1ª batalla de Capua

Introdución

La deserción de Capua del lado romano tras la batalla de Cannas supuso un duro golpe para la República que veía de este modo como comenzaba a resquebrajarse parte de su alianza con otros pueblos itálicos. Tras dos años de guerra, Aníbal veía parcialmente cumplido uno de sus objetivos, apartar del lado de Roma a muchos pueblos que le suministraban hombres y avituallamientos con los cuales llevaba a cabo sus campañas y con los que lograba reponer las pérdidas que sus numerosos conflictos le inflingían. Dicha deserción fue seguida por otros muchos pueblos asentados en la península itálica. Recuperarla constituía un elemento clave en la estrategia de Roma que veía en dicha recuperación el mejor antídoto contra aquellos que estuviesen pensando en pasarse al bando púnico.

La campaña del año 212 a.C. constituye junto a la del año siguiente el punto de inflexión de la guerra por alcanzar las armas cartaginesas su máxima expansión en Italia, coincidente con su dominio del norte de África tras la victoria sobre el rebelde rey númida Sífax, y con la conquista de la mayor parte de la península ibérica tras aniquilar a los Escipiones, a lo que habría que sumar los avances de su aliado macedonio Filipo V en su ofensiva contra el protectorado romano de Iliria.

El análisis de las distintas fuentes históricas arroja importantes contradicciones para explicar dicha campaña de 212 a.C. en Italia y entender de modo cabal como sucedieron los acontecimientos.

El artículo profundiza en estos hechos y trata de dar una versión verosímil sobre como se desarrollaron, así como sobre los sucesos de dudosa credibilidad divulgados por alguna de estas fuentes.

Sucesos previos

La traición de Capua tras la batalla de Cannas fue simultánea a la de otros pueblos itálicos entre los que cabe citar a la mayor parte de los daunios, samnitas caudinos e hirpinos y brucios, así como algunos de los lucanos. En los años siguientes, conforme se iban produciendo acontecimientos en la guerra, las deserciones continuaron, estando protagonizadas por otros pueblos asentados en la península itálica o las islas de Cerdeña y Sicilia.

Roma era consciente de la importancia de parar el reguero de traiciones y por ello la reconquista de la principal ciudad desertora constituyó el objetivo militar prioritario. La afrenta por la actitud de Capua, cuyos habitantes ostentaban la ciudadanía romana (Livio, AUC, XXIII, 5, 9), fue mayor si cabe al venir precedida por una petición para mejorar su posición de poder dentro de la alianza con Roma, exigiendo la designación de uno de los dos cónsules (Livio, AUC, XXIII, 6, 6).

Estabilizada la contienda en Italia durante los dos años siguientes a Cannas, en 213 a.C., ayudado por el malestar ocasionado por el ajusticiamiento en Roma de los rehenes de las ciudades de Tarento y Turii tras un intento fallido de fuga (Livio, AUC, XXV, 7, 10-14), Aníbal consiguió desequilibrar de nuevo la situación al lograr al final de la campaña la conquista por traición de Tarento excepto su ciudadela (Livio, AUC, XXV, 8 a 11). Este importante hecho ponía a la principal ciudad griega en suelo itálico de su parte, lo que colocaba la fidelidad a Roma del resto de colonias helenas en suelo itálico en entredicho. Al mismo tiempo en la parte de Lucania prorromana surgió una rebelión (Apiano, Guerra de Aníbal, 36). E igualmente en Etruria debió haber algún tipo de revuelta que hizo necesario el envío de un ejército bajo mando de un pretor (Livio, AUC, XXV, 3, 2-4) a comienzos de 212 a.C. Sin embargo, Roma estaba decidida a reconquistar Capua, cabeza visible de las deserciones en Italia, y durante el nuevo consulado de 212 a.C. se fijó esta meta como objetivo principal de la campaña. Por su parte los cartagineses se centraron en la Magna Grecia como área principal de operaciones aprovechando que en esas zonas los romanos sólo contaban con una legión terrestre y una legión embarcada bajo mando del propretor Valerio Levino (Livio, AUC, XXIII, 32, 16; 38, 9; 48, 3; XXIV, 11, 3; 40, 5 y 44, 5), cuyos efectivos se dividían en guarniciones repartidas entre el protectorado de Iliria, el Salentino y las distintas ciudades griegas del área. Gracias a eso, en el medio año que siguió a la toma de Tarento, que abarca el invierno, primavera y principio de verano de 212 a.C., lograron la deserción de la casi totalidad de las colonias griegas en el sur de Italia, Metaponto (Livio, AUC, XXV, 15, 6 y Apiano, Guerra de Aníbal, 35), Turii (Livio, AUC, XXV, 15, 7-17 y Apiano, Guerra de Aníbal, 34) y Heraclea (Apiano, Guerra de Aníbal, 35). Durante la primavera los nuevos cónsules prepararon la logística de la campaña y se dispusieron a marchar a Campania con el fin de asediar Capua. La previsión de que algo así pudiera ocurrir hizo que los campanos pidiesen auxilio a Aníbal. Es en este punto donde las distintas fuentes históricas que nos han llegado difieren sobre lo acontecido durante los meses siguientes.

Livio, Apiano y Dion Casio-Zonaras, son los autores de los que poseemos una narración completa de la campaña. De Polibio, Diodoro Sículo, Valerio Máximo, Frontino, Orosio, Polieno, Cornelio Nepote y Silio Itálico sólo tenemos partes fragmentarias de su obra, versiones que profundizan en episodios muy concretos de la misma o sencillamente son poemas épicos de historicidad relativa. Esto hace necesaria una revisión crítica de los hechos a partir de todos los relatos disponibles.

El consulado de 213 a.C.

Los acontecimientos que se vivieron durante 212 a.C. son en algunos casos continuación o consecuencia de los acaecidos durante el año anterior, por lo que es necesario reconstruir dichos sucesos para comprenderlos. De un modo amplio vamos a ver la situación en los diversos escenarios de la guerra en esa campaña previa que abarca desde los idus de marzo de 213 a.C. hasta la misma fecha de 212 a.C. incluidos algunos acontecimientos anteriores necesarios para tener una adecuada referencia cronológica.

En Hispania, los Escipiones, probablemente durante el invierno del 215 a.C. al 214 a.C., contactaron con Sífax, rey de la Numidia Masesilia (Occidental), destinando instructores militares que prepararon al ejército númida (Livio, AUC, XXIV, 48, 1-12). Al inicio del verano de 214 a.C., Sífax se enfrentó a los cartagineses derrotándoles (Livio, AUC, XXIV, 48, 12). Ante estos hechos, los púnicos acudieron a Gala, rey de la Numidia Masilia (Oriental), para que les apoyase en su campaña contra Sífax (Livio, AUC, XXIV, 48, 13). Para ello puso a su hijo Masinisa al frente de un ejército (Livio, AUC, XXIV, 49, 1-4). Adicionalmente llamaron a Asdrúbal Barca para que acudiese con parte de sus tropas desde Hispania (Apiano, Sobre Iberia, 15). Esto provocó que dicho año 214 a.C. Asdrúbal Barca no combatiese en la península ibérica, siendo los generales púnicos al cargo de la misma su hermano Magón, Asdrúbal Giscón y Aníbal el hijo de Bomílcar (Livio, AUC, XXIII, 49, 5). Ese año, tuvieron lugar combates en Iliturgi y en Intibili favorables a los romanos (Livio, AUC, XXIII, 49, 5-14). En África, los cartagineses y Masinisa derrotaron a Sífax en una gran batalla, destruyendo su ejército (Livio, AUC, XXIV, 49, 4). El rey númida debió replegarse hasta territorio mauro. Allí, reclutó nuevas tropas (Livio, AUC, XXIV, 49, 5). Aunque Livio alude a que su intención era pasar a Hispania, no parece muy creíble cuando sus posesiones en África estaban amenazadas. Livio afirma que para finalizar la campaña contra Sífax se quedó solo Masinisa (Livio, AUC, XXIV, 49, 6). Apiano cuenta que el retorno de Asdrúbal Barca a la península ibérica fue una vez se firmó la paz con Sífax (Apiano, Sobre Iberia, 16). Es posible que al acabar la campaña de 214 a.C. Sífax firmase una paz por separado con los púnicos y al año siguiente, 213 a.C., tras reclutar tropas en Mauretania durante el invierno prosiguiese su lucha contra Masinisa. Lo que parece claro es que para la nueva campaña de 213 a.C. los cartagineses retiraron tropas del norte de África. No en vano conocemos que a final de la primavera, Cartago destinó a Sicilia un poderoso ejército bajo mando de Himilcón (Livio, AUC, XXIV, 35, 3). E igualmente cuando Asdrúbal regresó a Hispania lo hizo con tropas adicionales y elefantes (Apiano, Sobre Iberia, 16). Livio señala que en 213 a.C. no hubo combates en Hispania (Livio, AUC, XXIV, 49, 7 y XXV, 32, 1), pero Apiano sí menciona que al retornar Asdrúbal se reanudó la guerra con crudeza resultando victoriosos los romanos (Apiano, Sobre Iberia, 16). Estos combates de 213 a.C. corresponden con los narrados por Livio como ocurridos un año antes (Livio, AUC, XXIV, 41, 1-11 a 42, 1-11). En ellos se menciona como participantes distintos tanto a Asdrúbal como Asdrúbal Giscón, lo que hace pensar en un error del autor latino al datar los acontecimientos en la península ibérica y norte de África de estos años. Acabado dicho 213 a.C., los ejércitos púnicos invernaron en la Turdetania mientras los romanos reclutaron mercenarios celtíberos (Livio, AUC, XXIV, 49, 7-8 y XXV, 32, 3), acampando Cneo y Publio Cornelio Escipión en Urso y Cástulo respectivamente (Apiano, Sobre Iberia, 16). Masinisa por su parte, tras derrotar  a Sífax durante 213 a.C., pasaría a Hispania junto a su caballería para la campaña del año 212 a.C. (Livio, AUC, XXV, 34, 2). Para dicha nueva campaña los cartagineses contarían con tres ejércitos comandados por Asdrúbal Barca, Magón Barca y Asdrúbal Giscón (Livio, AUC, XXV, 32, 4-5).

En la isla de Sicilia la muerte en fecha indeterminada del tirano Hierón II, posiblemente en el otoño de 215 a.C., y el ascenso al poder de su nieto Jerónimo desembocó en tensiones con los romanos por la simpatía de este hacia los cartagineses, la cual le llevó a negociar en secreto con ellos su entrada en la guerra y el reparto de las posesiones romanas en la isla. Conocido esto por el entonces pretor romano en Sicilia, Apio Claudio, envió una embajada que fue menospreciada por el monarca, lo que le llevó a concentrar sus tropas junto a la frontera del reino de Siracusa, informando al Senado del curso de los acontecimientos. Al comienzo de la siguiente campaña (214 a.C.), en previsión de lo que pudiera acontecer, los romanos aceleraron el envío de su flota a la isla bajo mando de Tito Otacilio al tiempo que llegaba un nuevo pretor, Publio Cornelio Léntulo, para hacerse con el gobierno de la parte occidental, enviando además 2.000 hombres de refuerzo (Livio, AUC, XXIV, 18, 8-9). Apio Claudio permanecíó como propretor (Polibio, Historias, VIII, 3, 1) al frente de la parte oriental de la misma. Jerónimo reclutó un importante ejército con vistas a poner en marcha sus planes colocando como alguno de sus mandos a Hipócrates y Epícides, dos agentes cartagineses enviados por Aníbal (Livio, AUC, XXIV, 23, 9). Durante una visita a Leontinos, el nuevo rey resultó asesinado a los trece meses de ascender al poder (Polibio, Historias, VII, 7, 3), lo que debió coincidir con el final del otoño de 214 a.C. Esto provocó una gran inestabilidad en Siracusa tomando inicialmente el control Adranodoro, tío de Jerónimo, quien se avino a elegir en una asamblea popular a varios arcontes como nuevos dirigentes. Él mismo resultó seleccionado junto a otros. El nuevo gobierno parecía proclive a renovar el tratado de amistad con Roma. Los dos agentes cartagineses Hipócrates y Epícides extendieron rumores de que los nuevos arcontes querían instaurar una tiranía. A su vez, Adranadoro tramó junto a su sobrino Temisto hacerse con el poder, pero descubiertos sus planes, ambos fueron asesinados. Se forzó la elección de nuevos arcontes y resultaron elegidos Hipócrates y Epícides. Debido a la presencia de la flota romana no se atrevieron inicialmente a declararles la guerra (Livio, AUC, XXIV, 27, 4). Por su parte, los romanos decidieron al final del consulado de 214 a.C. enviar a Marcelo a la isla (Livio, AUC, XXIV, 21, 1). Su ejército consular se trasladó a Sicilia, acción que se completó durante el inicio del siguiente año consular, en la primavera de 213 a.C. cuando fue relevado en Campania por el nuevo ejército del pretor Cneo Fulvio Centúmalo (Livio, AUC, XXIV, 44, 3). Los siracusanos enviaron una delegación a negociar con Marcelo, pero la llegada de una flota púnica al cabo Pachino, facilitó que Hipócrates atacase a los destacamentos romanos junto a Leontinos. Epícides se le unió. En represalia los romanos tomaron la localidad y ajusticiaron a los desertores de su ejército que se habían integrado en el ejército siracusano. Epícides e Hipócrates huyeron a Herbeso y cuando otros arcontes acudieron allí con el grueso del ejército siracusano a tratar de deponerlos, convencieron a los soldados (parte de los cuales eran cretenses liberados por Aníbal tras la batalla de Trasimeno) para que se rebelasen. Con eso lograron llegar a Siracusa y hacerse con el control de la misma. Marcelo y Apio Claudio comenzaron entonces el asalto de la ciudad pero fueron rechazados iniciando un asedio que duró ocho meses. Con una tercera parte de los efectivos Marcelo marchó al interior de la isla a combatir las localidades rebeladas. La flota cartaginesa que había permanecido junto al cabo Pachino regresó a Cartago y recogió un ejército de 25.000 hombres, 3.000 jinetes y 12 elefantes bajo mando de Himilcón que desembarcó en Heraclea Minoa, tomando esta localidad y Agrigento (Livio, AUC, XXIV, 35, 3). Por su parte Hipócrates salió con parte de la guarnición de Siracusa al encuentro de Himilcón (Livio, AUC, XXIV, 35, 7). Marcelo debió replegar ante el avance cartaginés y en su regreso a Siracusa interceptó junto a Acre a Hipócrates destruyendo su ejército (Livio, AUC, XXIV, 35, 8-10 y 36, 1). Llegó entonces a la isla una legión del ejército de Marcelo, desembarcando en Panorno. Himilcón trató de interceptarla antes de que se integrase con el resto de ejército romano en Siracusa, pero fracasó en el intento. El detalle de la llegada de la legión de Marcelo desde Campania, permite situar temporalmente los hechos a final de la primavera de 213 a.C., pues era en esa estación cuando los nuevos cónsules romanos una vez completaban los reclutamientos, realizaban las rotaciones de tropas y ejércitos. Igualmente la llegada del ejército de Himilcón en esas fechas es consistente con el hecho de haber sido alistado durante el invierno, ya fuese con tropas recién reclutadas o con otras liberadas de la campaña contra Sífax. El general cartaginés inició en el verano una campaña apoyando sublevaciones de localidades por el interior de la isla, entre las que destaca Murgantia. Los romanos produjeron una masacre en Henna para evitar la traición. Al final del otoño Marcelo recogió suministros en Leontinos e invernó en Siracusa (Livio, AUC, XXIV, 39, 11). Apio Claudio marchó a Roma para presentarse a las elecciones consulares, lo que sitúa los acontecimientos en torno a noviembre de 213 a.C. En su lugar quedó Tito Quincio Crispino (Livio, AUC, XXIV, 39, 12-13).

En el norte de la península itálica, el ejército romano que operaba en la Galia Cisalpina bajo mando del pretor Sempronio Tuditano conquistó la ciudad de Atrinum aquel año 213 a.C. (Livio, AUC, XXIV, 47, 14).

Por su parte Aníbal operó toda la campaña de 213 a.C.entre Apulia y el Salentino. Inicialmente se encontraba en Salapia (Livio, AUC, XXIV, 47, 10 ). En el curso de sus operaciones en el Salentino logró el cambio de bando de algunas localidades (Livio, AUC, XXV, 1, 1). Si bien sus nombres no son conocidos de manera directa, por referencias previas y posteriores en la obra de Tito Livio, conocemos al menos dos de ellas, Uzentum (Livio, AUC, XXII, 61, 12) y Manduria (Livio, AUC, XXVII, 15, 4). Cuando aparentemente permanecía acampado en el mismo sitio por un falso rumor de estar pasando una enfermedad, estando situado a tres días de marcha de Tarento (Polibio, Historias, VIII, 27, 1-2), en una acción relámpago tomó esa ciudad excepto su ciudadela (Livio, AUC, XXV, 8, 3). Es necesario reseñar que esta zona del Salentino correspondía desde 215 a.C. a la jurisdicción del propretor romano Marco Valerio Levino (Livio, AUC, XXIII, 38, 10-12 y XXIV, 20, 12), el cual también ostentaba bajo su responsabilidad el protectorado en Iliria (Livio, AUC, XXIV, 44, 5) donde había invernado al final del consulado anterior (214 a.C.) tras expulsar al rey macedonio Filipo V de los alrededores de Orico y Apolonia (Livio, AUC, XXIV, 40). Ese año 213 a.C. se conocen operaciones de Filipo V en el Peloponeso contra Mesenia (Plutarco, Vida de Arato, LI, 2; Polibio, Historias, III, 19, 11; VIII, 8, 1 y VIII, 12, 1; Pausanias, La descripción de Grecia, 4, 29, 1-6 y 4, 32, 2).

En Lucania, el ejército del cónsul Graco reconquistó algunas pequeñas localidades (Livio, AUC, XXV, 1, 5). Además comenzó a incursionar contra el Brucio. En una de estas incursiones el prefecto aliado Tito Pomponio Veyentano fue sorprendido por Hannón quien le capturó y causó enormes bajas entre tropas reclutadas localmente (Livio, AUC, XXV, 1, 3-4). Este factor debió contribuir a la creación de una quinta columna entre los lucanos que sería decisiva en que a comienzos del año 212 a.C. estallase la rebelión en parte de Lucania (Apiano, Guerra de Aníbal, 35).

En el Brucio retornaron a la disciplina romana los pueblos de Consentia y Terina situados junto al golfo de Vibona (Livio, AUC, XXV, 1, 3). Sin embargo el intento de fuga de los rehenes de Turii y Tarento y su posterior ejecución provocó gran malestar en esas ciudades (Livio, AUC, XXV, 7, 11-14)

En el norte de Apulia, el otro cónsul, Quinto Fabio, reconquistó Arpi pactando con la guarnición púnica un salvoconducto para que llegasen hasta Salapia donde en esos momentos se encontraba Aníbal (Livio, AUC, XXIV, 45 a 47).

En Campania los romanos relevaron al ejército consular de Marcelo (que partió a Sicilia) por uno nuevo formado a partir de las legiones urbanas comandado por el pretor Cneo Fulvio Centúmalo. No conocemos acciones destacables en dicha zona en todo el año, pero sí la deserción de 112 jinetes campanos a los romanos durante una patrulla en la campiña (Livio, AUC, XXIV, 47, 12-13). Este detalle indica que el ejército campano poseía una potente caballería. Este ejército romano en Campania invernaría al final de la campaña en Boviano (Samnio) (Livio, AUC, XXV, 13, 8) y pasaría a ser el ejército consular del nuevo cónsul Quinto Fulvio Flaco al año siguiente (Livio, AUC, XXV, 3, 3), lo que es indiciario de que durante 213 a.C. sus efectivos corresponderían con los de un ejército principal.

Apenas Aníbal tomó Tarento, inició la construcción de un foso y un muro que protegiese la ciudad de la ciudadela, aún en manos romanas. Quedó al frente del asedio Hannón (Apiano, Guerra de Aníbal, 33). La guarnición romana fue reforzada desde Metaponto y cuando Aníbal retornó a Tarento y trató de asaltar la ciudadela resultó rechazado (Livio, AUC, XXV, 11, 10). Entonces el general cartaginés sacó por tierra la flota tarentina encerrada en la mar chica (laguna interior cuyo acceso se controla desde la fortaleza en manos romanas) y comenzó el asedio a la ciudadela también por mar. Una vez realizado esto marchó a los cuarteles de invierno de nuevo (Livio, AUC, XXV, 11, 11-20 y Apiano, Guerra de Aníbal, 34). El refuerzo de la guarnición romana con la mitad de las tropas que había en Metaponto facilitó la defección de esta última ciudad del bando romano (Livio, AUC, XXV, 15, 5-6), probablemente durante el invierno o a comienzos de la primavera.

Con este significativo avance cartaginés en el Salentino se cerraba el año consular de 213 a.C.

Zonas de dominio cartaginés 212 ac

El inicio del consulado de 212 a.C.

En los idus de marzo entraron en ejercicio los nuevos cónsules. El primer problema que debieron afrontar fue con los publicanos. El año anterior, en el curso de un enfrentamiento en Lucania fue apresado el publicano Tito Pomponio Veyentano. El cognomen Veyentano, indica su procedencia o vinculación con la ciudad de Veyes en Etruria. También relacionado con esa región estaría el publicano Marco Postumio Pirgense, en este caso con el puerto etrusco de Pyrgi. Ambos pertenecían a sociedades de publicanos a las que ante la falta de recursos del Estado se delegó el alistamiento de una flota para enviar suministros al ejército romano de Hispania (Livio, AUC, XXIII, 48, 10 a 49, 3). La existencia de una cláusula de salvaguarda en caso de naufragio llevó a la comisión de un fraude al hundir los armadores naves viejas con la intención de cobrar la indemnización pertinente. En 213 a.C. el escándalo fue denunciado al pretor de extranjeros Marco Emilio, y trasladado el asunto por este al Senado, se decidió pasarlo por alto para evitar soliviantar a los publicanos. Pero a comienzos del nuevo consulado Postumio Pirgense fue encausado por los tribunos de la plebe Lucio y Espurio Carvilio que solicitaban una fuerte multa. En respuesta Postumio Pirgense dificultó el reclutamiento de tropas por los cónsules. En la asamblea de la plebe con asistencia de los cónsules en la cual se le juzgaba, se iba a proceder a votar su condena cuando los publicanos reventaron la reunión por la fuerza, lo que obligó a disolverla. Debido a la gravedad de lo ocurrido, los mismos tribunos que le acusaban dejaron de lado la petición de la multa y en su lugar solicitaron la pena capital contra Postumio Pirgense y el depósito de una fianza con obligación de presentarse antes de las calendas de mayo (primer día del mes), lo que le obligó a exiliarse para eludirla, e igualmente al resto de publicanos que azuzaron los disturbios y para los que se pidió igual pena (Livio, AUC, XXV, 3, 8 a 4, 11). La vinculación de estos publicanos con Etruria bien pudiera ser la causa de que ese año Roma tuviese que constituir un nuevo ejército de dos legiones bajo mando del pretor Marco Junio Silano y enviarlo a ese territorio para evitar la eclosión de un nuevo foco sedicioso.

Tras esto tuvieron lugar las elecciones a Pontifex Maximus a las que se presentó sin éxito el cónsul Quinto Fulvio Flaco (Livio, AUC, XXV, 5, 2). Hubo dificultades para reclutar soldados para completar las plantillas de los ejércitos (Livio, AUC, XXV, 5, 5). Se expiaron los portentos (Livio, AUC, XXV, 7, 9) y se celebraron las ferias latinas con asistencia de los cónsules. Todo lo cual retrasó su partida a sus campamentos hasta cinco días antes del inicio de abril (Livio, AUC, XXV, 12, 1).

Despliegue ejércitos al inicio de campaña 212 a.C.

Despliegue de los ejércitos romanos y púnicos al comienzo del consulado de 212 a.C.

Un intento de suministro nocturno a Tarento con naves de Turii fracasó siendo capturados muchos marinos de esta procedencia que fueron liberados por Aníbal, lo que reforzó el partido procartaginés de la localidad (Apiano, Guerra de Aníbal, 34). La fecha en que tuvo lugar este acontecimiento es incierta, pues no necesariamente se trataba de grano de la nueva cosecha. Por otro lado debió ocurrir con una climatología apta para una navegación marítima, y además Aníbal debía haber sacado la flota tarentina a mar abierto para poder interceptar los suministros a Tarento por mar, lo cual retrasa el evento al menos hasta final del invierno o principio de primavera.

Livio es taxativo al nombrar la ciudad de Boviano en el Samnio como destino de los dos cónsules tras salir de Roma. E incluso como lugar de acampada de sus respectivos ejércitos consulares (Livio, AUC, XXV, 13, 1 y 13, 8). Uno de estos ejércitos había operado en Campania el año anterior bajo mando del pretor Cneo Fulvio Centúmalo (Livio, AUC, XXIV, 44, 3 y 47, 13 y XXV, 3, 3). La principal base allí era el campamento Claudiano en Suésula. Ya en el invierno del final del consulado de 215 a.C. se había realizado algo parecido cuando llegado el periodo de invernada, Fabio Máximo pidió a Marcelo que dejara una guarnición en Nola e invernase fuera de Campania para evitar ser una carga a los aliados (Livio, AUC, XXIII, 48, 2). Resulta lógico pues que dicho ejército retornara lo antes posible a su área de operaciones al inicio de campaña con el objetivo de no dejar desguarnecida una zona objeto de uno de los principales frentes de guerra en los últimos tres años y medio. Y que además su destino allí fuera el campamento de Suésula, principal base romana en Campania. El otro cónsul, Apio Claudio se hizo cargo en el Samnio del ejército consular que el año anterior mandara Quinto Fabio, hijo de Fabio Máximo. Este ejército había operado en la Daunia (norte de Apulia) durante el año anterior. Mientras Flaco marchaba a Campania, Claudio habría permanecido en el Samnio (Livio, AUC, XXV, 13, 4). En Lucania, Graco enfrentaba la rebelión de una parte de los aliados (Apiano, Guerra de Aníbal, 35), posiblemente inducida por las milicias locales capturadas el año anterior (213 a.C.) junto al prefecto Pomponio Veyentano (Livio, AUC, XXV, 1, 3-4) que como era práctica habitual debieron ser liberadas por Aníbal como medida para congraciarse con los pueblos de que fueran originarias.

Por su parte Hannón y Magón tomaron Turii con la ayuda de parte de la población (Livio, AUC, XXV, 15, 7-17). La liberación de los cautivos de esta ciudad capturados en la fallida misión de abastecimiento a Tarento y la muerte de los rehenes que había en Roma tras su intento de fuga (Livio, AUC, XXV, 7, 10-14 y 8, 1-2) fueron decisivos para el apoyo de la población local al bando púnico. El que sean estos generales cartagineses los que llevaron a cabo la acción es señal de que Aníbal debía estar en Tarento o Apulia, lo que indicaría que habría ocurrido durante la primavera.

Tanto Livio como Apiano colocan esta caída de Turii antes de la muerte de Graco e incluso el último autor la sitúa antes de acabar el consulado anterior al decir que la muerte del procónsul ocurre al año siguiente de este hecho. El Magón que protagoniza esta acción al frente de la caballería púnica es Magón el Samnita, mencionado en la obra de Polibio (Historias, IX, 25, 4). El mismo que poco después, según algunas versiones, protagonizó la muerte del procónsul Graco al frente de un contingente de jinetes (Livio, AUC, XXV, 16, 7, 8 y 17, 1-3), el que llegó en socorro de Capua con fuerzas de caballería (Livio, AUC, XXV, 15, 3 y 18, 1) y el que participó de nuevo al frente de la caballería en la primera batalla de Herdonea (Livio, AUC, XXV, 21, 3). Este general aparece citado junto a Hannón como el cabecilla cartaginés en Lucania y Brucio.

La ciudad de origen griego de Heraclea también desertó tras el sucesivo cambio de bando de Tarento, Metaponto y Turii (Apiano, Guerra de Aníbal, 35).

El legado Cayo Servilio llegó a Tarento con unas naves cargadas de suministros, salvando de este modo a la guarnición (Livio, AUC, XXV, 15, 4-5). Si el grano estaba recién recolectado en Etruria o Cerdeña, esta flota no habría llegado hasta principio del verano.

Zonas de dominio cartaginés verano 212 ac -

Zonas bajo domino romano y cartaginés al finalizar la primavera de 212 a.C.

El asedio de Capua

Los nuevos cónsules habían fijado como objetivo prioritario de esta campaña la reconquista de Capua. La versión liviana de los acontecimientos se inicia con una petición de ayuda a Aníbal de los campanos debido a que sus campos estaban asolados por culpa de que los romanos habían impedido la siembra (Livio, AUC, XXV, 13, 1-2). Sin embargo esta información es contradictoria con el propio relato de Livio que sitúa poco después de esto a los ejércitos consulares asolando la campiña de Capua que tenía ya el trigo crecido (Livio, AUC, XXV, 15, 18), algo que implicaba el arado, siembra y posterior labrado, tareas que comenzaban unos seis meses antes de la recolección. Si a ello le unimos el hecho de que el ejército romano en Campania había estado invernando en el Samnio, lo cual impide cualquier acción de saqueo durante al menos tres meses, hace tremendamente rara esta petición de socorro temprano por ese motivo. El texto de Livio continúa contando que en respuesta a esta petición de auxilio, los cartagineses enviaron al área a Hannón para intentar suministrar grano a Capua, debiendo eludir a los ejércitos romanos desplegados en el sur de Italia para poder llegar (Livio, AUC, XXV, 13, 4). Habría instalado entonces un campamento junto al río Calor a tres millas de Benevento, desde el cual recogía grano de sus aliados en el área (los más cercanos serían los sabatinos) y de los saqueos de la campiña de los aliados de Roma (Livio, AUC, XXV, 14, 11) entregándolo a los campanos que acudían incluso con mujeres y chicos a dicho campamento para llevarlo a Capua (Livio, AUC, XXV, 13, 4-5). Como acertadamente señala Gaetano De Sanctis (Storia dei Romani, III, parte 2, 7, p.259), esta posición del campamento púnico recuerda mucho a la que Livio cuenta que ocupó otro campamento del mismo Hannón dos años antes cuando se enfrentó a Graco junto a Benevento (Livio, AUC, XXIV, 14, 2). Alertados los romanos de la presencia de Hannón, habrían mandado desde el Samnio al cónsul Flaco con su ejército consular (Livio, AUC, XXV, 13, 9), quien tras duro combate tomó el campamento causando enormes bajas a sus enemigos púnicos, cifradas en 13.000 hombres entre muertos y capturados, y sus aliados campanos, cuyo número de bajas no se especifica pero se dice que son aparte de la cifra anterior y que tripulaban nada menos que 2.000 carros (Livio, AUC, XXV, 13, 11-14 y XXV, 14, 1-11). Hannón, que no se encontraba en el campamento durante el ataque habría retornado al Brucio tras este desastre (Livio, AUC, XXV, 14, 14). Días después Apio Claudio se habría unido a su colega en Benevento junto con su ejército (Livio, AUC, XXV, 14, 12). De allí habrían marchado hacia Capua donde comenzaron a asolar la campiña (Livio, AUC, XXV, 15, 18). Habría habido entonces una segunda petición de auxilio a Aníbal, que habría enviado un contingente de 2.000 jinetes bajo mando de Magón para que actuasen contra los forrajeadores romanos (Livio, AUC, XXV, 15, 3). Para cubrir su retaguardia los cónsules habían pedido al procónsul Graco que dejase su infantería pesada en Lucania y acudiese a Benevento con los infantes ligeros y la caballería (Livio, AUC, XXV, 15, 20). En un lugar que podría ser Campus Vetus en Lucania o el río Calor junto a Benevento, el procónsul murió emboscado por jinetes númidas mandados por Magón, quedando al mando de sus tropas el cuestor Cneo Cornelio (Livio, AUC, XXV, 16 y 17). Este hecho provocó que sus legiones integradas por esclavos manumitidos desertasen (Livio, AUC, XXV, 20, 4).

Una salida por sorpresa de la caballería de Magón llegada a Capua causó muchas bajas entre los saqueadores romanos, lo que provocó que los cónsules se volviesen más cautelosos en las salidas de rapiña (Livio, AUC, XXV, 18, 1-2). Sin explicar como y cuándo se produjo, Livio sitúa a Aníbal acampado en Benevento. E inmediatamente después se traslada a Capua. A los dos días de llegar se enfrentó a los cónsules en batalla campal. El combate se interrumpió cuando apareció en escena el cuestor del ejército de Graco con un contingente de tropas, lo que ocasionó que ambos contendientes se retirasen a sus campamentos. El bando púnico se llevó la mejor parte al endosar su caballería más bajas a los enemigos que las encajadas por él. Esto provocó que Quinto Fulvio replegase a Cumas y que Apio Claudio marchase a Lucania. Aníbal decidió seguir a este último (Livio, AUC, XXV, 19, 1-8).

Pero, ¿es creíble que esta historia sucediese de este modo y en ese orden? El primer acontecimiento contado por Livio, la toma del campamento enemigo junto a Benevento, es tratada también por Apiano, Diodoro Sículo y Valerio Máximo. La obra del último de estos autores es una colección de anécdotas agrupadas por temas, lo cual no permite situarla en la cronología de la campaña. Por otra parte su relato sobre la toma es muy parecido al de Livio (Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 3, 2, 20). De Diodoro Sículo nos ha quedado una breve cita que alude a que mujeres y chicos jóvenes acompañaban a las fuerzas de Capua debido a la gran necesidad existente, lo cual tampoco nos permite situarlo en el tiempo debido a que lo que queda de esta parte de su obra es fragmentario y es ordenado a criterio de los editores (Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica, XXVI, 12, 4). Sin embargo Apiano da una versión diferente sobre lo sucedido que sí se enmarca en una cronología. El inicio de la campaña habría sido la llegada de los cónsules a Campania y el comienzo del saqueo de la zona. Esto habría provocado la petición de socorro a Aníbal que habría mandado el contingente de 2.000 hombres como refuerzo (de acuerdo a este autor serían la mitad infantes y la mitad jinetes). Tras retirarse los cónsules de los alrededores de Capua debido a la acción de la caballería enemiga, Aníbal, que había estado recogiendo grano en Apulia, marchó hasta Benevento donde montó su campamento y mandó llamar a los campanos a que recogieran los suministros. La llamada de Hannón para que Aníbal marchase a Lucania con su ejército ocasionó que este dejase en el campamento de Benevento su impedimenta y una pequeña guarnición mientras el acuartelamiento seguía actuando como base logística donde los campanos recogían grano. Esta ausencia de Aníbal sería aprovechada por uno de los cónsules romanos para atacar el campamento consiguiendo tomarlo (Apiano, Guerra de Aníbal, 36 y 37). Complementando la versión de Apiano está la de Dion Casio que conocemos principalmente a través del monje bizantino Zonaras. Cuenta que inicialmente Aníbal permaneció en el Salentino mientras los cónsules tuvieron un fracaso junto a Capua y Graco moría en Lucania. Continúa diciendo que Aníbal tras haber tomado Tarento (en realidad habría sucedido unos meses antes) decidió apoyar a Capua dirigiéndose a Benevento. Pero una vez allí, se enteró que el cónsul Apio Claudio se había dirigido a Lucania desde el Samnio para cubrir la muerte de Graco, decidiendo desviarse para ir tras él, por lo que no habría llegado a Capua (Zonaras, Epitome Historion, IX, 5, 1-2).

Esta cronología de Apiano y Zonaras es mucho más coherente que la presentada por Livio y permite situar el orden de los acontecimientos con un criterio lógico. En primer lugar achaca la petición de ayuda de los campanos a Aníbal como una consecuencia de la llegada de los cónsules a su territorio y el inicio del saqueo de la campiña, no como una acción previa para acopiar grano en previsión de lo que pudiera pasar. Por otra parte el territorio campano ya había padecido la presencia de un ejército romano el año anterior que pudo ser contrarrestado sin que Aníbal se hiciese presente en el área en toda esa campaña, lo cual permite calibrar la potencia de las fuerzas de las cuales disponían los campanos. Además ese ejército romano había invernado en el Samnio lo cual hace imposible que pudiese realizar labores para impedir la siembra durante el invierno y principio de la primavera. Sabemos además que la campiña de Capua produjo grano a final de esa primavera pues los cónsules se dedicaron a asolarla, algo que habría sido innecesario de no haber habido siembra. Es por tanto mucho más creíble que fuese la presencia de dos ejércitos consulares rapiñando los alrededores lo que disparase las alarmas y tal petición de ayuda. E igualmente resulta más verosímil que la reacción del general cartaginés fuese enviar jinetes de modo que se pudiese actuar de manera rápida contra los dispersos forrajeadores enemigos. Hay que recordar además que el año anterior se produjo la deserción de un grupo de jinetes campanos, lo cual hace comprensible que la caballería de Capua estuviese mermada y requiriese de ayuda.

Para terminar de tener un cabal entendimiento de lo sucedido hasta este punto es necesario recordar que antes de llegar a Campania los cónsules habían ordenado a Graco que acudiese con sus fuerzas ligeras y caballería a Benevento. Este movimiento posee una lógica militar pues desde Benevento se controlaban los dos principales accesos a Campania, el que une esa ciudad con Suésula a través de la vía Apia, y el que conecta Capua con Benevento pasando por Caiatia. Pero sabemos que antes de trasladarse, Graco había entablado combate contra los rebelados en Lucania (Apiano, guerra de Aníbal, 35). Esto necesariamente tuvo que ocurrir durante la primavera, pues al final de ella fue cuando los cónsules se dirigieron contra Campania (se supone que antes de que llegara la fecha de la recogida del grano que solía tener lugar en torno a junio). Sería entonces cuando sucede la emboscada que le cuesta la vida. De las distintas versiones que Livio da de esta muerte, la que la sitúa en Lucania producto de una traición parece más extraña pues implicaría que el jefe romano habría salido de su campamento para una reunión clandestina en la que una parte de los asistentes iban a ser cabecillas desertores del bando romano y por tanto individuos poco de fiar, cuando los relatos de traiciones que conocemos de esta guerra suelen emplazar al traidor acudiendo a los campamentos de los jefes enemigos y no al revés o en un terreno neutral. Por lo tanto la versión de que la traición de un cabecilla lucano supuestamente fiel fue la causa de la emboscada parece menos verosímil, y más enfocada a adjudicar la culpabilidad de su muerte a unos traidores que a una posible negligencia en sus desplazamientos o acciones cotidianas. Igualmente la versión que introduce el mal augurio y su muerte como resultado de una emboscada junto al cauce al que acudía a expiarlo, parece encaminada a un fin moralista. Sin embargo la narración que emplaza la emboscada cuando el procónsul se bañaba en el río Calor en Benevento cerca de su campamento junto a un reducido número de sirvientes y lictores (Livio, AUC, XXV, 17, 1) parece la más coherente al situarla junto al sitio en el que se supone que debía estar tras ser llamado por los cónsules y además eliminar elementos con clara intencionalidad política (haciendo aparecer a un lucano como traidor), apologéticos (muerte tras una heróica resistencia luchando contra un enemigo muy superior) o moralistas (los augurios divinos avisaron y no se tomó precauciones). El hecho de que la muerte ocurriera durante la realización de un hecho cotidiano aún la hace más verosímil. Al mismo tiempo permite que sea producto de la casualidad. Una partida de jinetes merodea el campamento enemigo en busca de un blanco de oportunidad o sencillamente vigilando los movimientos que se puedan producir, y se encuentran con un individuo que lleva escolta pero esta es poco numerosa lo que lo convierte en un blanco fácil. Debido a la cercanía del campamento enemigo resulta igualmente coherente que los jinetes númidas cortasen la cabeza de su víctima para llevársela a su jefe (Livio, AUC, XXV, 17, 6) pues el traslado de su cuerpo completo sería bastante más complicado. Dicha cabeza fue llevada a Aníbal y este la devolvió al campamento romano, ahora bajo mando del cuestor Cneo Cornelio (Livio, AUC, XXV, 17, 7). Este Cneo Cornelio debía ser el Cneo Cornelio Léntulo que participara como tribuno en la batalla de Cannas (Livio, AUC, XXII, 49, 6-13). Casualmente la cabeza de Graco fue transportada por Cartalón, el mismo lugarteniente a quien Aníbal enviara a Roma tras la batalla de Cannas (Livio, AUC, XXII, 58, 7-9).

Apiano comenta tras esto que durante el verano Aníbal estuvo recogiendo grano en Yapigia (Apiano, Guerra de Aníbal, 36), término que puede referire tanto a Apulia como al Salentino. En la campaña del año anterior Aníbal permaneció en Salapia buena parte de la misma. Esa localidad de Apulia estaba a unos 150 km de Tarento y una distancia parecida de Capua, lo cual le permitía llegar en una semana de marchas forzadas a cualquiera de estas posiciones. Esto deja como los mejores candidatos de haber ejecutado la emboscada a Graco a los 2.000 jinetes bajo mando de Magón que Aníbal envió de refuerzo a Capua. De camino a Campania pudieron pasar por las cercanías de Benevento y mientras una patrulla vigilaba el campamento enemigo encontrarse con ese blanco casual. Los aproximadamente 60 km que separan Capua de Benevento les permitirian haber llegado a la ciudad campana en menos de un día. E igualmente el traslado de la cabeza de Graco a un hipotético campamento de Aníbal en Salapia, localidad separada unos 110 km de Benevento, es algo que a caballo podía ser hecho en un día. El entierro de Graco junto a su campamento en Benevento (Livio, AUC, XXV, 17, 7) debió hacerse sin su cabeza pues nadie esperaría que si se la habían llevado como trofeo de guerra fuese devuelta. Y lo normal es que se inhumase lo antes posible, por lo que el hecho no debió demorar mucho.

De acuerdo a Apiano la entrada del refuerzo de caballería en Capua se hizo de noche y de manera discreta, pero al día siguiente fueron detectados sobre las murallas (Apiano, Guerra de Aníbal, 36). La fecha en que esto debió ocurrir fue entrado junio pues los cónsules esperaron a que el trigo estuviese crecido para realizar los saqueos (Livio, AUC, XXV, 15, 18), lo que retrasa la acción hasta el final de la primavera o principio de verano. Apenas unos días antes debió ocurrir la muerte de Graco.

Movimientos previos

Movimiento de los ejércitos consulares desde Boviano a Capua y del contingente de caballería de Magón a Benevento y Capua.

Los saqueos de los forrajeadores romanos habrían continuado indiscriminadamente hasta que una salida de la caballería púnica y la guarnición campana causó estragos matando 1.500 hombres antes de que los romanos pudiesen reaccionar y formar un orden de combate (Livio, AUC, XXV, 18, 1). Esta derrota es refrendada por otras fuentes al señalar que mientras Aníbal estaba en el Salentino, los cónsules sufrieron un revés en Capua (Zonaras, Epitome Historion, IX, 5, 1). La llegada de ese contingente cartaginés a esta ciudad unido a la potente guarnición del ejército campano habrían sido los responsables de la masacre de forrajeadores romanos. Esa fortaleza del ejército campano queda reflejada en los relatos de Livio: A comienzos de 215 a.C. dicho ejército estaba estacionado en Hamae y contaba con unos 14.000 hombes de los cuales 2.000 murieron en combate con Graco y un número indeterminado debió ser hecho prisionero (Livio, AUC, XXIII, 35, 14). Hacia final de la campaña de ese mismo 215 a.C., en Capua había unos 6.000 hombres (Livio, AUC, XXIII, 46, 10). En 214 a.C. hay noticias de que los campanos incrementaron sus efectivos reclutando plebeyos e incluso esclavos. A finales de ese mismo año una guarnición campana de 2.000 hombres estacionada en Casilino fue aniquilada (Livio, AUC, XXIV, 19, 1-2).

Prosiguiendo con la campaña, en este momento surge el siguiente punto de discrepancia entre Livio y las versiones de Apiano y Zonaras. En la narración liviana tras el ataque a los saqueadores romanos se menciona otro combate que habría tenido lugar entre los cónsules y el mismísimo Aníbal en los alrededores de Capua, la conocida hoy día como primera batalla de Capua. De acuerdo a Livio, Aníbal habría llegado a Benevento desde donde se habría movido a Capua. A los dos días de llegar habría tenido lugar una batalla campal contra los dos ejércitos consulares. En el curso de esta, los generales romanos habrían ordenado a su caballería acudir en auxilio de sus tropas de infantería acosadas por los jinetes enemigos, lo que permitió equilibrar la balanza del combate. Incluso se narra que en mitad de la lucha apareció el cuestor del ejército de Graco con las tropas que tenía en Benevento. La llegada del cuestor hizo que ambos bandos replegasen temerosos de que fuesen enemigos (Livio, AUC, XXV, 19, 1-5).

La existencia de esta batalla es mencionada únicamente por Livio. Esto en si mismo no es sinónimo de certeza o falsedad, pero hay una serie de elementos a considerar que hacen dudar de su verosimilitud. El primero es la propia entidad de la batalla. De acuerdo a lo que dice Livio, estaríamos ante uno de los pocos casos de la guerra en que el general cartaginés se midió a dos ejércitos consulares (los otros serían Trebia, Cannas y una batalla poco antes de que Aníbal abandonase Italia en las cercanías de Crotona). Y esta fabulosa batalla es despachada en una narración de dieciocho líneas. En comparación, el ataque de la guarnición de Capua a los forrajeadores se lleva nueve líneas. Y el duelo entre el jinete campano Badio y el romano Crispino cuarenta y nueve líneas. Un acontecimiento de esa relevancia debiera ser desarrollado como algo extraordinario y sin embargo apenas se cuentan unos pocos detalles. Esos pocos detalles que conocemos son que al inicio del combate la caballería enemiga cubrió de bajas a la infantería romana y sólo la intervención de los jinetes romanos pudo equilibrar la balanza. El enfrentamiento se habría visto interrumpido al aparecer a lo lejos las tropas del cuestor Cneo Cornelio y ser confundido por ambos bandos como un enemigo, lo que hizo que replegaran. El balance del combate fue favorable a los cartagineses. De la lucha en sí sólo sabemos que un ataque de caballería púnica puso en aprietos a los romanos hasta que estos lanzaron a la caballería propia. Esto recuerda mucho a lo ocurrido en el ataque de la guarnición contra los forrajeadores en el que los jinetes cartagineses pusieron en aprietos a sus enemigos y a duras penas los cónsules lograron formar a los suyos. Por otro lado ni Apiano ni Zonaras mencionan este enfrentamiento. Incluso el último cuenta que Aníbal, tras llegar a Benevento se desvió a Lucania sin llegar a Campania.

Estamos pues ante una falsificación de la cual Livio se hace eco, que inventa un enfrentamiento de los cónsules contra Aníbal como manera de justificar lo que en realidad fue una derrota frente a la guarnición de Capua. En ambas narraciones hay un elemento común que es el ataque de la caballería cartaginesa, e incluso una coincidencia en que los romanos llevaron la peor parte. Probablemente Livio leyó en algún analista esa versión que atribuía el combate a un enfrentamiento con el mismísimo Aníbal, y duplicó los acontecimientos cuando en realidad se trataba del mismo evento. La actualmente conocida como primera batalla de Capua no sería otra cosa que el combate contra los forrajeadores. La aparición del cuestor Cneo Cornelio al final de la batalla, puesta en duda por autores como Gaetano De Sanctis (Storia dei Romani, III, parte 2, 7, p.293), puede tener sentido si en realidad hizo acto de presencia al final del combate de la guarnición contra los forrajeadores. Si como hemos explicado, los autores de la muerte de Graco pertenecían a este grupo de 2.000 jinetes, no es inverosímil que el cuestor tratara de salir en su persecución. La distancia de 60 km entre Benevento y Capua permite que unas tropas ligeras como eran las que tenía el cuestor en Benevento, pudieran recorrerla en un par de jornadas. Eso significa que era posible que llegaran un día después que los jinetes. La entrada del refuerzo púnico a Capua fue hecha de noche para evitar que la detectasen sus oponentes. Aunque Apiano afirma que fueron vistos sobre las murallas al día siguiente, es muy probable que no fuese cierto y la exitosa salida se produjese justo el día después de llegar, como manera de aprovechar el factor sorpresa y de cumplir con su cometido, que no era otro que el de evitar la tala de la cosecha. Si los jinetes aguardaron el día anterior hasta que llegara la noche para introducirse en la ciudad, y por las fechas coincide con los momentos de más luz diurna del año, es posible que las tropas del cuestor pudiesen alargar su marcha y llegar un día después que ellos. Por otro lado, si dichas tropas hubiesen estado en Benevento cuando llegó Aníbal, lo lógico es que este hubiese tratado de anularlas antes de marchar hacia Capua. Las fuerzas ligeras (hostigadores y caballería) de un ejército principal romano (como era el de Graco) podían llegar a totalizar alrededor de 9.000 hombres, y montar una base logística en ese sitio con este volumen de fuerzas enemigas tan cercano hubiese sido una temeridad impropia de Aníbal. Es lógico pensar pues que dichas fuerzas ya no estaban en Benevento cuando arribó el general púnico. Y si no estaban no parece coherente que pudieran aparecer en mitad de la supuesta batalla en torno a la capital campana.

El golpe asestado por la guarnición de Capua a los cónsules supuso que estos aliviasen la presión sobre la ciudad, pasando a realizar un saqueo más prudente (Livio, AUC, XXV, 18, 2). En el periodo que se abrió tras este hecho, se inscribe el duelo del jinete campano Badio y el romano Tito Quincio Crispino. Casualmente este nombre coincide con el del que luego sería pretor en 209 a.C. y cónsul en 208 a.C. y que en este 212 a.C. se encontraba en Sicilia junto a Marcelo, al frente de uno de los campamentos desde los que se sitiaba Siracusa (Livio, AUC, XXV, 26, 4), lo cual hace perder veracidad a esta anécdota o al menos al momento temporal en que Livio la sitúa. A final de 215 a.C., antes de invernar, Tito Livio situó otro episodio de saqueo en torno a Capua en el cual se produjo un enfrentamiento singular entre los jinetes Vibelio Taurea y Claudio Aselo (Livio, AUC, XXIII, 46, 12 a 47, 8).

La cosecha de grano de verano se recogía entre junio y julio, por lo cual el ejército de Aníbal pudo permanecer en Apulia probablemente hasta bien entrado este último mes. Pero a pesar del éxito de Capua, la campiña campana estaba asolada por la acción de los romanos, lo que unido a su presencia en el área imposibilitaba la recolección. Se mandó entonces una nueva petición de auxilio a Aníbal para que enviase grano. Por ello es probable que su desplazamiento hasta Benevento tuviese lugar hacia finales de julio. Su sola aproximación (Livio, AUC, XXV, 19, 1), unida a la deserción del ejército de Graco en Lucania (Livio, AUC, XXV, 20, 4) hizo reaccionar a los cónsules romanos. Antes de que llegase, Apio Claudio abandonó Campania en dirección a Lucania y Fulvio Flaco por su parte se dirigió a Cumas (Livio, AUC, XXV, 19, 6). Aníbal, apenas llegó con el grano a Benevento acampó junto al río Calor (Apiano, Guerra de Aníbal, 36). Una vez allí fue informado de la marcha de Apio Claudio a Lucania para ocupar el hueco dejado por la muerte de Graco y la deserción de sus hombres, por lo que para evitar que algunos de los recién rebelados en ese territorio pudiesen retornar a la disciplina romana, decidió seguirlo sin llegar a Capua (Zonaras, Epitome Historion, IX, 5, 2).

Llegada de Aníbal a Benevento

Aproximación de Aníbal a Benevento y retirada de Fulvio Flaco a Cumas y de Apio Claudio a Lucania. Persecución de Aníbal del ejército consular de Apio Claudio.

Dejó en el campamento de Benevento su impedimenta y una pequeña guarnición (Apiano, Guerra de Aníbal, 37). Este sería el momento que Livio describe erróneamente al principio de la campaña, en el cual Hannón queda al frente de este campamento y del suministro de grano a los campanos. Esta circunstancia es detectada por los aliados romanos y es aprovechada por el cónsul Quinto Fulvio Flaco para atacar el campamento y tomarlo (Apiano, Guerra de Aníbal, 37). Aunque Livio habla de una acción de envergadura con una gran cantidad de muertos y heridos, Apiano sin embargo califica la guarnición como pequeña, algo que resulta bastante más verosímil. Dado que Livio cuenta que los campanos llegaron a enviar con éxito un primer convoy de abastecimiento al campamento (Livio, AUC, XXV, 13, 7), el ataque de Flaco que coincide con la llegada de un segundo convoy debió tener lugar avanzado el mes de agosto. Varios autores introducen en la narración de este episodio la acción heróica de un prefecto aliado, Vibio Accao y de un centurión romano, Tito Pedanio (Livio, AUC, XXV, 14, 4-9 y Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, III, 2, 20)

Apio Claudio permaneció en Lucania por un tiempo hasta que fue relevado por un nuevo ejército enviado desde Roma. Este ejército estaba encabezado por Marco Centenio Pénula quien gracias a la mediación del pretor urbano Publio Sila logró que se le diera el mando de una legión y un alae aliada (Livio, AUC, XXV, 19, 9-13). Dada la situación de urgencia lo más probable es que se le otorgara una de las dos legiones urbanas reclutadas a principio de año (Livio, AUC, XXV, 3, 7), pues era práctica habitual que estas sirviesen como ejército de reserva ante las eventualidades que se daban en la guerra. A su vez el nuevo general logró incorporar voluntarios que hicieron que se duplicase el número de hombres. Hemos estimado la llegada de Aníbal a Benevento en los últimos días del mes de julio y la misma coincidiría con la partida de Apio Claudio a Lucania para sustituir al ejército desertado de Graco. Eso significa que la deserción debió tener lugar a mediados del mes de julio, de modo que pudiera ser transmitida la noticia y ser tomada la decisión de cómo relevarla. Las labores de reclutamiento de voluntarios y aliados, la distancia a recorrer desde Roma hasta el centro de Lucania (de alrededor de 300 km) y el relevo a Apio Claudio hace muy improbable que este nuevo ejército pudiese llegar a su destino antes del comienzo de septiembre.

Apio Claudio se dirigió entonces a Benevento donde se reunió con Fulvio Flaco varios días después de que este tomase el campamento cartaginés. En esa población permanecieron algunos días más vendiendo el material capturado (Livio, AUC, XXV, 14, 12), lo cual nos sitúa a mitad de septiembre. Desde allí marcharon nuevamente a Campania a reanudar el asedio de Capua (Livio, AUC, XXV, 20, 1).

Mientras tanto en Lucania se produjo el enfrentamiento del recién llegado ejército de Pénula con el de Aníbal, saldado con una contundente victoria del general cartaginés, la muerte de Pénula y el aniquilamiento de sus tropas de las que sólo se salvaron 1.000 hombres (Livio, AUC, XXV, 19, 14-17). La impaciencia del general romano en buscar el combate o instrucciones de pasar a la ofensiva de manera inmediata hacen muy probable que esta batalla sucediese a los pocos días de llegar, en torno a lo primeros días de octubre. El necesario descanso después de luchar y las labores de saqueo del campamento enemigo debieron retener a Aníbal en Lucania hasta mediados de ese mismo mes.

Entretanto, los cónsules comenzaron el acopio de grano en tres lugares alrededor de Capua: Casilino, la desembocadura del Volturno y Puteoli. Para ello debieron construir un fuerte en la desembocadura del río que permitia controlar el río y el mar circundante por el que llegaban los transportes con grano de Cerdeña y de Etruria (Livio, AUC, XXV, 20, 2-3).

La noticia del nuevo desastre en Lucania debió llegar a Roma en los primeros días de octubre. Y la respuesta dada fue convocar al ejército del pretor Cayo Claudio Nerón, quien se había hecho cargo de las tropas que mandara el procónsul Cayo Terencio Varrón en Piceno. Este ejército de Nerón es mencionado por Livio al comienzo del consulado cuando enumera el reparto de ejércitos y magistraturas. Adjudica al nuevo pretor ser destinado a Suésula (Livio, AUC, XXV, 3, 2) y corresponderle “las legiones” que tenía Varrón (Livio, AUC, XXV, 3, 4). Sin embargo sabemos que Cayo Terencio tenía una sola legión en Piceno el año anterior (Livio, AUC, XXIV, 44, 5). Además Livio menciona que el total de legiones a principio de este año era de veintitrés. Si contamos las dos de la Galia, las dos de Etruria, las dos urbanas, las cuatro consulares, las dos de Graco en Lucania, las dos de Apulia, las dos de Hispania, las cuatro de Sicilia y las dos de Cerdeña totalizan veintidós. No se dice nada de las legiones embarcadas de la flota de Sicilia ni de la asignada a la flota de Grecia, por lo que en este recuento parece que se excluyeron las legiones marinas. Por lo tanto, para el ejército de Piceno sólo quedaría una única legión, lo que contradice el plural empleado por Livio. Sin embargo cuando se alude a la posterior segunda batalla de Capua, sucedida a comienzo del siguiente consulado (211 a.C.), el ejército de Nerón tendría dos legiones (Livio, AUC, XXVI, 5, 8). ¿Se equivoca Livio al contar las veintitrés legiones de ese año? El historiador romano debió encontrar documentado ese número total de legiones y también el dato de que Nerón tenía dos legiones en Suésula. Y por ello reprodujo ambos números aunque implicaban una contradicción. Incluso para justificar ese número de dos legiones del ejército de Nerón, cuando hace el recuento general de legiones alude a que los pretores “reclutarían las tropas de complemento” (Livio, AUC, XXV, 3, 4). Pero en toda la campaña el ejército de Nerón no aparece mencionado en ningún momento en Campania hasta el final de la misma. Ni participa en los combates contra la guarnición de Capua, ni se le llama a Benevento a cubrir la posición (lo hace Graco desde Lucania pese a que Suésula está a un día de marcha de Benevento), ni acude a reemplazar al ejército desertado en Lucania (es encargado a Pénula). O dicho de otro modo, es como si no hubiese estado en ese área hasta el final de la campaña. De hecho es la explicación más lógica. Nerón debió heredar el ejército de una legión que Varrón tenía en Piceno. El año anterior en la contigua Galia Cisalpina los romanos habían tenido avances por lo que no se justificaba tener que incrementar con una legión más el dispositivo en Piceno para el año 212 a.C. Y allí debió estar la mayor parte del año hasta que el desastre de Pénula obligó a echar mano de nuevas tropas para cubrir el vacío dejado. La explicación más lógica es que Nerón fue convocado junto a su legión, y una vez en Roma se le añadió la legión urbana que aún quedaba en la capital (la otra hemos comentado que debió ser la asignada a Pénula). De ese modo, Roma parecía quedar sin guarnición, pero a cambio contaba con un ejército de dos legiones para enviar al sur de manera rápida. Por eso cuando Nerón llegó a Suésula su ejército tenía dos legiones. Pero en realidad Roma no quedó sin guarnición pues le fue encomendado al pretor urbano hacer una nueva leva (Livio, AUC, XXV, 22, 4). Era necesario reponer las legiones urbanas que habían partido con Pénula y la que iba a hacerlo con Nerón, y probablemente este era el objetivo de la misma.

La noticia de que debía trasladarse debió llegarle a Piceno a mitad de la primera quincena de octubre. La distancia de Asculum Picenum a Roma es de unos 200 km de los que buena parte se recorrían por la Vía Flaminia. A marchas forzadas supone unos diez días, lo que le sitúa en la Urbs a final de la tercera semana de octubre. Si la leva se ordenó a la vez que se mandó el aviso a Nerón, los nuevos reclutas estarían en Roma en aproximadamente un mes, alrededor de la primera semana de noviembre. En ese momento partiría hacia Campania el ejército de Nerón. Desde Roma a Suésula por la vía Apia hay otros 200 km, lo que implica que debió tardar otros diez en llegar. La llegada a su destino sería en la tercera semana de noviembre.

Pese al evidente éxito de Aníbal en Lucania al rebelarse parte del territorio en primavera, la muerte de Graco y la deserción del ejército que operaba allí a comienzos del verano y la posterior destrucción del ejército de Pénula a final del mismo, la situación no le era tan favorable como pudiera parecer. Desde el punto de vista logístico, el golpe asestado por Flaco al capturar el campamento de Aníbal en Benevento le había dejado sin parte de su tren de suministros. Por otra parte los aliados campanos del bando púnico no podían proporcionar nada al haber sido devastada su cosecha y muy al contrario demandaban alimentos. De igual modo cabe pensar que la visita de aproximadamente un mes a Lucania del ejército consular de Apio Claudio y el escaso periodo que pudieron operar allí los hombres de Pénula, lo debieron dedicar a destruir los recursos de la zona bajo órbita púnica. Sin duda Aníbal había salvado momentáneamente Capua gracias al éxito de su guarnición reforzada, e incluso había podido introducir un primer convoy de suministros en la ciudad. Pero el desastre del campamento supuso la pérdida no sólo de una pequeña guarnición púnica y una cantidad importante de tropas y población civil campana que había acudido a él, sino también la de parte de la impedimenta de su propio ejército y los suministros que aún le quedaban en el mismo. Eso le obligaba a retornar a su base más cercana al teatro de operaciones, Apulia. Pero la vuelta a territorio aliado no le debía asegurar disponer cantidad suficiente de avituallamiento para sostener operaciones en zonas muy alejadas y suministrar a sus aliados campanos pues, no en vano, ya les había aportado gran cantidad a comienzo del verano.

Desde mitad de septiembre hasta después de la llegada del ejército de Nerón a Suésula los cónsules estuvieron preparando la siguiente fase del asedio a Capua. Se dedicaron a acopiar víveres para poder pasar el cada vez más próximo invierno en Campania. Apio Claudio colocó a Décimo Junio como legado al frente de la fortificación junto a la desembocadura del Volturno y a Marco Aurelio Cota en Puteoli, con instrucciones de enviar el grano recibido al campamento romano junto a Capua. Por su parte Fulvio Flaco trasladó desde Casilino el tren de asedio necesario para cercar la ciudad. Para iniciar esta tarea recurrieron a la colaboración del nuevo ejército llegado a Suésula (Livio, AUC, XXV, 22, 5-8). Eran conscientes de que si querían completar el cerco debían hacerlo rápidamente antes de que Aníbal pudiera presentarse. De ahí que ese nuevo ejército recibiese una segunda legión. Cuantos más hombres hubiese, más rápido podría completarse el trabajo. Aunque la fecha del inicio de las obras de cerco de Capua no es conocida, es muy difícil que las mismos comenzasen antes de acabar noviembre. El hecho de que Nerón viniese a cooperar desde Suésula implica que ya estaba asentado allí cuando es requerido para colaborar. Un periodo de no menos de dos semanas puede ser razonable entre su llegada y su inicio de operaciones.

Mientras tanto Aníbal no permanecía quieto. Muy posiblemente obligado por las ya citadas necesidades logísticas retornó a Apulia (Livio, AUC, XXV, 20, 7). En esa zona operaba el ejército del pretor Cneo Fulvio Flaco, hermano del cónsul. Este se encontraba junto a la localidad de Herdonea. Aníbal le planteó batalla campal que fue aceptada. El enfrentamiento se saldó con el aniquilamiento del ejército romano del que apenas lograron escapar 2.000 soldados de los dieciocho mil presentes (Livio, AUC, XXV, 20, 6-10). No hay referencia temporal exacta sobre el momento en que sucedió, pero la cercanía de Apulia a Lucania y la reconstrucción cronológica que hemos realizado lleva el encuentro a la primera mitad de noviembre. Muy posiblemente tanto el encuentro con Pénula como este con Cneo Fulvio respondieran a una premeditada actitud ofensiva romana para atraer su atención a otras regiones y alejarlo de Campania. No en vano se dice que Cneo Fulvio había tenido un exitoso comienzo de operaciones (Livio, AUC, XXV, 20, 6).

La reacción al nuevo desastre en Roma fue ordenar a los cónsules y al pretor urbano recoger los restos de las tropas derrotadas, así como a los esclavos desertores del ejército de Graco (Livio, AUC, XXV, 22, 1-4). Como ya se ha comentado, al pretor urbano, Publio Cornelio Sila, también se le había encargado hacer la nueva leva (Livio, AUC, XXV, 22, 1-4). Así se encontraba el panorama a finales de noviembre cuando quedaba un mes para llegar al periodo invernal.

Pero aún quedaban nuevos acontecimientos que pasar antes de que acabase el consulado de ese año. Los dos ejércitos de Apio Claudio y Quinto Fulvio Flaco junto al del pretor Nerón comenzaron las tareas de cerco en torno a Capua.

Foto aérea Capua marcada

Según se puede apreciar en la fotografia aérea, el casco histórico de Capua (actual Santa María Capua Vetere), es sensiblemente redondeado con un diámetro entre 900 y 1.100 m. El muro de cerco romano distaba de las murallas unos dos estadios, alrededor de 350 m (Apiano, Guerra de Aníbal, 37). Si idealizamos la ciudad como una circunferencia de 1.100 m de diámetro, su perímetro sería de unos 3.455 m. El muro de cerco sería otra circunferencia paralela a la anterior con un diámetro de 1.800 metros y un perímetro de casi 5.700 m.

Capua cercada - v2

Para su construcción debieron dividir en tres tramos los trabajos, de modo que cada ejército se hiciese cargo de la tercera parte de la empalizada, o sea unos 1.900 m lineales. La obra consistía en una doble empalizada con fosos en el exterior de la misma. El material extraído de los fosos se utilizaba como terraplén entre la empalizada exterior y la interior. En este mismo espacio se ubicaba el campamento. A intervalos regulares se disponían torres de vigilancia (Apiano, Guerra de Aníbal, 37).

Sección muralla

Con no menos de 50.000 hombres en torno a Capua, podemos darnos cuenta que los trabajos debieron completarse en un espacio de tiempo muy corto, probablemente no superior a dos semanas. Por comparación, los campamentos de marcha, aunque con una sola empalizada y foso, se montaban en un día, y el perímetro difícilmente bajaba de 500 m. La clave para poder ejecutar este golpe de manera rápida sin que a Aníbal le diera tiempo a llegar en su socorro, radicaba en la abundancia de hombres y en la afinada preparación logística. No en vano los preparativos hemos estimado que se prolongaron alrededor de dos meses y medio (desde mitad de septiembre a final de noviembre). Sumado a las dos semanas de ejecución del muro, nos sitúa a mediados de diciembre.

En ese momento Aníbal debía estar en el Salentino. Antes de acabar la campaña (algo que ocurría a finales de diciembre), se trasladó desde la cercana Herdonea a ese territorio. Tras dos batallas campales consecutivas en Lucania y Apulia, aparte del consiguiente volumen de heridos a los que tuviera que recuperar, es lógico pensar que debió de dar algún descanso a sus tropas. Su llegada al Salentino debió de tener lugar a final de noviembre, antes de que los romanos iniciasen los trabajos en el muro. Se dirigió contra Tarento con la esperanza de apoderarse de su ciudadela por asalto o por traición. Ante la falta de resultados de su acción marchó entonces contra Brindisi con la promesa de que la plaza sería entregada por traición (Livio, AUC, XXV, 22, 14). Pero esta última era una colonia latina, por lo cual era difícil esperar una traición. E igualmente en la ciudadela de Tarento donde la mayor parte serían militares romanos. Aparentemente estas dos acciones coincidieron en el tiempo con la llegada a Tarento desde Sicilia de una potente flota militar cartaginesa (Livio, AUC, XXV, 27, 11-13) que debió tomar parte en el asedio. El que esta acción estuviese coordinada de antemano explicaría que el general cartaginés no acudiese a Campania nuevamente.

Antes de concluirse el cerco sobre la capital campana, una delegación de Capua acudió a Brindisi a pedir ayuda a Aníbal (Livio, AUC, XXV, 22, 10). Dada la urgencia del caso y que la distancia entre Capua y Brindisi es de unos 360 km, yendo a caballo debió de tardar bastante menos de una semana en llegar al Salentino e igual tiempo en volver con la respuesta. Sabemos que a su regreso a Capua la ciudad ya estaba rodeada de doble foso y empalizada (Livio, AUC, XXV, 22, 16). Esto confirma que la estimación de haber tardado un máximo de quince días en la construcción del muro es bastante realista pues la embajada sale con el muro en construcción y retorna con él terminado. La respuesta de Aníbal fue que acudiría en su auxilio y rompería el cerco (Livio, AUC, XXV, 22, 15).

El pretor urbano comunicó a los cónsules que permitieran salir libremente de Capua antes de los idus de marzo a aquellos que quisieran hacerlo (Livio, AUC, XXV, 22, 11). Otros autores precisan que fue una vez concluidos los trabajos de cerco cuando el Senado se planteó ofrecer una medida de gracia a los campanos si cambiaban de bando antes de una determinada fecha. Esta oferta fue rechazada por los sitiados (Diodoro Sículo, XXVI, 17 y Livio, AUC, XXV, 22, 13). Este detalle confirma que la circunvalación de Capua se completó antes de que finalizase el consulado. Refrendando esta evidencia está la mención a la convocatoria de elecciones consulares. Las mismas solían tener lugar entre la mitad de noviembre y la mitad de enero. En este caso hay una cita explícita a que la solicitud de que uno de los cónsules acudiera a Roma a convocar las elecciones fue hecha con el año a punto de finalizar aprovechando la tranquilidad existente en Capua, siendo Apio Claudio el seleccionado para dicho cometido (Livio, AUC, XXV, 41, 8-10). Este detalle de estar la situación tranquila apunta a que el cerco estaba completo y se encontraban en pleno período de invernada.

Otros frentes de guerra

La trepidante acción bélica no fue exclusiva de Italia. En Sicilia la guerra dio un vuelco definitivo a favor de Roma cuando estos consiguieron tomar al principio de la campaña parte de Siracusa (Livio, AUC, XXV, 23, 8-17 a 25, 13). Poco después se produjo un fallido contraataque púnico para socorrer Siracusa (Livio, AUC, XXV, 26, 3-6). Una epidemia de peste aniquiló en el otoño el ejército cartaginés enviado a operar junto al ejército siracusano (Livio, AUC, XXV, 26, 7-13). Poco después, Bomílcar llegó con refuerzos, suministros y una flota de guerra, pero al ver venir la flota romana junto al cabo Pachino, mandó que las naves de transporte que estaban en Heraclea Minoa volvieran a África mientras él se dirigía a Tarento (Livio, AUC, XXV, 27, 11-13). Finalmente, los romanos completaron la conquista de la ciudad en fechas parecidas a las que se terminaban el muro de cerco de Capua (Livio, AUC, XXV, 23, 1), lo que sitúa la acción al final del otoño o primeros días del invierno.

Sin embargo en Hispania el signo de los acontecimientos fue fatal para Roma. Probablemente hacia el principio del otoño, con un mes de diferencia los hermanos Escipión resultaron muertos y buena parte de sus ejércitos aniquilados en dos combates ocurridos en la Bética (Livio, AUC, XXV, 32 a 36). Los supervivientes de las dos derrotas encabezados por Lucio Marcio replegaron hasta el Ebro donde a final del otoño volvieron a enfrentarse con los ejércitos púnicos a los cuales vencieron, lo que les permitió estabilizar la situación (Livio, AUC, XXV, 37 a 39). Después de estos hechos pasó un período de tiempo sin que hubiese más combates (Livio, AUC, XXV, 39, 18). Posiblemente este periodo se refiere al invierno.

Algunos autores ubican estos acontecimientos bélicos en el año 211 a.C. debido a dos citas de Tito Livio referidas a haber estado dos años sin combates (Livio, AUC, XXV, 32, 1) y a que Cneo murió al octavo año de llegar a Hispania (Livio, AUC, XXV, 36, 14). Pero hay otra cita más clarificadora que sitúa la llegada a Roma de una carta de Lucio Marcio explicando lo sucedido y el debate suscitado por los nuevos cónsules a cuento del tratamiento que debía dársele en la misiva de respuesta, a comienzos del consulado de 211 a.C. (Livio, AUC, XXVI, 2, 1-4), lo que obliga a que ambos estuviesen en la ciudad, algo que sucedía al principio de su mandato, en los albores de la primavera. E inmediatamente después la designación por la asamblea plebeya del nuevo general para ir a Hispania (Livio, AUC, XXVI, 2, 5), lo que necesariamente obliga a que el desastre de los Escipiones ocurriese en la parte final del año anterior. Corroborando esto, en el juicio celebrado en esas mismas fechas contra Cneo Fulvio Flaco por la derrota en Herdonea del otoño anterior, se adjudica en el discurso del tribuno de la plebe Cayo Sempronio Bleso una cita a haber muerto ya los Escipiones (Livio, AUC, XXVI, 2, 13). La situación en este frente de guerra hacía necesario que Roma enviase cuanto antes un nuevo general y reconstruyese su ejército. Este hecho condicionaría los movimientos de tropas de comienzo de la siguiente campaña (Livio, AUC, XXVI, 11, 6 y XXVI, 17, 1-2).

El que el ejército de reserva que constituían las legiones urbanas no se enviase a Hispania en 212 a.C. indicaría que cuando sucedieron estas dos derrotas no estaba disponible, lo que de acuerdo a la hipótesis planteada implicaría que dichas legiones urbanas habían sido ya asignadas a los ejércitos de Pénula y Nerón, lo que retrasaría hasta entrado el otoño la fecha en que tuvo lugar la muerte de los Escipiones.

En el protectorado romano de Iliria la situación también se complicó. La principal fuente de estos acontecimientos es Polibio y su obra es fragmentaria en los hechos sucedidos entre 213 y 212 a.C., lo que hace imposible distinguirlos como señala Walbank (F. Walbank, Philip V of Macedonia, p.300). No obstante, dado que a final de 214 a.C. Filipo V recibió un serio correctivo de manos de Marco Valerio Levino, lo más seguro es que al principio de 213 a.C. permaneciese a la expectativa, conociéndose operaciones suyas en Mesenia (Peloponeso). Sin embargo la entrada en la guerra junto a Cartago de la ciudad griega de Siracusa a comienzo de la primavera y las operaciones púnicas en el Salentino durante el verano, culminadas a final de esa campaña con el cambio de bando de los también griegos de Tarento debieron suponer un aliciente para el monarca macedonio. La atención que el propretor romano Marco Valerio Levino debió prestar a lo que ocurría en el Salentino fue aprovechado por Filipo para atacar el protectorado romano de Iliria. Si bien no es posible distinguir en que momento se produjeron sus operaciones, pues estas abarcan un período de dos años (213 y 212 a.C.), sí sabemos que tomó la ciudad de Lisso y su ciudadela (Polibio, Historias, VIII, 13-14). Con esta captura el rey obtuvo acceso al Adriático. Filipo también sometió a sus vecinos y conquistó nuevas plazas ilirias (Polibio, Historias, VIII, 14, 10-11). Entre ellas estaría Hiscana (Polibio, Historias, VIII, 40, 3). También consta su ataque a los dasaretas (Polibio, Historias, VIII, 40, 2). En teoría Filipo dominaba esta zona desde final de 217 a.C. tras recuperar el control sobre ella que le había quitado el rey ilirio Escerdileas (Polibio, Historias, V, 108, 8-9). El territorio alrededor de los dardanos fue despoblado por los macedonios (Polibio, Historias, XXVIII, 8, 3). Por las conversaciones de paz de 208 a.C. de macedonios y etolios, sabemos que los romanos tenían perdida en ese momento la Atintania, los ilirios el territorio de los ardieos y los mesenios la ciudad de Pilo (Livio, AUC, XXVII, 30, 13). También conocemos que en algún momento Filipo les arrebató la región de Partinia (al norte de Dirraquio-Epidamnio-) y la ciudad de Dimale porque en 205 a.C. tratan de recuperarla (Livio, AUC, XXIX, 12, 3-7 y Zonaras, Epitome Historion, IX, 11, 7) y la incluyen en el acuerdo de paz.

Ante los avances que realizó Filipo V en Iliria y tratando de evitar distraer efectivos propios, antes de la primavera de 212 a.C. se produjeron los primeros contactos de los romanos con los etolios (Livio, AUC, XXV, 23, 9), que eran enemigos de Macedonia.

A final de la campaña de 212 a.C. la situación estratégica daba un cambio importante con estos acontecimientos. Filipo tenía salida directa al Adriático desde Liso, situada en la costa oriental de dicho mar. El paso del ejército macedonio a Italia estaba más cercano, aunque para ello necesitaba eliminar el obstáculo que suponía la flota romana desplegada en el Adriático. La ofensiva de Aníbal al final de la campaña sobre la ciudadela de Tarento y la colonia de Brindisi coordinada con la llegada de la flota de Bomílcar proveniente de Sicilia, posiblemente buscaba negar a los romanos el puerto empleado para la flota con la que estos vigilaban el Adriático. De haber tenido éxito podría haber recibido un ejército macedonio durante la campaña del año siguiente.

Análisis de la campaña

Dos consulados después de Cannas, los romanos habían logrado recuperar algo de terreno en Campania, Samnio y norte de Apulia, rechazar a los cartagineses en Cerdeña y un claro avance en Hispania y norte de África de la mano de su aliado Sífax. Sin embargo en el consulado de 213 a.C. la tendencia se invirtió. Las armas púnicas consiguieron extinguir la rebelión númida, iniciar el alzamiento en Sicilia, rechazar los ataques romanos sobre el Brucio y conquistar buena parte del Salentino incluida la ciudad de Tarento excepto su ciudadela. Su aliado macedonio Filipo V tomó varias plazas del protectorado romano en Iliria.

El año 212 a.C. constituyó el punto álgido de la guerra. A comienzo del consulado en Etruria debió de producirse algún atisbo de rebelión contra Roma que obligó a destinar un ejército a la zona. Los cartagineses prosiguieron su avance en el sur de Italia con el cambio de bando durante la primavera de las ciudades griegas de Metaponto, Turii y Heraclea y la rebelión de una parte de Lucania. Se rechazó también a principio del verano la ofensiva romana sobre Capua y por las mismas fechas se dio muerte en emboscada al procónsul Graco lo que provocó que su ejército desertase, dejando Lucania desprotegida. Estos éxitos supusieron que a mitad de dicho verano los cartagineses alcanzasen su máxima expansión en la península itálica durante toda la guerra controlando la mayoria del territorio al sur de Campania. En Sicilia lograron alzar algunas localidades del interior de la isla pero durante la primavera Marcelo tomaba una parte de la ciudad de Siracusa. En los Balcanes, Filipo V siguió progresando en el protectorado en Iliria logrando una salida al Adrático a través de Liso. A principio del otoño en Hispania los ejércitos romanos eran aniquilados por los generales cartagineses destinados en la península ibérica obligando a los supervivientes a replegar al norte del Ebro. Excepto en Sicilia, los avances púnicos en todos los frentes les permitía soñar con la victoria en la guerra.

Pero hacia el final del verano la situación comenzó a cambiar. Mientras Aníbal perseguía por Lucania al ejército de Apio Claudio, su colega consular conseguía tomar el campamento púnico de Benevento desde el cual se abastecía a Capua, apresando a una importante cantidad de campanos que participaban en el puente logístico. El golpe no sólo debilitaba la guarnición de Capua y cortaba el suministro, sino que hacía perder una base logística y buena parte de la impedimenta y las reservas de grano con las que contaba el general cartaginés. Eso impediría que en el futuro inmediato Aníbal pudiese sostener operaciones alejado de sus bases del Brucio y Apulia. Sin embargo los éxitos del célebre general púnico no se iban a detener. A comienzo del otoño conseguía aniquilar al ejército enviado a Lucania a ocupar el sitio que dejara el de Graco. Y hacia mitad de la estación hacía lo propio con el ejército del pretor en Apulia.

Sin embargo el final del otoño trajo para los romanos tres importantes éxitos. En Campania, aprovechando la lejanía de Aníbal, conseguían rodear Capua con un muro de cerco. En Sicilia, Marcelo tomaba la ciudad de Siracusa mediante traición. Y en Hispania Lucio Marcio lograba una victoria frente a los ejércitos púnicos que permitía estabilizar la situación. Por el contrario Aníbal realizó un último y fracasado intento contra la ciudadela de Tarento y contra la ciudad de Brindisi en combinación con una flota cartaginesa llegada desde Sicilia.

A pesar de estos últimos reveses, el único retroceso significativo de todo el año para Cartago había sido la pérdida de Siracusa. Incluso la cercada Capua no había caído aún y Aníbal albergaba la esperanza de romper el bloqueo.

La caída de la principal ciudad aliada púnica el siguiente año pondría de relieve la importancia del éxito romano al circunvalar Capua con un muro de cerco. Tradicionalmente se ha achacado al general cartaginés haber tomado una mala decisión al dirigirse a Tarento en lugar de acudir a Capua. El análisis de la campaña muestra, sin embargo, que hubo algunos factores adicionales que influyeron en esta decisión. Aníbal previó abastecer a la ciudad campana para que pudiera sostenerse de manera aislada durante un largo tiempo. De hecho su caída se produjo durante el verano del año siguiente, unos seis meses después de que quedase aislada del exterior, lo que demuestra que los cartagineses habían podido introducir una gran cantidad de víveres que les permitió aguantar sin haber cosechado desde finales del verano de 212 a.C. hasta el verano del año siguiente. De no haberse producido la acción de Fulvio Flaco contra el campamento de Benevento interrumpiendo dicho suministro la resistencia aún habría sido más duradera en el tiempo. Esto indica que Aníbal planeaba estar alejado de Campania durante un tiempo mientras se volcaba en otros objetivos militares. Pero este golpe al campamento afectó también a sus reservas de grano y al tren logístico de su propio ejército. Aunque la intención del general púnico fuese operar lejos de Campania, ante una urgencia de uno de sus aliados más significativos lo más seguro es que hubiese variado sus planes. Pero la pérdida de ese campamento debió ser un serio contratiempo que le dificultaba operar lejos de sus bases logísticas en una zona asolada en la que no era posible forrajear o en la que por fecha ya se había recogido la cosecha en los campos. De hecho, para poder sostener el sitio durante el invierno, los cónsules romanos estuvieron cerca de dos meses y medio acopiando grano de Cerdeña y Etruria en varias posiciones en torno a Capua, lo que denota el agotamiento de recursos que sufría Campania.

Simultáneamente, con el fin de atraer la atención de Aníbal a otros escenarios, los romanos debieron

ordenar a sus ejércitos en Lucania y Apulia iniciar una ofensiva. Y dado que en esos momentos a mitad del otoño los cónsules no atacaban directamente a Capua, el general cartaginés permaneció en Lucania para enfrentar a Pénula a comienzos de octubre y acudió a Apulia para hacer lo propio con el pretor Cneo Fulvio Flaco durante noviembre.

A finales de noviembre o principios de diciembre atacó la ciudadela de Tarento en una acción combinada con una flota mandada por Bomílcar que salió de Cartago, permaneció un tiempo en el cabo Pachino en Sicilia y tras dejar suministros en el sur de la isla recaló fialmente en Tarento. La complejidad de este movimiento requería una planificación previa a la cual se debía Aníbal. Pero aún en ese momento no se habían iniciado las labores de circunvalación de Capua. Fue mientras estaba en Brindisi cuando conocemos la llegada de la embajada campana con las noticias del inicio del muro de cerco. Ambas localidades están separadas unos 360 km por la vía Apia. La embajada debió salir cuando empezó a hacerse el muro y a su regreso a Capua este estaba concluido. Esos 360 km para un ejército en orden de marcha suponen unos 18 días de viaje, para la embajada lógicamente hacer los 720 km supuso menos días pues un grupo reducido y a caballo avanza mucho más rápido, pero lo que resulta evidente es que la circunvalación debió ser concluida en un máximo de dos semanas. La buena planificación de los trabajos y la presencia de tres ejércitos trabajando en un muro de cerco de unos 5.700 m hacía imposible que Aníbal llegase a tiempo desde el Salentino aunque se enterase muy rápido de lo que sucedía. Incluso estando en Salapia (una de sus principales bases de invernada en estos años) que está situada al norte de Apulia, difícilmente hubiese podido presentarse en menos de ocho días.

Conclusiones

La captura de Capua constituyó el principal objetivo de los cónsules romanos durante la campaña de 212 a.C. La creciente rebelión contra Roma de distintos pueblos a lo largo de toda la península itálica debía ser atajada y la ciudad de Capua constituía el faro de dicha rebelión. Su caída lanzaría un mensaje inequívoco a cualquier intento sedicioso sobre la incapacidad de Aníbal de defenderlos. Y con ese fin estratégico se planificó la campaña. La primera batalla de Capua se enmarca dentro de la primera fase del asedio de esta ciudad. Tito Livio difundió que al principio de la campaña hubo dos enfrentamientos, uno primero de la guarnición de la ciudad contra los forrajeadores romanos que asolaban la campiña y otro segundo en el que se enfrentaron en batalla campal los dos ejércitos consulares por un lado y el ejército de Aníbal por otro. Sin embargo este segundo combate se trata de una versión falsa basada en el relato de algún analista que no nos ha llegado de manera directa. Este analista habría tratado de maquillar el revés sufrido por los forrajeadores de los ejércitos consulares presentándolo como una pequeña derrota en batalla ante el ejército de Aníbal. Livio debió leer en sus fuentes ambas versiones y habría interpretado que se trataba de dos enfrentamientos diferentes. El único combate sería en realidad el que mantuvieron los forrajeadores de los dos ejércitos consulares contra los efectivos de la guarnición de la ciudad que habían sido reforzados por 2.000 jinetes enviados por Aníbal en secreto. El resultado del combate fue favorable a los cartagineses y campanos que endosaron 1.500 bajas a sus enemigos.

Los errores de Livio se extienden también a la cronología que da de los hechos, producto seguramente de querer encajar acontecimientos que leyó en las versiones de algunos analistas. Gracias principalmente a los textos de Apiano y Dion Casio/Zonaras, es posible complementar y corregir los datos aportados por Livio y tener un relato más coherente de lo sucedido ese año en los distintos escenarios con una línea temporal mucho más ajustada.

Como resultado de esa reconstrucción fáctica y temporal, se puede afirmar que estamos ante  el punto álgido de la segunda guerra púnica. Durante el verano las armas cartaginesas alcanzaron su máxima expansión territorial al dominar la mayor parte de Lucania, el Salentino y casi toda la Magna Grecia excepto Regio. Sin embargo, a final del verano los romanos consiguieron un gran éxito al destruir la base logística que Aníbal tenía en Benevento, lo que fue un factor clave para entender los movimientos del resto de la campaña. La necesidad del general púnico de acudir a Lucania y Apulia a contrarrestar la acción de los ejércitos romanos allí destinados y el esfuerzo realizado por sus enemigos enviando un tercer ejército a Campania, permitió que la ciudad de Capua fuese circunvalada justo antes del invierno por un muro de cerco construido en un corto lapso de tiempo y que la campiña a su alrededor fuese un terreno yermo que impidiese a un ejército sin logística acercarse al área y permanecer mucho tiempo. Pese a los éxitos del general cartaginés a lo largo del otoño destruyendo los ejércitos romanos que operaban en Lucania y Apulia y un postrero intento fallido de completar la conquista del Salentino atacando la ciudadela de Tarento junto a la flota de Bomílcar y la cercana colonia de Brindisi, el objetivo principal romano para esa campaña estaba en camino de ser logrado. Capua había quedado aislada.

En otros frentes de guerra la suerte había sido dispar. Mientras en Hispania las fuerzas romanas a duras penas sostenían el territorio al norte del Ebro tras resultar muertos en combate ambos Escipiones, en Sicilia, Marcelo completó la conquista de Siracusa y con ello de la casi totalidad del antiguo reino de Hierón. En el protectorado de Iliria sin embargo las posiciones romanas retrocedieron, perdiendo numerosas plazas. En Etruria la inestabilidad obligó a Roma a destinar un ejército para evitar el estallido de una nueva sedición. Con la guerra en su máximo apogeo se iniciaría el siguiente consulado que resultaría decisivo para inclinar definitivamente el signo de la contienda.

Bibiliografía

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