cónsul Levino se uniese a sus tropas ya en su destino. Con este último ejército en Sicilia tendría lugar el licenciamiento del antiguo ejército de Marcelo en la isla. Esta llegada tardía de Levino a Sicilia queda refrendada en las fuentes (Livio, AUC, XXVI, 40, 1).

En el plano militar, el despliegue de ejércitos al sur de Roma fue el siguiente: la recién conquistada Capua quedó con una solitaria legión junto a un alae sociorum bajo mando de Quinto Fulvio (Livio, AUC, XXVI, 28, 6-9). Marcelo debió hacerse con un nuevo ejército consular para lo que se le asignó el que el año anterior tenía el pretor en Etruria, Marco Junio Silano (Livio, AUC, XXVI, 28, 3-4). Se trataba de un ejército constituido en el año 213 a.C. que tras servir en Roma como legiones urbanas durante su primer año, pasó los dos siguientes en Etruria (212 a.C. y 211 a.C.). No poseía experiencia real de combate más allá de la que tuvieran individualmente los soldados que lo integraban de campañas anteriores, pues en ese período de tres años no había estado en ningún sitio donde hubiese lucha, siendo su función la de evitar la sedición de Etruria. Su zona de operaciones para esta nueva campaña de 210 a.C. bajo órdenes de Marcelo sería el Samnio y Apulia. Se mantuvo también en esta última provincia al cónsul saliente Cneo Fulvio Centúmalo en calidad de procónsul (Livio, AUC, XXVI, 28, 9), al mando del mismo ejército de dos legiones que tenía el año anterior. Con esos contingentes desplegados al sur de Roma, se dió inicio a la campaña.

Aníbal, por su parte, retenía su ejército que tras la pérdida de Capua a mediados del año anterior había centrado su accionar en Apulia y el extremo surocidental del Brucio. Los contingentes de sus subordinados Hanón y Magón, quienes condujeran operaciones independientes hasta 212 a.C. en Lucania, Samnio, y Brucio, tras la pérdida de Capua y su importante guarnición, el desgaste de las operaciones bélicas en Campania y Lacio y el envío de refuerzos a Sicilia por parte de Aníbal durante el año 211 a.C. (Zonaras, Epitome Historion, 9, 6-7), pareciera que hubiesen perdido la entidad suficiente para proseguir sus actuaciones de modo autónomo.

Marcelo comenzó a operar desde el mes de junio entre el Samnio y el norte de Apulia contra las localidades rebeldes de la zona. Es probable que se aprovechase todo ese mes de junio para la recogida del grano necesario para afrontar la campaña, por lo que el inicio real de operaciones debió ser el mes de julio con el verano ya empezado. El procónsul Cneo Fulvio Centúmalo por su parte mantenía sus tropas junto a la localidad de Herdonea, de la cual esperaba un cambio de bando. El lugar de invernada de Aníbal había sido la vecina Lucania (Apiano, Guerra de Aníbal, 43), pero al inicio de campaña parece que acampaba en Apulia (Livio, AUC, XXVII, 1, 5). Tenía distribuidos como guarniciones, contingentes de tropas entre sus principales localidades aliadas. Una de estas ciudades era Salapia. Gracias a la traición de Blatio, uno de los nobles de la clase dirigente, Marcelo logró introducir en secreto soldados de su ejército en la población (Zonaras, Epitome Historion, 9, 7) que junto con los habitantes masacraron a la guarnición de 500 jinetes númidas existente (Livio, AUC, XXVI, 38, 11-12). El que esta acción fuese la primera conocida de la campaña unido al hecho de que la guarnición no se hubiese incorporado al ejército púnico pese a ser una de sus mejores unidades de caballería (Livio, AUC, XXVI, 38, 12), podría ser indicativo de que Aníbal aún no había comenzado a movilizarse, lo que nos sitúa al principio del verano. Sabemos también que hubo un intercambio de correspondencia previo entre Blatio y Marcelo, lo que dada la fecha en que este último se incorporó a su zona de operaciones demoraría algunas semanas a partir de su llegada y adicionalmente que la acusación contra Blatio le hizo ser llevado al campamento de Aníbal, todo lo cual hace difícil que la caída de Salapia pudiese tener lugar antes del final del mes de junio.

Avanzando la campaña, el ejército de Marcelo logró tomar al asalto dos ciudades samnitas que contaban con guarnición cartaginesa de importancia, Maronea y Meles (Livio, AUC, XXVII, 1, 1). Su ubicación no es conocida con seguridad pero son propuestas las actuales localidades de Montefalcone Nel Sannio y Molise respectivamente. El volumen de fuerzas cartaginesas en dichas guarniciones es cifrado en casi 3.000 hombres (Livio, AUC, XXVII, 1, 1-2) lo que induce a pensar que debido a su fortaleza su toma en combate debió llevarle el resto del verano.

Aníbal, tras la caída de Salapia había regresado al Brucio (Livio, AUC, XXVII, 1, 5). La merma de la caballería púnica debió ser importante si sumamos la pérdida de la destinada en Salapia, Meles y Maronea, más el envío unos meses antes a Sicilia de jinetes de su ejército bajo mando de Mutines realizado en la segunda mitad de 211 a.C. Por ello es probable que el general cartaginés acudiese al Brucio a recoger nuevos efectivos con los que suplir estas bajas y dar inicio a la campaña militar. Livio sitúa en el aniquilamiento de la guarnición de Salapia la pérdida de la superioridad púnica en caballería (AUC, XXVI, 38, 14), aunque además de no ser muy elevada la cantidad de hombres muertos hay otras evidencias de que esto no fue tan patente. Recomponer sus filas le debió costar la mayor parte del verano. Esta estimación se basa en que la distancia desde el centro de Apulia al centro del Brucio es de unos 250 km, lo que recorrido en ambos sentidos por un ejército en orden de marcha a una media de 20 km/día supone no menos de 25 días, a los que habría que sumar el tiempo para organizar nuevos alistamientos, y deliberar sobre los nuevos objetivos de campaña una vez se iban produciendo las novedades de las pérdidas de guarniciones en el Samnio.

En este punto es importante destacar que Aníbal, desde la caída de Capua, ya había tomado la decisión de replegar las guarniciones más adelantadas y dispersas de sus dominios y evacuar la población de dichas localidades a las ciudades de Turios y Metaponto (Apiano, Guerra de Aníbal, 49), situadas junto a la costa jónica del golfo de Tarento. Este cambio de estrategia es el reconocimiento implícito de que a esas alturas, el general cartaginés era incapaz de atender todos los frentes de guerra que le habían abierto los romanos y acudir a defender a los aliados de las distintas regiones. La dura lección del año anterior con la ejecución del muro de cerco en torno a Capua mientras él operaba en el alejado Salentino, que culminó con el fracasado auxilio y la posterior caída de la ciudad y de casi todos los aliados campanos y la falta de efectivos para articular otro ejército que le pudiera complementar en otro frente del sur de Italia con garantías o de un general suficientemente capaz de hacerlo, le llevó a adoptar esta drástica decisión. Desde Cartago y del propio ejército de Aníbal, en la segunda mitad de la campaña del año anterior, habían salido para Sicilia 8.000 infantes y 3.000 jinetes (Livio, AUC, XXVI, 21, 14), que sin duda sirvió para agravar aún más la situación o la perspectiva de recibir refuerzos él mismo. A la pérdida de Salapia nada más empezar esta campaña y mientras estaba en el Brucio, le siguieron las de Maronea y Meles, que debieron de terminar de decidirle a ejecutar el repliegue estratégico.

Pero antes de llevarlo a cabo le surgió una oportunidad de asestar un duro golpe a los romanos justo antes de finalizar el verano. Enterado por mensajeros venidos de Herdonea de los contactos que el sector prorromano de esta ciudad del norte de Apulia mantenía con el procónsul Centúmalo, Aníbal decidió acudir a marchas forzadas a tratar de sorprender al ejército enemigo. De este se dice que estaba acampado en una mala posición y con pocas precauciones, y que además andaba confiado por la marcha al Brucio de Aníbal (Livio, AUC, XXVII, 1, 4-6). Herdonea está situada en una llanura y aparte de la colina donde descansan las ruinas de la antigua ciudad, la única elevación próxima es la loma donde asienta la parte oeste de la actual población, distante unos 500 metros de la vieja.

Los cartagineses llegaron con sus tropas en formación de combate, siendo el envite aceptado por el procónsul romano. Esta agresiva reacción se explica por el hecho de que su mandato había sido renovado por un solo año (Livio, AUC, XXVI, 28, 9) y estando ya a las puertas de empezar el otoño le quedaba poco tiempo para realizar algún logro militar que le permitiese seguir ocupando una magistratura durante la próxima campaña. Los romanos alinearon una de las legiones junto al alae izquierda en primera línea. Cuando el combate de infantería estaba en su punto álgido, la caballería cartaginesa, siguiendo instrucciones de Aníbal, atacó por la espalda a la parte de la segunda línea romana en que se encontraba la otra legión, al tiempo que otro contingente de jinetes se dirigía contra el campamento enemigo. Los romanos entraron en pánico y aprisionados fueron masacrados, incluido el procónsul y once de sus tribunos, pudiendo escapar (sin contar desertores) al menos 4.344 hombres (Livio, AUC, XXVII, 8, 13) que lograron llegar a una elevación cercana (probablemente la mencionada con anterioridad) y más tarde incorporarse a las filas del ejército de Marcelo en el Samnio (Livio, AUC, XXVII, 1, 15). El desastre fue tremendo. Las cifras de muertos oscilan entre 7.000 (Livio, AUC, XXVII, 1, 13 aludiendo a una fuente desconocida), 8.000 (Apiano, Guerra de Aníbal, 48, 8), 13.000 (Livio, AUC, XXVII, 1, 14 aludiendo a una segunda fuente desconocida) y 17.000 (Orosio, Historia contra los paganos, IV, 18), pero dado que junto al procónsul caen 11 de sus 12 tribunos, cabe pensar que debió ser una de las del margen superior. El ejército de Centúmalo operó como ejército consular en Apulia el año anterior -211 a.C.- donde permaneció Aníbal buena parte de la campaña por lo que su entidad debió de ser la de uno principal. Desde la batalla de Trebia los romanos mantuvieron siempre en el área de operaciones del general cartaginés al menos dos ejércitos principales (excepto los meses posteriores a Cannas en que solo tuvieron con esa entidad al ejército del Dictador Pera). Por ello es razonable pensar que para la campaña de 210 a.C. el ejército del ahora procónsul Centúmalo conservase su entidad de ejército principal con efectivos iguales a uno consular.

Los ejércitos consulares

Los efectivos de los ejércitos consulares post-Cannas, debido a la escasez de soldados, se vieron reducidos de los 30.000 infantes que alcanzaron a inicios de la campaña de 217 a.C. (Apiano, Guerra de Aníbal, 8, 4) a unos 24.000. Inmediatamente tras el desastre se hizo una leva de emergencia en la que se incorporaron cuatro legiones integradas por 8.000 esclavos, 6.000 ex-presidiarios y un número indeterminado de jóvenes de 17 e incluso menos años (Livio, AUC, XXII, 57, 9). Para completar el mínimo de 4.000 soldados que podía tener cada una de esas cuatro legiones, la cifra de adolescentes reclutados sería de al menos 2.000 individuos. Junto con los aliados itálicos alistados en territorio piceno y galo y la caballería, constituyeron los 25.000 hombres del ejército del Dictador Marco Junio Pera (Livio, AUC, XXIII, 14, 2-4). Dado que además de los infantes la leva incluyó 1.000 jinetes romanos (Livio, AUC, XXII, 57, 9), el total de hombres de esta procedencia sería de unos 17.000, lo que permite deducir que en el ejército del Dictador había unos 8.000 itálicos (incluida caballería de este origen). La estructura de esta reducción se explica al pasar de legiones de 5.000 infantes a legiones de 4.000. En situaciones normales, los contingentes de aliados itálicos en los ejércitos consulares de la segunda guerra púnica duplicaban los de ciudadanos romanos (Apiano, Guerra de Aníbal, 8, 1)*. Debido a la urgencia de la situación y las dudas entre los aliados inmediatamente después de Cannas (Livio, AUC, XXIII, 22, 8), el reclutamiento entre estos últimos fue costoso, y solo se normalizó al inicio de la campaña de 215 a.C. con la incorporación de 25.000 aliados (Livio, AUC, XXIII, 32, 1). Estos últimos, unidos a los 8.000 itálicos que hemos deducido que iban en el ejército de Pera, totalizan un total de 33.000 aliados de infantería y caballería que aproximadamente duplican a los 16.000 infantes y 1.000 jinetes de las cuatro legiones alistadas por Pera, lo cual permitió formar los dos ejércitos consulares bajo mando respectivo de Graco y Fabio Máximo que operaron esa campaña de 215 a.C. Esto permite deducir con un razonable grado de certeza que los ejércitos principales romanos en esa campaña estaban integrados por unos 24.000 infantes y unos 1.500 jinetes, en los cuales la proporción romanos/itálicos era de 1:2.

Sin embargo, al comienzo de la campaña de 207 a.C. conocemos que de la unión de los dos ejércitos consulares de 208 a.C. (uno de los cuales era este de Marcelo y el otro el de su colega de consulado Crispino), el nuevo cónsul Cayo Claudio Nerón sacó un superejército consular de 40.000 soldados y 2.500 jinetes y otro ejército de dos legiones para el procónsul Quinto Fulvio Flaco (Livio, AUC, XXVII, 36, 13 y XXVII, 40, 14). Este último contingente debía contar, como mínimo, con un volumen de tropas igual a los 18.000 de un ejército de un pretor con dos legiones, sus alae asociadas y la caballería, que conocemos del ejército derrotado en la 1ª Batalla de Herdonea en 212 a.C. (Livio, AUC, XXV, 21, 10). En estos ejércitos de pretores solía existír paridad en los efectivos de la infantería itálica y romana. Durante toda la guerra no hubo ninguno de estos ejércitos secundarios con un volumen de caballería de 2.000 jinetes, lo que descarta que la infantería total de las legiones de ese ejército fuese de 16.000 soldados (y por tanto 4.000 hombres por legión/alae). Este detalle apunta entonces a que estaban constituidos por legiones de 4.200 integrantes que elevarían el total de infantería de uno de estos ejércitos a 16.800 hombres y el de caballería a 1.200 jinetes, cifra más ajustada a los contingentes de caballería conocidos de un ejército de un pretor.

Sumando ambos ejércitos (el de Nerón y el de Flaco de 207 a.C.) obtendríamos un mínimo de 56.800 infantes y 3.700 jinetes como integrantes de los ejércitos consulares del año anterior de los cuales provenían, lo que arroja una media para cada uno de ellos de 28.400 infantes y 1.850 jinetes para los ejércitos consulares de 208 a.C. Estas cifras hacen recordar a las de los ejércitos consulares previos a Cannas que tenían 30.000 infantes. ¿En qué momento entre 215 a.C. y 207 a.C. se incrementó el volumen de tropas de los ejércitos consulares? La respuesta la obtenemos analizando lo sucedido en los años 209 a.C. y 208 a.C. con uno de los dos ejércitos consulares participantes en esas campañas. El ejército consular de Quinto Fulvio Flaco operó en 209 a.C. con éxito entre el Samnio y Lucania consiguiendo la rendición de una serie de poblaciones de esta zona en manos púnicas, las cuales se entregaron sin lucha aparente recibiendo por ello un trato benévolo (Livio, AUC, XXVII, 15, 2). Sin embargo, este mismo ejército al año siguiente -208 a.C.- teniendo como cónsul al mando al recién elegido Tito Quincio Crispino, recibió un refuerzo de tropas (Livio, AUC, XXVII, 25, 6). Este refuerzo se refrenda con la autorización dada a los cónsules ese año de 208 a.C. para reclutar tropas complementarias donde fuese necesario (Livio, AUC, XXVII, 22, 11). La apariencia muestra un ejército que sin haber combatido y por tanto sin tener bajas, fue reforzado al año siguiente. Habría sido pues en 208 a.C. cuando estos ejércitos consulares recuperaron el volumen de tropas anterior a Cannas. Pero, ¿hubo algún otro incremento en los ejércitos consulares en el período comprendido entre 215 a.C. y 208 a.C.? En 212 a.C. hemos encontrado la evidencia de la composición de un ejército de un pretor con legiones de 4.200 integrantes. Si los ejércitos de los pretores incrementaron el número de miembros por legión de 4.000 a 4.200, en los ejércitos consulares debió suceder algo parecido. Esto significa que manteniendo la proporción 1:2 entre romanos e itálicos, su composición debió quedar fijada en unos 8.400:16.800 infantes y 600:1200 jinetes, o sea un total de 25.200 infantes y 1.800 jinetes. Este incremento tuvo lugar en el periodo comprendido entre 214 y 212 a.C. Previsiblemente pudo ocurrir en 214 a.C. cuando se enrolaron seis legiones nuevas (Livio, AUC, XXIV, 11, 4) y se alistó marinería con aportaciones particulares (Livio, AUC, XXIV, 11, 7). El año anterior -215 a.C.- los romanos no habían encajado ninguna derrota y en el período 214-213 a.C. sólo tuvieron el revés militar del contingente aliado del ejército de Graco mandado por el prefecto Pomponio Veyentano, atacado durante una misión de saqueo en el otoño de 214 a.C. (Livio, AUC, XXIV, 20, 2 y XXV, 1, 3-4), todo lo cual debió constituir un respiro en la sangría humana de los tres primeros años de guerra y una mayor disponibilidad de censo del que reclutar.

Pero en el mismo 210 a.C. hay una mención a la existencia de una legión de 5.000 hombres en el ejército que el procónsul Quinto Fulvio Flaco retuvo en Capua (Livio, AUC, XXVI, 28, 6-9). Pero, ¿era esta legión representativa del resto de legiones o respondía a una particularidad? El ejército de Flaco era el único descrito por Livio en su composición exacta de todos los de ese año, lo cual pudiera indicar su carácter de excepcional. Además fue producto de la reducción del ejército del procónsul existente del año anterior durante el cerco de Capua, no de la formación desde cero de uno nuevo. Los romanos llegaron a contar en este territorio durante 211 a.C. con hasta tres ejércitos. Aparte del desgaste sufrido en combate durante la campaña por estos tres ejércitos (en el combate por la fortificación de Caiatia, en la 2ª batalla de Capua y en el ataque nocturno al campamento romano durante la persecución del ejército de Aníbal tras su aproximación a Roma), tras la caída de la capital campana una parte importante de estos efectivos fue enviada a Hispania por lo que de la amalgama de efectivos restantes fue de donde se decidió sacar esa solitaria legión reforzada de 5.000 hombres junto a un también anómalo contingente aliado de 7.000 soldados, licenciando a los más veteranos del resto. Es por ello muy probable que este ejército que quedó en Campania para la campaña de 210 a.C. fuese en cierto modo único y el número de sus integrantes no extrapolable al resto de ejércitos en liza.

Por estos motivos es más probable que los ejércitos principales en 210 a.C. contasen con legiones de 4.200 hombres y totalizasen 27.000 hombres (25.200 infantes y 1.800 jinetes). Los siguientes análisis se basan en este cálculo.

Movimientos previos a la batalla

Prosiguiendo con la información deducida de la 2ª batalla de Herdonea, cabe inferir que aparte de los que escaparon al desastre, los muertos en dicho enfrentamiento no pudieron ser la totalidad del resto de miembros del ejército del procónsul, pues debió haber desertores y prisioneros. Por ello y dada la estimación del total de tropas de ese ejército en 27.000 hombres, los 4.344 huidos y reintegrados a sus filas, serían cerca del 16% del total, porcentaje parecido al de los que hicieron lo mismo tras la batalla de Cannas. En dicha batalla los que consiguieron escapar y los apresados por Aníbal eran porcentualmente similares. Esta 2ª batalla de Herdonea fue en cierto modo parecida (el número de tribunos muertos y el gran duelo en Roma -Livio, AUC, XXVII, 2, 3- son indicativos), por lo que suponer un porcentaje parejo de prisioneros probablemente no dista mucho de la realidad. Si además tenemos en cuenta que debió haber desertores, éstos, junto a los apresados, pudieron rondar los 5.500 hombres, por lo que las bajas mortales serían con más probabilidad los 17.000 del margen superior que da Paulo Orosio.

Aníbal, sabedor de que pese a su éxito se enfrentaba a la imposibilidad de defender una ciudad situada muy al norte sin desatender otros frentes, además de la certeza de que un sector de la ciudad trataba con los romanos y era solo cuestión de tiempo que la traición se consumase (Livio, AUC, XXVII, 1, 14), decidió poner en marcha su plan y movió su población a Turios y Metaponto, distante esta última unos 190 km, procediendo a incendiarla, al tiempo que ajusticiaba a los traidores. Enterado Marcelo de lo sucedido en Herdonea, envió una carta al Senado informando que borraría la afrenta sufrida (Livio, AUC, XXVII, 2, 1-2).

Surge la duda del siguiente movimiento de Aníbal tras esta segunda batalla de Herdonea. Entre la misma y la toma de Tarento durante el año 209 a.C., Apiano (Guerra de Aníbal, 49) sitúa la campaña de saqueo contra las posesiones de sus antiguos aliados campanos. Estos eran los habitantes de Capua, los de Calatia, Atella y territorio sabatino (en torno a la ciudad de Abellinum junto al río Sábato). Aunque los atelanos se dice que no se entregaron a los romanos y procedieran a evacuar su población hacia Turios, hay constancia de que a comienzos del consulado de 210 a.C., cuando se discute en el Senado que hacer con Campania, son citados como otros de los rendidos (Livio, AUC, XXVI, 34, 5). Esto lleva a pensar que la evacuación de una parte de su población tuvo lugar antes de acabar el consulado de 211 a.C. Por otra parte conocemos que ese año 211 a.C. Aníbal no retornó a Campania, y por la reconstrucción de los hechos aquí realizada, que la segunda batalla de Herdonea fue hacia final de verano de 210 a.C. ¿Pudo ser esta campaña de saqueo durante el otoño del año 210 a.C. antes del encuentro con Marcelo en Numistro?  ¿O acaso se corresponde con la campaña de saqueo del año 209 a.C. por la que piden responsabilidaes a Marcelo (Livio, AUC, XXVII, 20, 10)? Del relato de Livio la apariencia es que el general romano, inmediatamente después de enterarse del golpe sufrido, recoge a los supervivientes y se pone en camino a interceptar a los púnicos. Los no menos de 100 km de Herdonea a la zona del Samnio donde operaba Marcelo difícilmente se recorrían en menos de cinco días por los supervivientes del ejército romano. Los cartagineses debieron evacuar a los civiles, lo que dado su punto de destino en Metaponto requería pasar en el camino por las cercanías de la colonia romana de Venusia. La distancia entre Herdonea y Metaponto en una ruta que pase por Strapellum y se adentre en Lucania igualmente no baja de 188 km. Strapellum sería el punto de dicho trayecto más cercano a Venusia. Allí, según la leyenda, acamparon en el llamado robledal de Aníbal (Querce di Annibale). Este hecho habría sido previo al encuentro con Marcelo en Numistro en 210 a.C. Desde este punto probablemente vigiló los movimientos de los romanos de la cercana colonia romana mientras los habitantes de Herdonea transitaban con rumbo a Metaponto. Entre Strapellum y Herdonea hay unos 50km. El tiempo necesario para organizar la travesía sumado al ritmo lento que posiblemente debieron llevar por ir con civiles, hace que difícilmente antes de dos semanas pudiese estar en dicho punto desde que se produjo el combate en Herdonea. Una vez estos superasen esa zona de peligro potencial acompañados probablemente por caballería púnica, esta retornaría con el general cartaginés quien reanudaría su marcha desde Strapellum hacia el interior de Lucania. Este recorrido debió situarle en Numistro en torno a la primera semana de octubre. Este detalle dibuja la posible ruta que seguía Aníbal para ir del norte de Apulia al Brucio. Desde Numistro y siguiendo el curso del actual río Melandro, confluiría en el río Tanagro desde donde por su valle llegaría a las proximidades de Grumentum. Y desde esta comarca lucana prosiguiendo hacia el suroeste alcanzaría el territorio de sus aliados brucios. Este camino, en su tramo junto al río Tanagro, coincide con la posterior Vía Popilia.

Ruta Apulia Brucio por norte Lucania

Ruta de Apulia al Brucio a través del norte de Lucania

En Lucania, durante 212 a.C., tras matar en emboscada a Graco y desertar su ejército de esclavos, el general cartaginés aniquiló al ejército de Pénula junto al río Silaro, logrando controlar de este modo buena parte de este territorio al norte de Lucania, en especial las zonas linderas con Campania y los Hirpinos.

En el Samnio mientras, el cónsul Marcelo debió esperar la llegada de los restos del ejército de Centúmalo tras lo que puso a sus hombres en marcha buscando a Aníbal, logrando darle alcance en Numistro. Desde la ubicación supuesta de Meles en la actual Molise, la distancia hasta la localidad lucana pasando por Beneventum era de unos 147 km, recorrible en una semana. Por tanto, su estancia en el Samnio duraría hasta entrada la segunda mitad de septiembre.

Cuando el cónsul romano llegó a Numistro, confiado en sus posibilidades acampó en un llano junto a la ciudad, mientras su oponente gozaba de la seguridad de una elevación como lugar de acampada.

La trascendencia del enfrentamiento era máxima. En esos momentos, después de la destrucción del ejército de Centúmalo, los romanos contaban al sur de Roma únicamente con el ejército consular de Marcelo y el ejército reducido de una legión y un alae presente como fuerza de ocupación en Campania. Este último, por motivos obvios, estaba aferrado al territorio casi terminado de reconquistar el año anterior y moverlo hubiese supuesto alimentar nuevamente la llama de la desafección en esa región. Una derrota y aniquilación del ejército de Marcelo podía suponer que todo el sur italiano quedase a merced de Aníbal y que la rebelión se reavivara en un momento en que Roma se encontraba materialmente exhausta. Sin duda los riesgos que asumía Marcelo eran muchos. Y las posibilidades que se le abrían a Aníbal también eran lo suficientemente tentadoras como para medirse a un ejército consular. A ello había que sumar que las fuerzas de Aníbal acababan de mantener una batalla campal en la que aunque hubiesen salido claramente victoriosos, habían acumulado algún desgaste. Los heridos más graves serían evacuados a Metaponto junto a los habitantes de Herdonea, lo que unido a los muertos suponía una merma en el ejército con el que había iniciado la campaña. También Marcelo venía de tomar al asalto dos localidades, de las que al menos una tenía una fuerte guarnición cartaginesa, por lo que también es coherente deducir que su ejército contaba con bajas, a lo que debió unirse que tuviera que dejar guarniciones en las recién capturadas ciudades. Los 4.500 supervivientes de Herdonea llegaron hasta donde se encontraba Marcelo, pero es una incógnita si mal armados como iban, algunos heridos y desmoralizados por la derrota, fueron incorporados al ejército del cónsul o por el contrario se les dejó en el Samnio. Dado el precedente de tratar a los soldados que sobrevivían a un desastre militar como apestados que eran trasladados a Sicilia al inicio de la siguiente campaña (como de hecho estos lo fueron), parece verosímil que estos soldados, en su mayoría aliados itálicos (Livio, AUC, XXVII, 9, 1), no participasen más del resto de campaña.

El campo de batalla

Un importante factor a considerar es el campo de batalla. La ubicación exacta de Numistro no es conocida con certeza, habiendo aparecido una inscripción en la Raia San Basilio que situaba allí la localidad en el siglo III a.C. además de restos arqueológicos de fortificaciones en esta ubicación y las colinas colindantes. Tradicionalmente ha sido aceptada la zona alrededor del actual Muro Lucano como el emplazamiento de la antigua Numistro. Su localización en Lucania es señalada por dos autores (Plinio, Historia Natural, III, 11, 98 y Livio, AUC, XXVII, 2, 4) pero otro la ubica en el Brucio (Ptolomeo, Geografía, 3, 1, 65). La zona se ubica en el escenario de las guerras pírricas (años 280-275 a.C.) por lo cual es probable que debido a las mismas fuese destruida o deshabitada. Posteriormente la zona resultó afectada por importantes terremotos a finales de los siglos XVII y XX, lo que hace posible que la sismicidad del área ya ocasionase otros temblores fuertes en el pasado en fechas cercanas a los hechos analizados que pudiesen provocar la ruina de la localidad. Aparte de la incertidumbre de si realmente la Numistro de la batalla se corresponde con los restos arqueológicos hallados en Raia San Basilio, es necesario acudir a otros factores que se deducen de los relatos de Livio, Plutarco y Frontino, referidos al campo de batalla y la posición relativa de algunos elementos.

El primer factor es la existencia de formas abruptas en uno de los flancos del ejército cartaginés (Frontino, Estratagemas, II, II, 6).

El segundo punto a considerar es que los romanos acampan en un llano y este además es visible desde el campamento púnico que se encontraba en una elevación (Livio, AUC, XVII, 2, 4)

El tercer aspecto es que la localidad de Numistro estaba a la izquierda de la formación romana en la batalla y el ala derecha cartaginesa sobre una colina (Livio, AUC, XXVII, 2, 5).

El cuarto elemento de análisis es que no se menciona la existencia de ningún cauce con agua.

El quinto factor es que los romanos alinean en primera línea una legión y un alae aliada (Livio, AUC, XXVII, 2, 6).

La sexta referencia a contemplar es que el ejército cartaginés estaba en posiciones más elevadas que el romano y bajó para combatirlo (Plutarco, “Vida de Marcelo”, 24).

El séptimo elemento de juicio es la ausencia de alusiones a la participación de caballería.

El octavo aspecto es la orientación respecto el sol.

Por último el análisis de los movimientos de los ejércitos después de la batalla.

Para apoyar las descripciones se adjunta una perspectiva del área. En la misma se aprecian cuatro zonas que se han designado con los números 1 a 4, en torno a la Raia San Basilio.

Área Muro Lucano - Raia San Basilio

Perspectiva del área Muro Lucano – Raia San Basilio

El trabajo de campo desarrollado por la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma junto al Centro Andaluz de Arqueología  Ibérica de la Universidad de Jaén y la Scuola di Specializzazione per i Beni Archeologici di Matera en la campaña de excavaciones de 2011 realizadas en el área designada en la perspectiva como número 1, prácticamente descartó la posibilidad de que la batalla tuviese lugar allí por no haberse hallado nada reseñable asociable a la misma. Este área constituía el sitio donde Buck situó la batalla (Buck, The ancient roads of Northwestern Lucania and the battle of Numistro). En la misma campaña de 2011 se localizó una hebilla en la ladera norte de la Raia San Basilio, que corresponde con el área número 2 de la perspectiva y se proponía intensificar en la siguiente campaña las prospecciones en la primera terraza de la margen izquierda del arroyo de Muro, el llamado Piano dei Pagani. Esta última zona es la número 4 de la perspectiva. 

La zona número 3 está en la margen izquierda del arroyo de Muro una vez ha recibido al arroyo de Bella. Su caudal es pues algo mayor aunque igualmente de fácil vadeo como se aprecia en la foto.

Vista arroyo Muro

Vista del arroyo de Muro en las cercanías de Raia San Basilio

La principal dificultad radica en que de la zona llana de la margen derecha del arroyo se pasa apenas se cruza, a una con las laderas prácticamente encima del cauce, cruzada a su vez por dos ramblas secas que desembocan en el arroyo de Muro.

Margen izquierda arroyo Muro tras uniónarroyo Bella

Margen izquierda del arroyo de Muro tras unírsele el arroyo de Bella

Esta zona de orografía ondulada se estabiliza en una meseta a aproximadamente 1 km del cauce y es difícil asimilarla a la descrita por Livio.

Volviendo al trabajo de las instituciones antes citadas, se ha ejecutado una segunda campaña en la primavera de 2012 en la que se han hallado evidencias arqueológicas vinculables a la batalla y se han planteado hipótesis de localización de elementos conocidos por las fuentes clásicas, presentándolos Juan Pedro Bellón en una ponencia el 19 de mayo de 2012 en el museo arqueológico de Muro Lucano.

Ignorando las conclusiones a que se ha llegado en la misma, procedemos al análisis de los nueve factores reseñados previamente.

Del primero de ellos sabemos la existencia en un flanco de una orografía con huecos y formas empinadas. Esto hace pensar en un barranco o precipicio, más que en una colina suave. Esta circunstancia se da enfrente del actual Muro Lucano y más suavizado en los terrenos que flanquean al arroyo de Bella. En mitad del Piano dei Pagani (zona 4) con dirección N-S aparece un cauce seco con márgenes no muy pronunciadas.

El segundo factor implica la existencia de un llano, circunstancia que se da en la ribera derecha del arroyo de Muro aguas abajo de su confluencia con el arroyo de Bella y en ambas márgenes, aguas arriba de dicha confluencia. El campamento cartaginés debiera estar en una colina no muy alejada de ese llano, desde la cual existiese visión directa de la posición romana y que además permitiese bajar a sus tropas para combatir contra las enemigas en condiciones de seguridad, conforme al último de los condicionantes comentados.

El tercer punto supone que la formación inicial romana estaba a la altura de la población (que quedaba a su izquierda), pero el ala equivalente de los púnicos debía estar más alejada de la localidad y además sobreelevada, lo que indica que el resto de la formación cartaginesa debía estar más nivelada y sin esa ventaja orográfica. Adicionalmente, y conforme al punto sexto, esta ubicación del despliegue africano debía estar situada más abajo de su campamento y además, por lógica, ser el sitio donde se combatió pues Aníbal contaba con una ventaja en uno de sus flancos que de acuerdo a Frontino sería decisivo en el desenlace del combate. Luego, después del despliegue inicial de ambos ejércitos en que forman sus líneas, parece evidente que los romanos debieron evolucionar para alcanzar el punto donde se posicionaron los púnicos, que sería donde se luchó.

La cuarta cuestión es la ausencia de menciones a la existencia de cauces con agua. El escenario en torno a Muro Lucano y Raia San Basilio es cruzado por varios arroyos, de los que los principales son el de Muro y el de Bella. El hecho de que se cuente la existencia de una colina o de cuevas y formas empinadas como elementos decisivos presentes en los flancos del escenario de la batalla y no la de arroyos, hace perder posibilidades al llano y colinas en torno a la Raia de San Basilio como lugar exacto del enfrentamiento pues en este área al arroyo de Muro ya se ha unido el arroyo de Bella, por lo que su caudal es mayor y además por espacio disponible (el llano en la margen derecha del arroyo tiene sólamente entre 600 y 900 metros de anchura), estaría adyacente al flanco del combate, cosa que no se cita en ningún momento por las fuentes clásicas. Esto hace pensar en que la escena del combate no era inmediatamente contigua a un cauce, por muy vadeable que sea este.

El quinto punto nos da la disposición de batalla del ejército romano, lo que permite hacernos una idea del espacio mínimo necesario para su despliegue. De acuerdo a la composición expuesta de un ejército consular en 210 a.C. y la posibilidad de que los huidos de la 2ª batalla de Herdonea no acompañasen al ejército de Marcelo, este ejército contaría con unos 25.200 infantes y 1.800 jinetes. Las posibles bajas de la campaña en el Samnio podrían disminuir algo esta cantidad al igual que la guarnición que quedase en el campamento durante la batalla. Es importante notar que los romanos solían combatir con la formación triple acies. Esto significa que a una primera línea de hastatii seguía otra de princeps que precedía a una última de triarii. Por delante de todos ellos actuarían los velites como hostigadores o en combinación con la caballería en las alas. Las tres líneas regulares formaban en manípulos, que constituían la unidad táctica de la legión. Estos se encontraban formados por dos centurias de sesenta hombres que totalizaban ciento veinte infantes excepto los manípulos de triarii que contaban con la mitad de componentes que los de hastatii y princeps. Las legiones analizadas de los ejércitos consulares de 210 a.C. estarían formadas por 4.200 soldados que incluirían diez manípulos de hastatii, diez de princeps y diez de triarii (con la mitad de hombres). Esos diez manípulos de cada línea posicionados de manera contigua darían el ancho total de la formación. El despliegue de un manípulo podía hacerse formando una figura de doce hombres al frente y diez en profundidad o bien ganando anchura y disminuyendo fondo en un rectángulo de veinticuatro infantes al frente por cinco en profundidad. Un despliegue compacto se justifica en combates donde se pretenda ganar en empuje frente a capacidad de flanqueo. Para un escenario donde las legiones ascendían cuesta arriba hacia un enemigo que se encontraba parcialmente situado en una ladera, parece más adecuada para soportar el empuje de los rivales que vienen de una posición más alta y por tanto poseen mayor energía para el choque. Aunque el relevo entre unidades de la legión y entre líneas es un tema que suscita debates entre los estudiosos, damos por supuesto que un manípulo de una línea atrasada relevaba por completo a uno de una adelantada. Adicionalmente a la legión colocada en vanguardia, se alineó en primera línea un alae sociorum. Estas alaes incluyendo a los extraordinarii, en la época de la segunda guerra púnica duplicaban en número de efectivos los de las legiones en los ejércitos consulares, suponiéndoseles una composición similar en los tipos de tropa, aunque agrupadas en cohortes (que suponemos iguales a los de la época tardorrepublicana que equivalían a cinco manípulos). Esto significa que la primera línea romana en Numistro estaba formada por diez manípulos de la legión y cuatro cohortes (equivalentes a veinte manípulos) del alae. En un esquema de manípulo desplegado formando un cuadrilátero de doce por diez, la totalidad de la primera línea de Marcelo comprendería unos 360 infantes a lo largo por 10 en profundidad. Dado que se estima que un legionario luchaba en un espacio de 1,80 metros que podía reducirse a 0,90 metros cuando lo hacía en orden cerrado, esos treinta manípulos de la primera línea (la de hastatii), se extenderían en un frente de entre 648 y 324 metros de anchura con una profundidad de nueve a dieciocho metros. La implicación de esto en el campo de batalla es la necesidad de una anchura mínima del mismo de 324 metros. Pero dado lo desigual del terreno y la dificultad por tanto de mantener un orden cerrado, muy posiblemente los espacios necesarios para la lucha estaban en un intervalo mayor a 0,90 metros por legionario, lo que supone que la anchura total del frente se debió mover en un rango intermedio entre los 324 y los 648 metros.

Despliegue legión manipular y alae sociorum

Despliegue de una legión manipular y un alae sociorum de un ejército consular del año 210 a.C.

No obstante, es importante reseñar que en la antigüedad, contrariamente a concepciones ya superadas, los combates no se mantenían normalmente por la totalidad de la línea ni de modo continuo. Había pausas y relevos, saliendo subunidades del grueso de su línea para entablar combate durante no mucho más de veinte minutos para no agotarse, tras los cuales eran sustituidos o replegaban junto al resto de la línea. Pero aunque la lucha fuese ejecutada por una parte de las tropas, la disposición de la línea sí se solía adoptar desde el comienzo de la refriega y era a partir de esta desde la que se desprendían las subunidades que tomaban la iniciativa.

El sexto punto orienta sobre las posiciones relativas de ambos contendientes durante la batalla con los cartagineses por encima de sus oponentes. Además implica una separación entre la zona del combate y el campamento cartaginés al tener que desplazarse hacia abajo estos últimos para iniciarlo.

El séptimo factor, la falta de alusiones al empleo de caballería, redunda en la idea de un combate a media ladera donde las posibilidades y ventajas de los jinetes se minimizan, lo que haría poco útil su concurso y por tanto su mención por las fuentes, aunque no podemos olvidar que la ausencia de evidencia no significa evidencia de ausencia.

El octavo elemento sería la ubicación respecto al sol. Un ejército que mirara al sur tendría el sol de cara durante toda la batalla, mientras que uno orientado al norte contaría con él a la espalda. El ejército que progresara hacia arriba debería mirar frecuentemente al cielo pudiendo ser deslumbrado por el sol en función de su posición pero uno que lo hiciera cuesta abajo podría minimizar este efecto. Dada la larga duración de este combate y que el ocaso del sol fue el factor que puso fin al mismo (Livio, AUC, XXVII, 2 8-9), es complicado que un bando se posicionase de tal modo que tuviese el sol de cara de modo permanente.

El último factor, la ruta de salida del área de cada ejército tras la batalla nos permite intuir la posición relativa de los campamentos de ambos contendientes. Los cartagineses abandonaron el área los primeros con dirección a Venusia, situada al NE de Numistro. Para poder hacer esto sin pasar por delante de las posiciones de los romanos, debieran tener situado su campamento al norte del escenario, mientras que el de los romanos se ubicaría al sur del mismo. No es imposible que las posiciones fuesen otras y los púnicos dieran un rodeo para dirigirse al NE, pero las posibilidades de ser interceptados aumentarían si no empleaban la ruta más corta.

De la observación de la orografía de la zona de Muro Lucano y Raia San Basilio para encontrar el lugar que aúne todas estas características narradas en las fuentes, el sitio que mejor se adapta es la zona situada al Este de Muro Lucano que hemos numerado como 4 en la anterior perspectiva de la zona. Se trata de un área sensiblemente trapezoidal de unos 2,4 km de anchura máxima por entre 2,4 y 3,3 km de profundidad. En su lado Oeste-Sur linda con un cauce de agua, el arroyo de Muro, muy cerca de cuya ribera sur hay unas colinas de elevada pendiente. Por el lateral Sur-Este está limitada por unas suaves lomas que lo flanquean en cuya ladera Este está el arroyo de Bella. El lateral Oeste-Norte presenta una cota creciente hacia el Norte y linda en toda su longitud con un abrupto barranco que forma un cañón por donde discurre el mismo cauce que limita el lado Oeste-Sur. Al otro lado del cauce hay una ladera escarpada donde asienta la actual ciudad de Muro Lucano. Por su parte Norte-Este se prolonga la cumbrera de las colinas que existían en el lado Sur-Este que van ganando altura hasta su extremo más al norte donde se interrumpe por la presencia de una montaña de elevada pendiente. La parte más próxima al lateral Oeste-Sur, es una planicie que se encuentra a una altitud de 375 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.) con un desarrollo constante de aproximadamente 2,4 km de longitud por 600-800 metros de anchura, mientras que en su lado opuesto (Norte-Este) se alcanza un cota máxima de 700 m.s.n.m.

Perspectiva escenario batalla

Perspectiva general del escenario de la batalla

Vista área combate

Otra vista del área donde se desarrolló el combate

Existe una pendiente creciente de aproximadamente un 10% de Suroeste hacia el Noreste (zona con flechas) que se desarrolla en todo el ancho del área, cruzada por una rambla con dirección Norte-Sur cuyas márgenes son de pendiente suave. En ambas riberas del arroyo de Muro aparece rayada la zona sensiblemente plana.

Orografía zona batalla Numistro

Mapa con la orografía de la zona donde tuvo lugar la batalla de Numistro

La primera consecuencia que se deduce de todo esto es que el bando situado al Sur debía progresar en contrapendiente, mientras que el ubicado más al Norte lo haría a favor de la misma. La segunda consecuencia de un campo de batalla con esta configuración es que la caballería no tenía margen de actuación por la escasez de espacio para la maniobra. Dada la magnitud de efectivos de los ejércitos en liza, por fuerza sólo podía darse una batalla de desgaste.

Los tres autores clásicos que han tratado el combate y han llegado hasta nuestro tiempo son Livio, Plutarco y Frontino y en ellos me baso para el relato e interpretación del mismo.

De acuerdo a Tito Livio, Marcelo situó su campamento en un llano, lo cual dado el escenario comentado y la proximidad de un cauce, nos lleva a ubicarlo en la planicie atravesada por el arroyo de Muro, que hemos descrito en la zona Sur del área de combate. Es importante reseñar que para un ejército consular de unos 27.000 hombres un campamento difícilmente ocuparía una cuadrícula de menos de 350 x 350 m2.

Por su parte Aníbal había acampado en una colina. Por la escasa superficie disponible en la cresta de las lomas existentes para dar cabida a un campamento algo menor que el de sus oponentes y conocido el relato de la disposición en el área de combate de los ejércitos cuando inician la batalla, el campamento de Aníbal debiera estar en la zona Norte de la escena. Muy probablemente al pie de la eminencia dominante y próximo al torrente de Bella, de modo que se asegurase el suministro de agua.

Efectivos en liza

Los efectivos implicados por cada bando son desconocidos por fuente directa pero al igual que hemos hecho para el ejército romano, se puede llegar a una estimación con una fiabilidad razonable para el ejército cartaginés. El primer dato a considerar es la 2ª batalla de Herdonea, disputada unas semanas antes en Apulia por los púnicos. En ella se enfrentó a un ejército que tal y como se ha explicado aunque no era ya consular debió conservar la dimensión de uno principal. Esto significa que debía rondar los 25.200 infantes y 1.800 jinetes.

Aunque se afirma que en esta 2ª batalla de Herdonea los romanos no eran tan fuertes como los cartagineses (Livio, AUC, XXVII, 1, 7), parece una afirmación para justificar la derrota por negligencia del procónsul en lugar de por mérito del rival, pues de lo contrario habría sido una imprudencia que Centúmalo se enfrentase a sus enemigos en inferioridad numérica palpable. Aunque a Centúmalo se le había renovado el cargo por un solo año y por tanto debía estar deseoso de realizar una acción meritoria, no parece lógico que se lanzara a luchar con menos efectivos. La descripción de la batalla refleja un mayor desgaste romano en el combate de infantería pero sin perder el equilibrio (Livio, AUC, XXVII, 1, 10-11). El procónsul había situado la mitad de sus fuerzas en primera línea y la mitad en la segunda como reserva. Lo que descontando la guarnición dejada en el campamento podía suponer dos líneas de unos 12.000 infantes cada una (de los que 3.500 eran velites, lo que deja en unos 8.500 los infantes pesados por línea). La primera línea púnica debiera ser parecida a la romana en extensión y en profundidad pues no conocemos que en ningún momento tratasen de flanquearse una a otra. Su reserva en principio es desconocida, pero en buena lógica si los romanos no lanzaron su segunda línea sobre la primera púnica, sería porque esta reserva de los cartagineses debía ser suficientemente significativa como para no tomar riesgos. Una cifra de al menos 6.000 hombres puede ser suficiente para evitar maniobras de la infantería pesada de la segunda línea romana. Así pues, los cartagineses con unos 15.000 infantes pesados habrían podido enfrentarse al ejército de Centúmalo.

Los hostigadores púnicos (honderos y otros infantes ligeros), dado el antecedente de la batalla de Trebia (en que estaban en una proporción de dos por cada cinco pesados según Polibio -Historias, III, 72, 7-8), serían unos 6.000, suficientes para enfrentarse a sus oponentes romanos de su misma categoría (que rondarían los 7.200). Livio confirma en la batalla de Numistro la presencia de honderos baleares en su primera línea (AUC, XXVII, 2, 6). Estas tropas de hostigadores, entraron en la península itálica ocho años antes con el ejército que cruzó los Alpes. Esta de Numistro, es la última mención a su presencia en un ejército de Aníbal en Italia. Pareciera que este contingente, cuyas protecciones corporales en combate eran mínimas, tras ocho años de guerra y dieciséis batallas principales, también padeció el desgaste y su número debía haber bajado considerablemente.

En total, unos 21.000 infantes en el ejército cartaginés. Es difícil pensar que las tropas de Aníbal fuesen mucho más numerosas que esa cifra, pues difícilmente habría logrado atraer al combate a los romanos.

Polieno (Stratagemata, 6, 38, 7) cuenta que los tratos de Centúmalo con personalidades de la ciudad eran en realidad una trampa de Aníbal al procónsul, por lo que el combate entre niebla (Apiano, Guerra de Aníbal, 48) con un ataque simultáneo de la caballería púnica al campamento romano y a la legión que formaba en uno de los flancos de la segunda línea, que llevó al colapso del dispositivo enemigo, responderían a un plan perfectamente establecido.

Resulta evidente que la caballería cartaginesa era muy superior en número a la italorromana pues, pese a dividirse, fue capaz de atacar con éxito a la legión de retaguardia sin que los jinetes enemigos (que debían estar desplegados y rondar los 1.800 efectivos) pudieran detenerla. Además tuvo fuerzas para asediar con éxito el campamento romano que debiera contar con una guarnición que rondaría los 1.000 hombres, lo que hace necesario un número de atacantes bastante superior. Para la primera tarea, posiblemente necesitó el doble de jinetes que sus oponentes (unos 3.500). Mientras que el grupo que se lanzó contra el campamento fortificado, debía tener una entidad que pudiese imponerse a esos 1.000 defensores que pudieran quedar en él parapetados tras el foso y la empalizada. Un grupo de 2.000 jinetes adicionales es razonable para este cometido. Así pues, la caballería púnica debía rondar los 5.500 jinetes. Algo que además casa con el carácter eminentemente ligero del ejército con el que Aníbal vino desde el Brucio (Livio, AUC, XXVII, 1, 6). Así pues parece coherente que unos 21.000 infantes y 5.500 jinetes fuese el grueso de su contingente. Tras la batalla debió tener bajas en forma de muertos y heridos, pero después de evacuar Herdonea, debió de recuperar una guarnición importante que llevaba varios años resistiendo pese a haber un campamento romano en sus cercanías desde el final de 214 a.C. (Livio, AUC, XXIV, 20, 8). Así que de alguna manera, una batalla muy exitosa y probablemente con pocas bajas, que se vieron compensadas al incorporar los hombres con los que protegía Herdonea.

Por parte romana Marcelo se hizo cargo de un ejército de un pretor cuyos efectivos iniciales debían ser los 18.000 hombres de un ejército de esa categoría antes descrito. Pero como era costumbre, sus tropas debieron ser aumentadas hasta la dimensión de un ejército consular. Para ello muy probablemente debió tomar los extraordinarii del ejército del cónsul saliente Publio Sulpicio Galba el cual había tenido el año anterior en Apulia y este año era trasladado a la Galia bajo mando de un pretor. Tal y como hemos comentado, este ejército era relevado en el sur de Italia por el de Marcelo.

Del tamaño ya descrito de un ejército consular de 27.000 soldados, habría que descontar las bajas habidas en los dos asaltos ocurridos en la primera parte de la campaña (Meles y Maronea), que como no se mencionan en las fuentes no debieron ser cuantiosas por lo que Marcelo debía conservar no menos de 26.000 hombres. En el campamento romano debió quedar asimismo una guarnición potente, que evitase un golpe de mano como el vivido por el ejército de Centúmalo.

Duración del combate

La primera cuestión previa al desarrollo del combate es la duración del mismo. Livio aporta la clave para poder hacer una aproximación al tema al afirmar que la lucha duró desde la hora tercia hasta la noche. Los romanos no tenían un horario fijo del día, dividiendo el tiempo con luz en doce horas independientemente de la época del año en que estuvieran. Esto significa que en las estaciones con menos luz las horas eran más cortas. La reconstrucción de la campaña que hemos realizado sitúa la batalla en la primera quincena de octubre. En esa época del año y en la zona de la que hablamos, el sol sale aproximadamente a las 08:00 (hora local) y se esconde en torno a las 17:00, lo que supone unas nueve horas de luz real. Esto significa que las doce horas romanas serían en realidad de 45 minutos en un horario actual. Para el horario dado por Livio, la hora tercia sería alrededor de las 10:15. Hasta oscurecer hay algo menos de siete horas de combate, por lo que estamos ante una batalla de larga duración. El tiempo necesario en sacar a los hombres y colocarlos en posición en el campo de batalla debió llevarle cerca de una hora tanto a los romanos como a sus oponentes que reaccionaron rápidamente a la salida del campamento de sus enemigos (Livio, AUC, XXVII, 2, 5), por lo que previsiblemente sobre las 09:00 debió de iniciarse dicha salida del campamento.

Desarrollo de la batalla

El general romano situó en vanguardia a la I Legión y a su lado la Alae derecha aliada. Tras ellas, en segundo término estaban la III Legión y la Alae Izquierda. Este despliegue recuerda mucho al adoptado por Centúmalo en Herdonea, y dado que el número de efectivos totales de ese ejército y el de Marcelo debían ser muy parecidos por su caracter de principales, cabe pensar que análogamente a lo dicho para las dos líneas de las tropas del procónsul, las del cónsul estaban también compuestas por unos 12.000 hombres cada una, de los que unos 8.500 eran infantes pesados.

A la izquierda de la formación romana quedaba la población de Numistro. Aníbal aceptó el envite y posicionó a su primera línea en la que se encuadraban hispanos y baleares. Su ala derecha descansaba sobre una zona de orografía más escarpada. Para colocar a su infantería descendió desde la ubicación en que estaba su campamento.

Para entender los primeros choques la presencia en la primera línea cartaginesa de hispanos y baleares nos da un muy buen indicio de como pudieron suceder los hechos. Estando situados por encima de los romanos, el alcance de los proyectiles lanzados por los honderos se veía claramente favorecido, por lo que hasta que los manípulos de vanguardia enemigos contactaron con sus oponentes hispanos, soportaron una intensa lluvia de piedras, que debió continuar ya iniciado el combate de infantería sobre los sectores traseros de la línea romana, aunque ahora con los baleares lanzando desde una posición por detrás de su infantería pesada. Probablemente el hecho de ir cuesta arriba limitó el empleo de  la infantería ligera romana, los velites, al perder alcance sus armas arrojadizas frente a las que podían recibir de los púnicos, lo que unido a su escasa protección corporal haría poco aconsejable sobreexponerlos. Una vez los hastatii se enzarzaron con los hispanos el combate debió llegar a un punto de equilibrio, lo que provocó que Aníbal pusiese en juego los elefantes (Livio, AUC, XXVII, 2, 6).

Esta aparición de los paquidermos recuerda mucho a su empleo como elemento de ruptura de la línea enemiga cuando el combate de la infantería pesada ya está en marcha, algo documentado en la segunda guerra púnica tanto por el propio Aníbal (2ª batalla de Capua en 211 a.C. y Canusio en 209 a.C.) como por sus hermanos Asdrúbal (Metauro en 207 a.C.) y Magón (Territorio ínsubro en 203 a.C.). Los efectos de estas cargas a veces no eran los deseados si las bestias eran heridas o ahuyentadas, dando media vuelta y pisoteando sus propias filas. En este caso, viniendo de una cota más elevada que la que se encontraban los romanos, los estragos de la arremetida pudieron ser notables. Sin embargo no hay ninguna alusión directa a animales muertos o capturados. Aníbal recibió de Bomílcar cuarenta paquidermos en 215 a.C. (Livio, AUC, XXIII, 13, 7 y XXIII, 41, 10), que fueron empleados en no menos de ocho enfrentamientos en esos cinco años. A comienzos de la campaña del año anterior (211 a.C.) aún le restaban 33 ejemplares vivos (Livio, AUC, XXVI, 5, 4), si bien tanto en la 2ª batalla de Capua (Livio, AUC, XXVI, 5, 11 y XXVI, 6, 1) como en el asalto nocturno al campamento de Quinto Fulvio Flaco tras la expedición a Roma (Apiano, Guerra de Aníbal, 42), hay noticias de la pérdida de al menos tres ejemplares y heridas a varios más. Si parte de estos terminaron por morir, parece razonable suponer el número de estos animales antes de la batalla de Numistro en la horquilla de 25 a 30 unidades. Las cargas de elefantes aparecerían de nuevo mencionadas por Livio al año siguiente en la segunda de las batallas de Canusio donde caen cinco (Livio, AUC, XXVII, 14, 6 y XXVII, 14, 14), y son nombrados por última vez dentro del ejército de Aníbal en Italia en la batalla de Grumentum de 207 a.C. (Livio, AUC, XXVII, 42, 7) donde caen cuatro y se capturan dos. Marcelo, ya se había medido en tiempo reciente a ejércitos púnicos con elefantes (en Nola en 215 y 214 a.C. y en el río Himera en Sicilia en 211 a.C.). En la isla mediterránea capturó ocho ejemplares que hizo desfilar en Roma (Livio, XXVI, 21, 9). Por ello es lógico deducir que debía tener desarrolladas tácticas para encararlos con éxito. Livio cuenta que el combate continua incierto tras la participación de los elefantes y se prolonga en el tiempo, antes de que ninguna de las unidades de vanguardia sean relevadas. Esto significa que el ataque de estas bestias fracasó al no lograr romper la primera línea enemiga, que siguió luchando en sus posiciones pese a las bajas que pudiera haber encajado.

Por el bando romano, dada su estructura de combate en triple acies, los hastatii, princeps y tal vez triarii de la primera línea (formada por la legión I y el alae derecha aliada) debieron alternarse durante esta fase de modo que pudiesen hacer pausas de combate. Debido a lo prolongado de la lucha, las dos líneas enfrentadas bajaron la intensidad de la refriega por agotamiento lo que llevó a que Marcelo relevara a sus unidades de primera línea por las que tenía a retaguardia. La I Legión fue sustituida por la III Legión y el Alae Derecha por la Izquierda. Aunque los relevos de unidades en las batallas de la antigüedad es un tema de difícil explicación, una maniobra que implicaba la separación de las líneas enemigas, y el retroceso de las que habían estado combatiendo y el avance de las de retaguardia (involucrando en este caso a unos 8.500 infantes pesados por línea), debía suponer una pausa significativa. Aníbal aprovechó esta acción para realizar lo propio y dar entrada a tropas de refresco (Livio, AUC, XXVII, 2, 7).

Disposición inicial ejércitos

Disposición inicial de los ejércitos cartaginés y romano

Entonces se reanudó el enfrentamiento con la máxima intensidad, prolongándose hasta la llegada de la oscuridad. No hay detalles sobre que tropas situó Aníbal para reemplazar a hispanos y baleares, pero por lógica debieron ser infantes pesados en su mayor parte, lo que nos hace pensar en los galos y libiofenicios que pudieran sobrevivir a esas alturas de la guerra, más los itálicos que hubiera incorporado, que a esas alturas debieran ser de origen brucio y lucano pues del resto de aliados ya se habían perdido sus respectivos territorios. Dado que antes de empezar la batalla las horas restantes de luz eran conocidas, los comandantes ya deberían tener la posibilidad del relevo en mente, pues se tenía que saber perfectamente la máxima resistencia de un soldado, por lo que es muy posible que la sustitución se produjese más o menos a las tres horas del inicio. La misma pudo demorar unos 45 minutos, tras los cuales los hombres de refresco seguirían combatiendo por otras tres horas hasta la puesta de sol.

El resultado de la batalla

Dependiendo de la fuente histórica utilizada, vemos conclusiones diferentes sobre el ganador del combate. Frontino adjudica el triunfo a Aníbal, Livio afirma que acaba en tablas tras estar todo el día luchando y Plutarco que ninguno tiene éxito cierto o de importancia.

El primero de estos autores destaca en su relato que un flanco de Aníbal estaba protegido por huecos y laderas escarpadas (lo cual es coherente con el texto de Livio y la existencia de una elevación en el flanco derecho de los cartagineses), y que este factor es clave en su victoria. Aunque el desarrollo del combate no está claro por la parquedad de la exposición de Frontino, la calificación de Livio de que acaba en tablas tras estar todo el día luchando y la de Plutarco de no tener éxito cierto o de importancia, parecen apuntar a un combate de desgaste en que el ejército cartaginés, mejor posicionado, no pudo ser desalojado de sus puestos por el ejército que venía del llano, teniendo los romanos un número mayor de bajas, que sería el factor que inclinaría la balanza a favor de los púnicos para calificarlo como victoria suya. El resaltar la zona abrupta como clave del combate podría indicar que hacia allí se dirigió el esfuerzo romano resultando fallido, o bien que esta zona impidió su avance, debiendo lucharse en la zona llana adyacente, quizás más limitada en espacio, lo que tal vez pudo servir para que la infantería cartaginesa con menos efectivos, pudiese repeler a un mayor número de oponentes. En el primer caso, el sentido de atacar la posición más abrupta solo se explicaría si en ella o tras ella estuviese emplazado el campamento cartaginés. En ese caso dicho campamento estaría tras su flanco derecho, lo que lo emplazaría relativamente cerca de Numistro, por estar la población a la izquierda de la línea romana. Si por el contrario Frontino ensalza lo decisivo del flanco abrupto por haber impedido los combates (como unos años después pasara con la colina en que apoyaba el flanco izquierdo cartaginés en la batalla de Metauro), el protagonismo de la lucha pasa al tramo llano donde desplegó el resto de la infantería púnica y donde pudo tener lugar la carga de los elefantes.

Esta se produjo durante el choque entre las primeras lineas siendo el posterior relevo de estos infantes que iniciaron la lucha por cansancio, no por el efecto que esta carga pudiera causar. Además, dicho relevo de unidades en ambos bandos se produjo sin que se reseñe ninguna novedad tras lo cual la lucha se renovó, interrumpiéndose por falta de luz, no por ruptura del frente. Aparentemente no hubo un ganador claro al no conseguir ningún bando que el otro diera la espalda o se pusiera en fuga. Sin embargo, aparte de la cita de Frontino, hay otros elementos que permiten pensar que el bando cartaginés pudo llevar la mejor parte.

El primero de ellos es que en el bando romano hubo heridos en cantidad y gravedad suficiente como para dejarlos en la localidad de Numistro junto a una guardia (Livio, AUC, XXVII, 2, 10). Si Aníbal pudo emprender la marcha sin abandonar a su gente y Marcelo debió dejar a parte de los suyos, pareciera que los heridos romanos fueran más importantes y por ende que en el combate sufrieron la peor parte. Ese volumen de bajas significativo se refrenda cuando al día siguiente los romanos recogen los cadáveres propios y los queman tras apilarlos. El hecho de poder formar una pila funeraria ya es indicativo de que no debieron ser pocos los caídos.

Indirectamente esto quiere decir que la localidad era prorromana o bien no estaba habitada. Si habiendo llegado antes a la zona los cartagineses no la ocuparon, seguramente es porque tenía habitantes contrarios a ellos y además contaba con defensas que impidieron la ocupación, o bien que no contaba con dichas defensas, y que fuese afín a un bando o a otro, no era apto para acontonarse en ella. Dado que por los restos arqueológicos sí parece existir traza de fortificaciones, es improbable que de estar habitada fuese procartaginesa, pues no se explicaría que tras un combate no desfavorable a los púnicos, estos la abandonaran y dejaran en manos del ejército romano. Máxime cuando no hay menciones a evacuaciones de población al contrario que lo que ocurre en los casos de Herdonea y Atella. Por lo tanto, Numistro, o estaba deshabitada o era prorromana.

Si la victoria fuese clara para los cartagineses, estos habrían reiterado la batalla al día siguiente en un escenario que les había resultado propicio, como hicieran el año después en Canusio. El hecho de que rehúsen el combate al día siguiente y abandonen el área por la noche indica que ese escenario no había dado los resultados apetecidos, o lo había sido a costa de bajas propias por encima de lo esperado. La existencia de estas bajas cartaginesas son comentadas al tratar la retirada de despojos el día después de la batalla (Plutarco, Vida de Marcelo, 24).

Al contrario que en Canusio al año siguiente (Livio, AUC, XXVII, 14, 15), el ejército de Marcelo estaba en condiciones de iniciar la persecución de Aníbal inmediatamente después de que este abandonase el área con dirección a Venusia (Livio, AUC, XXVII, 2, 10-11), y no sólo eso, sino de mantener escaramuzas (Livio, AUC, XXVII, 2, 12) y proseguir tras sus pasos en Apulia el resto de la campaña hasta el invierno, impidiendo cualquier acción ofensiva de este. El cartaginés por su parte trataba de eludir la batalla (Livio, AUC, XXVII, 4, 1) o bien de emboscarlo en condiciones favorables, cosa que no logró (Plutarco, Vida de Marcelo, 24).

Por otro lado, de haber sido una batalla muy desfavorable a Marcelo, no parece muy coherente que tras las elecciones consulares se le hubiese prorrogado el mando como procónsul por un año (Livio, AUC, XXVII, 7, 8), pero por otro lado, si hubiese sido un éxito para él, habría sido reelegido cónsul, cosa que no ocurrió.

Por último, debemos acudir a la disputa que a finales del año 209 a.C. mantuvo Marcelo con el tribuno de la plebe Cayo Publicio Bíbulo. En la misma el tribuno se lamenta de lo ocurrido en Canusio por haberle prorrogado el mandato (Livio, AUC, XXVII, 21, 3). Si algo negativo no hubiese tenido lugar en dicho año anterior no parece muy lógico que el tribuno aludiese a este hecho. No obstante este episodio se enmarca dentro de la lucha por el mando entre los principales bandos del Senado, siendo el tribuno que ataca a Marcelo un demagogo (Plutarco, Vida de Marcelo, 27).

En resumen, todos estos hechos nos llevan a pensar que Numistro fue un combate de desgaste en el que los romanos tuvieron más bajas que sus rivales, pero del que los púnicos salieron con un desgaste suficientemente importante como para no repetir combate en dicho escenario.

Balance estratégico

Aparte de las conclusiones en el plano táctico el análisis se quedaría corto si no entráramos en las consecuencias estratégicas de esta batalla. Tras su éxito en Herdonea, Aníbal tenía una gran oportunidad de aniquilar el ejército consular de Marcelo, único ejército principal que tenían los romanos en el sur de Italia. De haberlo logrado se habría encontrado en unas circunstancias propicias para reconquistar el terreno perdido en los últimos dos años de guerra mientras los romanos trataban de reconstruir nuevamente su potencial. El hecho de no lograrlo y además llevarlo pegado el resto de la campaña le hizo perder la iniciativa y la posibilidad de explotar la victoria lograda ante Centúmalo.

Por parte romana, tras el varapalo que suponía perder un ejército principal en Herdonea, perder otro podría haber tenido consecuencias nefastas. No en vano a inicios del año siguiente se produjo la rebelión de doce de las treinta colonias que se negaron a aportar más soldados poniendo el reclutamiento en un serio riesgo (Livio, AUC, XXVII, 9, 7-14 y XXVII, 10, 10). De haber sucumbido Marcelo, la situación hubiese sido en cierto modo equiparable a Cannas. Roma se habría visto sin ejército que oponer a Aníbal y además con el 40% de sus colonias sin aportar soldados con los que reponerlos, a lo que había que añadir el control púnico de la mayor parte de Lucania, el Salentino, el Brucio y la Magna Grecia. Adicionalmente Roma estaba al borde del abismo económico recurriendo a los últimos fondos a su alcance (Livio, AUC, XXVII, 10, 11-13) después de que el año anterior se acudiese a un impuesto extraordinario para alistar remeros para la flota.

La prudencia habría aconsejado a Marcelo ser cauteloso y seguir las tácticas fabianas, pero en un acto de soberbia asumió el riesgo y con su acción en Numistro logró que los cartagineses perdieran la iniciativa de la campaña y desgastarles su ejército a cambio posiblemente de unas mayores bajas propias. Marcelo se veía a si mismo como el único general romano capaz de derrotar a Aníbal pues se había enfrentado a él en las tres batallas de Nola y en ningún caso el resultado le había resultado adverso, aunque hubiesen sido éxitos menores.

El general púnico pudo ejecutar su política de tierra quemada en el tiempo transcurrido entre la 2ª batalla de Herdonea y el combate de Numistro, pero a partir del mismo, sus movimientos se limitaron a evitar el combate con sus enemigos y buscar una emboscada que no pudo llevar a término pues ahora tenía enfrente a un mando competente al cual no era sencillo sorprender. El estrecho marcaje del ejército romano le privó de libertad de movimientos y la posibilidad de dar un golpe en otro escenario.

Por otro lado, con un menor territorio y número de localidades bajo su control e imposibilitado de saquear sin oposición por estar vigilado de cerca, su capacidad de avituallamiento y de reposición de bajas disminuía. En ese sentido las operaciones de hostigamiento posteriores a la batalla son un éxito romano (Livio, AUC, XXVII, 2, 11-12).

En el plano moral, tras una severa derrota, Roma veía que tenía un general capaz de enfrentar a Aníbal en batalla campal sin ser destruido y con capacidad de erosionarlo. No en vano, en la primera mitad de la campaña había conseguido reconquistar varias plazas en el norte de Apulia y Samnio, y en la segunda se había opuesto al general cartaginés al cual había marcado estrechamente con buen resultado tanto en batalla campal como en escaramuzas.

Pero viendo la escena de los hechos y corroborando que los cartagineses contaban con la mejor posición y que el campamento enemigo estaba en alto, es difícil pensar que los romanos creyeran que iban a una batalla de aniquilamiento de su oponente, por lo que parece que Marcelo buscaba desde el primer momento una batalla de desgaste y el prolongarla durante siete horas perseguía erosionar a su oponente, por mucho que sus bajas pudiesen ser superiores. Apunta también en ese sentido el hecho de volver a presentar batalla al día siguiente.

La campaña finaliza con los cartagineses desalojados completamente de Campania, el norte de Apulia y el Samnio. Los límites del dominio cartaginés se desplazaron a la zona lindera entre Lucania y los Hirpinos y el centro de Apulia. Aníbal trataba de crear una zona de nadie entre sus posesiones y las romanas, abandonando los puestos más avanzados y trasladando a las poblaciones aliadas más aisladas hacia el sur, quemando el territorio abandonado y arrasando el de los antiguos aliados que cambiaban de bando. Así lo hizo en Campania y el norte de Apulia. Pero esta política significaba un retroceso en toda regla y la pérdida de confianza de sus aliados que veían que incapaz de defenderlos los obligaba a destruir sus pueblos para acomodarse donde más útiles eran a la estrategia cartaginesa. Este retroceso se acentuaría al año siguiente.

Sucesos posteriores

Tras la batalla de Numistro, la campaña prosiguió en dirección a Venusia (Apulia), distante unos 38 km, con los romanos acosando al ejército cartaginés con escaramuzas (combate en el que toman un papel preponderante velites y caballería), de modo que no pudiese contar con libertad de acción, pero al mismo tiempo eludiendo enfrentamientos de envergadura, de modo que únicamente se libraron pequeños encuentros. Esto último puede ser indicativo de que el ejército de Marcelo hubiera tenido bajas suficientemente significativas (en especial en su infantería pesada) como para que perdiera la inicial superioridad numérica y temiese ser sorprendido por alguna estrategema en una batalla campal. Pero al mismo tiempo nos muestra a un ejército cartaginés que tampoco tiene interés en ir a ese tipo de batalla después de lo ocurrido en Numistro y busca las posibilidades de una emboscada. Tras las escaramuzas en Venusia la campaña prosiguió en Apulia. Aníbal trataba de abastecerse previo al invierno a costa de saquear las campiñas de las colonias romanas del área.

Las operaciones debieron continuar durante los siguientes tres meses hasta que Marcelo fue reclamado por el Senado para organizar las elecciones consulares, algo que debió ocurrir a mediados de enero (Livio, AUC, XXVII, 4, 1-2). Dada la intensidad en la persecución establecida y lo necesario de su mando al frente de sus tropas, Marcelo solicitó al Senado no tener que acudir a esta tarea, realizándolo finalmente su colega Levino. Pero su llegada a Roma desde Sicilia coincidió con la de una carta alarmista de su legado en la flota de la isla anunciando importantes preparativos bélicos en Cartago, por lo que el Senado decidió mandarle de retorno a la isla y que nombrase un Dictador a propuesta de la asamblea popular para organizar las elecciones. Debido a la disconformidad de Levino con el nombre propuesto por dicha asamblea, retorna a la isla sin realizar la designación, por lo que Marcelo es de nuevo llamado a Roma para que lleve a cabo el nombramiento del Dictador (Livio, AUC, XXVII, 5, 18). Esto último debió tener lugar entrado febrero.

En resumen, un combate que por no tener un resultado claro o contundente a favor de ninguno de los contendientes, ha pasado relativamente desapercibido dentro del contexto de la segunda guerra púnica, aunque enfrentase a los dos mejores generales de cada bando en ese momento, pero cuyo análisis arroja interesantes cuestiones sobre el modo en que debió desarrollarse y la importancia que de haber sido otro el desenlace, pudo haber tenido para reavivar la guerra en el sur de Italia .

Bibliografía y fuentes

Apiano, “Guerra de Aníbal”, 48, 2-9

Frontino, “Estratagemas”, II, II, 6

Tito Livio, “Ab Urbe Condita”, XXVII, 2 y s.s.

Plutarco, “Vida de Marcelo”, 24

Paulo Orosio, “Historia contra los paganos”, IV, 18

Zonaras, “Epitome Historion”, 9, 6-7

Plinio, “Historia Natural” III, 11, 98

Polieno, “Stratagemata”, 6, 38, 7

Polibio, “Historias”, III, 72, 7-8

“Estudio de los escenarios bélicos de Numistro y Grumentum: Numistro” – Informes y trabajos 7. Pág 216. Excavaciones en el exterior 2010, Juan Pedro Bellón Ruíz

“The ancient roads od northwestern Lucania and the battle of Numistro”, Robert J. Buck, 1981

“El combate en la Roma republicana: una aproximación a las características generales de la batalla antigua”, David Sierra Estornés

“El legionario romano en época de las Guerras Púnicas: Formas de combate individual, táctica de pequeñas unidades e influencias hispanas”, Fernando Quesada Sanz

Direzione Generale per la Antichità. Scavi. Muro Lucano (Potenza). Pagus di Numistro, Salvatore Pagliuca

Comuna de Rapolla

Google Earth

Google Maps

 * Mi agradecimiento a Mª Salud Baldrich por su traducción del griego

9 comentarios el “Batalla de Numistro

  1. Mr. Quiros dice:

    Magnífico relato de una batalla no muy conocida y explicada de manera intensa y magistral.
    Enhorabuena amigo.

    • marcelo dice:

      Muchas gracias por tus palabras. Debo aclarar que hay discusiones sobre la ubicación exacta de Numistro. Se encontró una inscripción en una colina denominada Raia de San Basilio, situada al Sur de donde se unen los dos ríos que hay dibujados (debajo de donde he puesto el campamento romano), donde habla de Numistro. Pero los restos arqueológicos ocupan una superficie mínima y bajo mi punto de vista es improbable que fuese un núcleo importante de población. El Numistro del mapa lo he situado sobre la localidad actual de Muro Lucano. Es una localidad antigua que algunos datan como del primer milenio debido a que se formó tras abandonarse la localidad previa existente debido a un terremoto. Es difícil de saber, pero bajo mi punto de vista, por criterios topográficos, la única ubicación coherente que veo en la zona que encaje con lo narrado por Livio y en menor medida por Frontino y Plutarco, es el escenario que he comentado.
      Un saludo

      • Mr. Quiros dice:

        Exacto y gracias por tu amable contestación, tal y como comentas, yo estoy también a favor del emplazamiento que nos citas, a la espera de que algún arqueólogo nos muestre otra ubicación o confirme esa. Livio nos muestra el emplazamiento, condicionado naturalmente a su época, pero resumiendo creo que es el que mejor nos lo cita. Lo he discutido con diversos colegas y todos hemos llegado a la misma conclusión o parecida. No desmerezco la opinión de otros compañeros que sitúan la batalla en otras zonas, pero por lo que he explicado, y mejor tu, en efecto creo que ese es el emplazamiento correcto. Y es que le doy mucha importancia a Tito Livio.
        Saludos cordiales.

  2. marcelo dice:

    Hola de nuevo Mr. Quirós:
    Hay gente de la Universidad de Jaén, de los que estuvieron en el proyecto Baecula, que están en Italia colaborando en una investigación al respecto. Ya veremos si consiguen encontrar alguna evidencia de los campamentos o restos de la batalla. Para mi un dato muy importante es el frente de batalla, y siendo más o menos conocida la estructura de la legión manipular, el número de soldados de un ejército consular, el número de legiones y alae situados en vanguardia y retaguardia y suponiendo que debieron luchar en orden cerrado, la cifra de 3 km de ancho de frente creo que es bastante razonable. Y campos de batalla con esa anchura en la zona no veo demasiados.
    Gracias por la consulta a tus colegas.
    ¿Podrías situar donde ubican ellos el escenario en el caso de los que discrepan de este?
    Un saludo

  3. Mr. Quiros dice:

    Estimado,
    Me alegro mucho de que la Univ. de Jaén sigan colaborando, me gusta, por la historia y por lo que representa.
    Mis colegas, que una vez iniciado el debate hace años, la mayoría se inclina por el lugar que citas, pues es el mas lógico; otros, como no podía ser de otra manera en los debates sobre la historia, no se ponen de auerdo entre ellos. Esperan hallazgos arqueológicos, algo que por otra parte esperamos todos. Consecuentemente ¡para que citar lugares si lo que esperan es eso!.
    Respecto al número de legionarios y aliados, el número lo citan Tito Livio y mejor Polibio que vivió en primera mano los acontecimientos, pues aunque griego, no debemos olvidar que estaba protegido por la familia de los Escipiones, ¿que exageró un poco?, lo dudo. Claro que Livio se sirvió de sus escritos y de otros para detallar su Historia de Roma y muy bien escrita, por cierto.
    Un saludo.

    P.D. No te quedes ahí y sigue ilustrando la Historia, ruego. A muchos nos interesa. Gracias.

    • marcelo dice:

      Hola de nuevo:
      Yo a Polibio lo cojo siempre con pinzas. Aunque el más cercano en el tiempo, probablemente no escribió sobre la segunda guerra púnica hasta un mínimo de 35 años después de sucedida esta. Y lo hizo al dictado de sus protectores, los Escipiones. Es un autor que no duda en borrar de la historia a personajes como Quinto Fulvio Flaco, quedando claro que lo hace por la enemistad que este tuvo con Escipión Africano. Igualmente ningunea a Marcelo al que tilda de mal jefe por tomar riesgos. Igualmente cuando describe los acontecimientos post-Cannas demuestra una pobre documentación al situar la muerte de Postumio Albino y la aniquilación de su ejército a los pocos días de sucedida Cannas, cuando en realidad fue no menos de 7 meses después. Y luego, y esto es una opinión personal mía basada principalmente en Livio y Apiano, su famosa cita de que en 216 los ejércitos consulares estaban formados por legiones de 5.000 hombres y alae sociorum de igual tamaño, creo que es igualmente equivocada. En mi opinión el refuerzo de los ejércitos romanos se produjo en 217. Y en los ejércitos consulares siempre había más aliados que romanos en las alae. Hay una mención de Livio a legiones de 6.200 hombres en el ejército de Escipión en Zama. E incluso al ejército que queda en Capua tras su conquista. Probablemente los romanos contaron con ejércitos A y ejércitos B durante la guerra. Los A debieron ser los consulares y alguno que excepcionalmente por su zona de despliegue debían tener legiones y alae reforzados (caso del que operó en España con el padre y el tío de Escipión Africano o el de Marcelo cuando actuaba de procónsul, o el que operó en el Salentino tras la reconquista de Tarento). Estos ejércitos A debieron tener legiones de 6.200 hombres y alaes de entre 7.500 a 8.000 infantes, mientras que los ejércitos B serían los de los pretores y alguno de los pertenecientes a procónsules, y sí responderían al estándar que cuenta Polibio de simetría entre legión y alae con unos 5.000 hombres por legión. De ese modo, pese a que nominalmente casi todos los ejércitos romanos tenían 2 legiones y dos alae, como describe Livio, en algunos casos su total era de 30.000 integrantes y en otros de en torno a 20.000. Pero aunque esto es cuestión de gustos, yo no soy especialmente creyente en Polibio. Tiene a mi juicio un servilismo hacia sus patronos que condiciona muchas cosas de las que cuenta y de las que no. Algunos errores de datación me hacen dudar de sus fuentes en algunos episodios. En Zama de nuevo omite nombres de personajes romanos que debieron estar como Termo o Cneo Octavio o incluso de otros príncipes númidas como Decamas.

    • marcelo dice:

      Hay novedades sobre el escenario de esta batalla:

      http://www.ujaen.es/centros/caai/noticias.html

      Comentan que en abril encontraron indicios asociables a la batalla los cuales habrían sido presentados al público el 19 de abril en el museo arqueológico de Muro Lucano. No explica si estos indicios son de tipo arqueológico o de que clase. Veamos en que queda la cosa y si es necesario que modifique el artículo.
      En la web del museo comentan que la conferencia fue el 19 de mayo:

      http://www.beniculturali.it/mibac/export/MiBAC/sito-MiBAC/Contenuti/MibacUnif/Eventi/visualizza_asset.html_2081249726.html

  4. Silverman dice:

    Enhorabuena por el artículo, un gran trabajo sobre una batalla poco conocida. Voy a seguir el blog con atención.

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