Batalla del Tesino

Tras un largo viaje de cinco meses, el ejército cartaginés que había salido de Quart Hadast (actual Cartagena) bajo mando de Aníbal, lograba llegar a las llanuras del Po, al norte de la península itálica, después de atravesar la imponente cordillera de los Alpes. A partir de ese momento comenzaría a hacer la guerra a sus enemigos romanos en su propio territorio. Le esperaba en Italia un largo periplo de casi dieciséis años plagado de combates, antes de verse obligado a retornar a África a defender a su patria para enfrentarse a Escipión Africano en la que sería la última batalla de la segunda guerra púnica. Este episodio narra su primer combate de cierta envergadura contra los romanos, ocurrido en las cercanías del río Tesino, que le opuso al ejército mandado por el cónsul Publio Cornelio Escipión.

Para las reconstrucciones de fechas realizadas a lo largo del artículo se ha partido de dos fenómenos astronómicos, las Pléyades y el solsticio de invierno, cuya referenciación a un calendario actual no ofrece dudas. Se ha procurado minimizar las dataciones temporales ligadas a nombramientos de magistrados, debido a que el calendario romano sufría en esta época histórica importantes variaciones con intercalaciones arbitrarias de días, semanas o meses para adecuarlo a los desfases con los fenómenos astronómicos conocidos de periodicidad anual, por lo que no hay plena seguridad de su correlación con un calendario actual.

La llegada del ejército cartaginés al valle del Po

Tras quince días de iniciado el ascenso de los Alpes (Polibio, Historias, III, 56, 3), el ejército cartaginés lograba culminar su paso. Un peligroso periplo que le ocasionó abundantes bajas en hombres, animales y suministros, tanto a manos de las tribus montañesas como por culpa de las inclemencias meteorológicas y dificultades orográficas, que dejó a los supervivientes en un precario estado.

Ruta Aníbal

Ruta de Aníbal

De los 38.000 infantes, 8.000 jinetes y 37 elefantes con los que llegó al Ródano (Polibio, Historias, III, 60, 5), tras atravesar los Alpes tan sólo seguían con Aníbal 20.000 infantes, 6.000 jinetes (Polibio, Historias, III, 56, 4 y Livio, AUC, XXI, 38, 7) y un número indeterminado de paquidermos.

Polibio da un importante indicio para estimar la fecha de llegada a Italia de Aníbal al comentar que corona los Alpes cerca del final de las Pléyades (Historias, III, 54, 1). Este fenómeno ocurre el 7 de noviembre en la zona de los Alpes (Gaetano de Sanctis, Storia dei romani, Apéndice cap.VI, 3, p.79). ¿Cuántos días antes de esas Pléyades fue la coronación de la cordillera por el ejército púnico?

Para dar respuesta a esta pregunta es necesario analizar una serie de hechos que nos cuentan los historiadores clásicos.

Partimos de las referencias cronológicas de la batalla de Trebia. La misma tuvo lugar el día del solsticio de invierno de 218 a.C. (Apiano, Guerra de Aníbal, 2, 6, 6) o en torno a él (Polibio, Historias, III, 72, 3 y Livio, AUC, XXI, 54, 13). Damos por buena la fecha del 21 de diciembre para este hecho.

El siguiente punto a considerar es la fecha de llegada del cónsul Sempronio al entorno del Trebia y los días que pasan hasta la batalla una vez en la zona. Sabemos que su ejército tardó cuarenta días en llegar desde Sicilia (Polibio, Historias, III, 68, 14). Igualmente, Polibio, en el discurso que adjudica a Emilio Paulo previo a la batalla de Cannas informa que el combate del Trebia fue el día después de llegar de Sicilia los hombres de Sempronio (Polibio, Historias, III, 108, 8), pero teniendo en cuenta que se produjo una escaramuza de sus fuerzas ligeras contra los númidas y galos y no se nos dice que la misma tuviese lugar mientras montaba su campamento, parece más lógico pensar que esta escaramuza fuese un día después de llegar y que la batalla fuese al día siguiente de esta. Esto significa que la partida desde la isla debió ser el 9 de noviembre.

Ahora es necesario vincular esa fecha de partida de Sicilia con algún movimiento conocido de Aníbal. El cónsul Sempronio estaba con su flota realizando una misión en las islas Vulcano (al norte de la isla) cuando tras regresar a Sicilia le esperaba la noticia de que Aníbal estaba en Italia y que el Senado le ordenaba dirigirse a la Galia Cisalpina (Livio, AUC, XXI, 51, 6). Esta noticia junto con el hecho de que había empezado a conquistar ciudades fue conocida por Escipión cuando llegó a Placentia (Livio, AUC, XXI, 39, 5 y Polibio, Historias, III, 61, 6). Pero no tuvo que ser él quien diera la voz de alarma, sino que perfectamente pudieron ser los colonos de Placentia que se encontraban más cerca al territorio donde se produjeron las novedades. Se supone que en ese momento se debió despachar un mensajero a Roma para informar del evento. Teniendo en cuenta que desde Placentia a Roma hay unos 550 km, es difícil que un mensajero a caballo llegase antes de tres días. Si le añadimos un día de deliberación en el Senado y otros cuatro días más para que el mensaje llegue a Sicilia, la fecha de partida del primer mensajero en Placentia debió rondar el 31 de octubre. Y dada la cercanía del territorio taurino a Placentia, lo más tarde que pudieron enterarse de la conquista por Aníbal de la capital de esta tribu gala sería un día después, luego la misma debió culminarse el 30 de octubre. Conociendo que Aníbal dio un breve reposo a sus tropas tras cruzar los Alpes (Apiano, Guerra de Aníbal, 2, 5, 1) y que estuvo tres días sitiando la capital taurina, el final del cruce de los Alpes debió ser una semana antes, alrededor del 23 de octubre. Y dado que el total del cruce de los Alpes le supuso quince días y la coronación unos nueve días, esta habría tenido lugar el 17 de octubre. Esta fecha es 3 semanas antes del fin de las Pléyades. Hay autores que interpretan que el final de las Pléyades se refiere a la llegada del tiempo frío y que como tal es imprecisa (Gaetano de Sanctis, Storia dei romani, Apéndice cap.VI, 3, p.79). Considerando que la climatología de hace 2.200 años es bastante parecida a la actual, que las Pléyades coinciden con la mitad del otoño y que para esas fechas comienzan las primeras nevadas en la zona de los Alpes, la datación cronológica del cruce de esta cordillera realizada por Polibio es verosímil, por lo que daremos por buenas las fechas que hemos deducido para estos acontecimientos.

Volviendo al relato de los hechos, Aníbal, tras cruzar los Alpes dio un breve descanso a sus tropas (Apiano, Guerra de Aníbal, 2, 5, 1), e intentó trabar amistad con la tribu gala más cercana a los Alpes, los taurinos. Estos se encontraban en guerra con la tribu de los ínsubres (Polibio, Historias, III, 60, 8 y Livio, AUC, XXI, 39, 1), asentada principalmente en las llanuras al norte del Po y el este del río Tesino. Ambos pueblos junto a boyos y galos trasalpinos ya habían participado apenas siete años antes (225 a.C.), en la gran alianza gala que trató de invadir Etruria y que acabó sucumbiendo ante los romanos en la batalla de Telamón (Polibio, Historias, II, 28, 4). Ya fuera por estar escarmentados por este hecho, por su conflicto con los ínsubres o por algún acuerdo que pudiera existir con la República romana, rehusaron la amistad con los púnicos. Es de reseñar que este pueblo no había vuelto a enfrentarse a los romanos, a diferencia de los boyos, que en 224 a.C. fueron invadidos y sometidos. Al año siguiente (223 a.C.) les tocó el turno a los ínsubres que se rindieron finalmente durante el 222 a.C.

La reacción cartaginesa ante la negativa de los taurinos fue acampar junto a la capital de este pueblo, Taurinum, y tras tres días de asedio tomarla, pasando a cuchillo a todos los que se le habian opuesto, como signo de advertencia a los pueblos galos de la comarca que pudiesen dudar de aliarse con ellos (Polibio, Historias, III, 60, 10; Apiano, Guerra de Aníbal, 2, 5, 1; Livio, AUC, XXI, 38, 7).

Acontecimientos previos en la Galia Cisalpina

Los romanos contaban con un ejército desplegado en la zona desde el comienzo del consulado de 218 a.C. bajo mando del pretor Manlio Vulso. A finales de esa primavera, en el mes de junio, habían sido constituidas las colonias latinas de Placentia y Cremona junto al río Po (Asconio Pediano, “Cinco narraciones de la oratoria de Cicerón”, “El Senado contra Lucio Pisón”, vers. LXXX, 3). Este hecho junto con el reparto de tierras asociado a su constitución, provocó la rebelión de los boyos con la complicidad de sus vecinos ínsubres. Arrasaron la campiña, lo que obligó a los colonos y los triunviros enviados a organizar el reparto de tierras, a refugiarse en la ciudad de Mutina (nombrada erróneamente por Polibio como colonia romana) ante la inseguridad que les ofrecían los muros de la recién fundada colonia de Placentia. Mutina, localizada al sureste de la anterior, resulta sitiada (Livio, AUC, XXI, 25, 8) y durante un parlamento con los boyos los embajadores romanos son apresados.

La rebelión de los boyos coincidió en el tiempo con la llegada a Roma de la noticia del cruce del Ebro por Aníbal (Livio, AUC, XXI, 25, 2). Si la salida de Quart Hadast (Cartago Nova) fue cinco meses antes de su llegada al valle del Po (Polibio, Historias, III, 56, 3 y Livio, AUC, XXI, 38, 7), que hemos calculado el 23 de octubre, esta debió ocurrir en la segunda mitad de mayo de 218 a.C. Apiano alarga el viaje a escasos seis meses (Guerra de Aníbal, 1, 4, 7). La distancia entre Cartagena y el Ebro es de unos 410 km que recorridos por un ejército con su tren logístico demora unas tres semanas. Esto sitúa el cruce del río alrededor del 15 de junio. Desde allí esta noticia difícilmente pudo llegar a Roma mediante mensajeros hasta unos quince días después, lo que por coincidencia data la rebelión de los boyos a inicios del mes de julio. Fecha coherente con la de la formación de las colonias durante el mes anterior.

A partir del inicio de la revuelta gala, conocemos que el pretor Vulso acudió con sus tropas en socorro de los colonos cercados en Mutina. Dado que la huida de estos fue desde Placentia hacia Mutina, que como hemos comentado está situada al sureste, es evidente que el ejército del pretor debió venir desde una posición más hacia el sureste de Mutina, lo que induce a pensar en Ariminum. Esta colonia latina fue durante toda la guerra la principal base de los ejércitos romanos en la Galia Cisalpina. La misma está situada 145 km al sureste de Mutina, por lo que cubrir esa distancia debió llevar alrededor de una semana, lo que nos coloca en la segunda semana de julio. Antes de llegar a Mutina los romanos fueron emboscados por los boyos en dos encuentros consecutivos en los que perdieron 500 y 700 hombres respectivamente. Se dirigieron entonces a Tanetum (40 km al noroeste de Mutina y cercana al Po), donde se atrincheraron y quedaron asediados, con el único socorro vía fluvial de sus aliados galos cenomanos (Livio, AUC, XXI, 25, 20).

Debido a estos sucesos, dicho ejército fue reforzado con un nuevo contingente mandado por un segundo pretor, Cayo Atilio, que llegó sin incidentes hasta Tanetum pues los galos se habían retirado por miedo (Polibio, Historias, III, 40, 14 y Livio, AUC, XXI, 26, 1-2). Es muy complicado que en Roma se enteraran de la emboscada y los apuros que pasaba su ejército en la Galia Cisalpina hasta tres días después de ocurridos los hechos, ya que para un jinete recorriendo la vía Flaminia, la distancia desde Tanetum a la ciudad eterna es de 500 km, de los que una parte es atravesando territorio boyo, lo que unido al tiempo de deliberación en el Senado sobre el curso a seguir nos sitúa alrededor del 15 de julio. Se decidió entonces mandar bajo mando del pretor Cayo Atilio, una legión y un alae del ejército que el cónsul Escipión tenía ya reclutado para ir a Hispania, y al mismo tiempo que este alistara otra legión y otro alae para sustituirlos (Livio, AUC, XXI, 26, 3). Este último hecho, retrasó la partida de Escipión hacia la zona de actuación que le había fijado el Senado.

Llegada de Escipión al Ródano

Por otra parte tenemos el dato de que ambos cónsules habían partido hacia su destino no mucho antes de que retornara a Roma la segunda embajada enviada a Cartago, Hispania y Galia Transalpina y que cuando esta llega, en la ciudad ya se había confirmado que Aníbal había cruzado el Ebro (Livio, AUC, XXI, 20, 8-9). La confirmación de la declaración de guerra debía darla la segunda embajada, pero el detonante de la decisión de partida de los cónsules parece derivarse de la llegada de noticias sobre el cruce del Ebro por parte del ejército de Aníbal (Polibio, Historias, III, 40, 2). Los preparativos para la guerra se habían iniciado con la confirmación de la caída de Sagunto y el retorno de la primera embajada enviada a Hispania y Cartago (Livio, AUC, XXI, 16), hecho sucedido poco antes de la toma de posesión de los nuevos cónsules de 218 a.C., Escipión y Sempronio. Correspondió a estos el inicio de alistamientos y aprovisionamiento de pertrechos. Polibio cuenta que a la vez que los cónsules reclutaban, terminaron la fundación de las colonias de Placentia y Cremona, su fortificación y envío de colonos (Historias, III, 40, 3-5).

La segunda embajada cuenta entre sus miembros con los dos cónsules del año anterior, por lo que debían haber terminado su mandato, rendido cuentas y haberse acordado por el Senado su participación y partida. Esto coloca su marcha no antes del inicio de abril.

Polibio informa que Aníbal tarda 15 días en cruzar los Alpes (Polibio, Historias, III, 56, 3), 10 días en llegar desde el punto de cruce del Ródano y el principio de la cordillera cubriendo 800 estadios (Polibio, Historias, III, 50, 1), y 5 días más en cruzar el Ródano desde que llega y acampa en su ribera occidental (Polibio, Historias, III, 43, 1). En total un mes desde que llega al cauce y son detectados por las tribus galas que habitan en su ribera oriental. Esto fija la fecha de llegada al Ródano en torno al 23 de septiembre. El punto de acampada está a cuatro jornadas de la desembocadura (Polibio, Historias, III, 42, 1). Por las referencias de velocidad de marcha de su ejército aportadas por Polibio (Historias, III, 50, 1), el punto de cruce del Ródano debía situarse cerca de la actual ciudad de Sauveterre, a unos 80 km de distancia de la desembocadura. En esa localización evitaba tener que cruzar el Durance y doblemente el Ródano al dejar al sur la isla de Barthelasse, máxime teniendo una tribu hostil al otro lado de estos obstáculos. Antes de cruzar el Ródano con su ejército, tras dos días recogiendo barcas y maderas, manda en la tercera noche una parte de sus tropas bajo mando de Hanón, 35 km más al norte hasta el encuentro con otro río (seguramente el Ardeche), con el fin de que crucen hacia la otra orilla en secreto (Polibio, Historias, III, 42, 6). Durante la quinta noche después de llegar al Ródano, inician el cruce y tras juntarse con los emboscados de la avanzadilla combaten y derrotan a los galos estableciendo ya al final del día su campamento en esa otra margen. Al día siguiente Aníbal se entera que los romanos han desembarcado en la desembocadura de dicho río y manda una sección de 500 jinetes númidas a explorar. Estamos alrededor del 29 de septiembre. Antes de terminar el día la sección retorna tras enfrentarse a un contingente de caballería romana y gala, descubriendo este último la ubicación del campamento cartaginés (Polibio, Historias, III, 45, 3). La presencia de jinetes galos junto a los romanos y la cercanía del enfrentamiento al campamento púnico permite deducir que los romanos estaban perfectamente coordinados con los galos de la orilla oriental y ya habían organizado la misión de exploración antes de la salida de la partida númida, lo que hizo que el punto de encuentro de ambas fuese más cercano al campamento cartaginés. Dado que el ejército púnico acampó en la orilla occidental cinco días antes de cruzar, surge la pregunta de cuando llegó el ejército de Escipión a la desembocadura del Ródano.

Los romanos se enteraron por la segunda embajada de la declaración de guerra estando ya en ese momento Aníbal muy próximo a pasar los Pirineos (Polibio, Historias, III, 40, 1-2). Desde una posición justo al sur de esta cordillera y del paso de Perthus, hasta el punto de cruce del Ródano hay unos 275 km, lo que supone unos 14 días de tránsito. Estos montes presentan en esa zona una altura mínima y escasa dificultad orográfica. Si le unimos el tiempo perdido nada más cruzarlos durante el parlamento en su campamento de Iliberri con los líderes locales galos, se puede añadir un día más. De hecho estos estaban reunidos en Ruscino, muy próximos al sitio donde acampó Aníbal y se acercaron rápidamente en cuanto el general cartaginés les emplazó a parlamentar (Livio, AUC, XXI, 24, 2), además de estar previamente contactados por agentes púnicos (Livio, AUC, XXI, 23, 1).

Si a la fecha deducida de llegada al Ródano del 23 de septiembre le detraemos esos 15 días que tardaría en llegar allí desde una posición justo al sur de los Pirineos, tenemos que el cruce de la cordillera tuvo lugar en torno al 8 de septiembre. Un día antes, el 7 de septiembre, Aníbal estaba al sur de los mismos, acontecimiento que según Polibio es coincidente con la llegada a Roma de la segunda embajada informando que en Cartago se ha optado por la guerra. Y esta llegada de la embajada, de acuerdo a Livio se produce con los cónsules ya habiendo partido a sus destinos un poco antes (Livio, AUC, XXI, 20, 8). Publio Escipión tardó cinco días en llegar a la desembocadura del Ródano más próxima a Marsella desde Pisa navegando por la costa etrusca y ligur y allí se enteró que Aníbal había cruzado ya los Pirineos (Polibio, Historias, III, 41, 4). De esta noticia debió tener conocimiento por sus aliados marselleses, los cuales tuvieron que saberla nada más producirse el cruce y llegar los cartagineses a Iliberri, más el tiempo en que viajase la noticia por el sur de la Galia hasta Massilia. Si en llegar a Iliberri desde el otro lado de los Pirineos los púnicos invirtieron un día, más un par de días más para que un jinete recorra la distancia de Iliberri a Massilia o un barco llegue de Ampurias a dicha ciudad, la llegada de la noticia del cruce de los Pirineos a la colonia griega sería alrededor del 11 de septiembre. Si el 7 de septiembre retornó la segunda embajada a Roma, lo más tarde que Escipión debió partir de la misma ciudad sería el 6 de septiembre. Lo que supone que como tarda cinco días de viaje en llegar a la desembocadura del Ródano desde Pisa y desde allí a Roma unos tres días más de navegación, esa llegada se produce como muy tarde el 14 de septiembre, tres días después de que en Massilia se enteraran de la noticia del cruce de los Pirineos. Como cuando el cónsul romano llega a esta ciudad es avisado de dicho cruce de la cordillera que separa Hispania de la Galia por las huestes púnicas, lógicamente el margen de llegada de Escipión a esta colonia griega estaría entre el 11 y el 14 de septiembre, lo que a su vez deja la partida de Roma en el intervalo entre el 3 y el 6 de septiembre.

Ruta Escipión a Marsella

Ruta de Escipión a Marsella

¿Qué supone esta cronología? Que si Aníbal llegó a la ribera occidental del Ródano el 23 de septiembre y cruzó a la otra orilla el 28 de septiembre, Escipión estaba en Massilia entre nueve y doce días antes. ¿Pudo salir a interceptarlo y no lo hizo? Zonaras (Epitome Historion, 23, 2) nos da la clave al contar que Escipión habría llegado al Ródano antes que su ejército, y que habría sido por sus instrucciones por lo que los galos de la zona destruyeron todos los medios de paso del río para retener a los púnicos en la otra orilla. Cuando finalmente los cartagineses pasaron el Ródano, coincidió con la llegada del ejército romano a Massilia, distante entre tres y cuatro días de marcha del punto de cruce del río. Estando Aníbal ya en la ribera oriental, se enteró de la llegada del ejército romano a la costa, enviando una partida de jinetes a efectuar un reconocimiento. A su vez el cónsul romano, ya en compañía de sus tropas, también envió una avanzadilla de caballería. Esto significa que la llegada del ejército consular a Massilia fue el 28 ó 29 de septiembre, aproximadamente quince días después de que lo hiciera el cónsul.

La partida de Escipión de Roma entre el 3 y el 6 de septiembre tiene también coherencia con la fecha deducida de inicio a partir del 15 de julio del alistamiento de una legión y un alae para su ejército. Entre esta fecha y la partida de Escipión a principio de septiembre trascurre algo más de un mes y medio, tiempo razonable para hacer el llamamiento y que se reúnan y reciban un adiestramiento mínimo los sustitutos de la legión y el alae que han marchado con el pretor Atilio. La llegada a Massilia unos quince días después que el cónsul indica que el entrenamiento de la nueva legión y el alae probablemente se alargó hasta los dos meses desde que fueron llamados a filas.

Retorno de Escipión a Etruria

Tras el cruce del Ródano por parte púnica, se produjo el combate de caballería entre las partidas de exploración de los ejércitos romano y cartaginés que hemos datado el 29 de septiembre. El día 30 la sección de exploración romana debía estar de regreso a su campamento con las novedades. Escipión movió entonces su ejército consular desde la desembocadura del Ródano hasta la ubicación que había tenido el campamento de Aníbal en la orilla oriental del mismo río, tardando tres días en llegar (Polibio, Historias, III, 49, 1 y Livio, AUC, XXI, 32, 1), lo cual debió suceder el 3 de octubre. Una vez allí se debió informar del rumbo tomado por los púnicos y tras las deliberaciones pertinentes decidió no perseguirlos, retornando a sus naves junto a la desembocadura del Ródano. Tras esto volvió a la costa, en lo que debió invertir los mismos tres días que a la ida, por lo que la llegada a sus naves debió ocurrir el día 6 de octubre, por lo que tras el embarque, se pudo poner en camino el 7 de octubre. Tras mandar a su hermano a Hispania con la mayor parte de su ejército consular, él se dirigió a Genua (Livio, AUC, XXI, 32, 5) y de allí a Pisa donde desembarcó (Livio, AUC, XXI, 39, 3). Si a la ida invirtió cinco días desde Pisa a la desembocadura del Ródano, en volver a Pisa debió tardar lo mismo, dando por supuesto que las corrientes y vientos no fuesen predominantemente contrarios, por lo que tuvo que tocar tierra durante el día 12 de octubre.

Movimientos de aproximación

El cónsul romano llevó con él un reducido número de tropas y se dirigió al encuentro del ejército de los pretores en la Galia, Lucio Manlio Vulso y Cayo Atilio. Este ejército no se encontraba junto al Po, pues sabemos que lo primero que hizo el cónsul al integrarse al mismo fue dirigirse hacia ese río (Livio, AUC, XXI, 39, 3).

Antes hemos deducido que la partida de Roma de la legión de refuerzo y el alae de Atilio no pudo ser antes del 15 de julio. Recorrer los 500 km que le separaban de Tanetum yendo a un ritmo de marcha elevado de 25 km/día (dada la urgencia de la situación) y con las precauciones debidas ante los boyos en su tramo final, no les llevó menos de tres semanas, lo que sitúa su llegada más temprana alrededor del 6 de agosto. Esto es aproximadamente casi dos meses antes del retorno de Escipión.

En este periodo un interesante interrogante es si los colonos romanos que se habían refugiado en Mutina, retornaron con el ejército de los pretores a Placentia. Sabemos que cuando Atilio llegó a Tanetum no fue acosado por los boyos y que estos se retiraron (Livio, AUC, XXI, 26, 2). Es lógico pensar que entonces se procediese a escoltar nuevamente a los colonos hasta la colonia situada junto al Po e incluso que se les dejase una fuerte guarnición. Una vez hecho esto se dirigieron a algún punto separado del Po. Si esto fue así, o bien se dedicaron a patrullar el área en que habían sido emboscados con el consiguiente riesgo, o bien retornaron a Ariminum, base habitual del ejército romano en la Galia.

Desde Pisa a Tanetum, atravesando la ciudad de Luna y el Paso de montaña de Cisa, hay unos 170 km. Pero si se encontraban en Ariminum, el viaje de Escipión desde Pisa sería de 210 km si se toma la ruta por el Paso de montaña del Muraglione y la actual localidad de Forli. Para una pequeña fuerza como era la que acompañaba al cónsul, la velocidad media recorrida podía ser de 25 km/día, lo que para la primera hipótesis supondría un tiempo de viaje de unos siete días y para la segunda nueve. Si le sumamos que en desembarcar sus hombres y descansar de la travesía marítima perdió el resto del día en que llegó, su incoporación al ejército de los pretores fue el día 19 de octubre si estaban en Tanetum y el 21 si se encontraban en Ariminum.

También sabemos que el siguiente movimiento de Escipión fue dirigirse con su ejército hacia Placentia y que cuando se produjo su llegada allí, Aníbal ya había tomado la capital de los taurinos (Livio, AUC, XXI, 39, 4-5). Dado que Escipión añadió a su ejército contingentes de galos aliados de Roma o al menos obligados por ella a colaborar, tal incorporación debió realizarse en ese viaje hacia el Po, lo que posiblemente implicó el paso por las cercanías de Cremona para alistar a los cenomanos vecinos a dicha colonia.

La distancia a recorrer para ir a Placentia desde Tanetum pasando por Cremona era de 80 km y desde Ariminum unos 270, lo que supone a ritmo de marcha para un ejército ya numeroso con un importante tren logístico (20 km/día), aproximadamente cuatro y trece días respectivamente. Si el ejército de los pretores estaba en Tanetum lo antes que podría llegar a Placentia sería el 23 de octubre. Si se encontraba en Ariminum, la llegada se produciría el 3 de noviembre. Hemos estimado la conquista de la capital de los taurinos en torno al 30 de octubre, por lo que la única manera de ser coherente con la cita de Livio es que Escipión se una al grueso de tropas romanas en Ariminum. En ese momento el cónsul mandó a Roma a los dos pretores Cayo Atilio y Manlio Vulso pasando a ostentar el mando en solitario (Apiano, Guerra de Aníbal, 5, 5). Esta fecha de llegada a Placentia permite que el cónsul se entere del recientísimo enfrentamiento de Aníbal con los taurinos y tome la determinación de salir a interceptarle antes de que pueda rebelar a otras tribus galas.

Movimientos Escipión de Pisa a Placentia

Movimientos de Escipión desde Pisa a Placentia

Tras la toma de la capital de los taurinos, Aníbal debió perder allí algún tiempo tomando represalias contra los perdedores y recibiendo a los que se le rindieron en la comarca (Polibio, Historias, III, 60, 10-11). Dado además que organizó combates entre los prisioneros que había hecho durante el cruce de los Alpes y que estos se produjeron antes de levantar el campamento y emprender la marcha, fácilmente pudo pasar un día más junto a esta ciudad, lo que alargaría su estancia allí hasta el 31 de octubre. Al día siguiente y probablemente con las noticias de la aproximación de su rival romano a Placentia, se puso en marcha para localizarle. El general púnico buscaba tener un primer enfrentamiento debido a que el resto de pueblos galos de la zona dudaban en alzarse por la presencia del ejército romano. Por ello siguió adelante tratando de extender la rebelión (Polibio, Historias, III, 60, 13). Desde la actual Turín hasta la desembocadura del Tesino hay aproximadamente 115 km, por lo que el ejército púnico tardó unos seis días de viaje. Unido al día transcurrido junto a la capital de los taurinos una vez conquistada, su llegada a las inmediaciones del lugar de la batalla debió ser el 6 de noviembre, acampando junto a Victimulae (Livio, AUC, XXI, 45, 3).

Los dos ejércitos estaban en movimiento cuando se detectaron mútuamente sus partidas de forrajeadores y decidieron acampar después de que el día anterior hubiesen marchado ambos junto al río (Polibio, Historias, III, 65, 1). Polibio, sin concretar el nombre del río al que se refiere, por el orden en que narra los hechos parece dar a entender que Escipión después de cruzar el Tesino marchó dos días más hasta acampar en las inmediaciones del lugar de la batalla (Historias, III, 65, 1-2). Esta interpetración no es la que mejor case con el hecho de que arengase a sus tropas justo antes de cruzar el mismo río (Polibio, Historias, III, 64, 2-11). La arenga tiene sentido ante la inminencia de un combate, con el enemigo “a la vista”. Livio confirma que la misma fue antes de que el ejército saliese en orden de batalla (AUC, XXI, 39, 10). Echar dicha arenga no encaja bien con seguir dos días más de marcha después de realizada la misma. Así pues, lo descrito por Polibio sobre el avance romano durante esos dos días junto a un río sin concretar, parece en realidad lo que Escipión hizo tras cruzar el Po hasta que llegó al Tesino y no lo ocurrido tras pasar este último cauce. Dado que la distancia entre Placentia y la desembocadura del Tesino en el Po es de aproximadamente 40 km, lo que coincidiría con dos días de marcha, el cruce sobre el último río se habría hecho cerca de la colonia de Placentia, posiblemente el día después de llegar allí desde Ariminum. Por otra parte, la alusión de Polibio de que ambos ejércitos se movían por la margen del río que mira a los Alpes (Historias, III, 65, 1) es algo que tiene sentido si el río por el que avanzaban es el Po, pues en el Tesino ambas márgenes miran a la cordillera. E igualmente es coherente con llevarlo los romanos a la izquierda y los cartagineses a la derecha que en el caso del Tesino obliga a explicaciones más complejas. Y también es coherente con el hecho de que al segundo día de cruzar el río, las vanguardias de ambos ejércitos que forrajeaban se detectasen mútuamente (Polibio, Historias, III, 65, 2). Si el río que se cruzó y tras el que Polibio narra acontecimientos fuese en realidad el Po, la distancia recorrida tras dos días de marcha coincidiría con la llegada de los romanos al Tesino desde Placentia. Es en ese momento cuando se detectaron, probablemente en la tarde del 6 de noviembre. Aníbal ordenó entonces a Maharbal que saliese en misión de saqueo con 500 jinetes númidas (Livio, AUC, XXI, 45, 2). Por su parte Escipión mandó acampar y construir el puente sobre el Tesino y una fortificación al otro lado del río para protegerlo (Livio, AUC, XXI, 45, 1). Tanto la rapiña de los jinetes númidas como la construcción del puente y la fortificación debieron tener lugar durante el día 7 de noviembre. Concluidos los trabajos del puente sobre el Tesino por los romanos, el general cartagines ordenó a Maharbal regresar (Livio, AUC, XXI, 45, 4). Las respectivas arengas debieron tener lugar pues durante este día 7 de noviembre.

En resumen, las reconstrucciones temporales de los hechos realizadas con romanos y cartagineses indican que Escipión completó el cruce del Po no muy lejos de Placentia el día 4 por el puente de balsas al que alude Livio (AUC, XXI, 47, 2) que incluso podía existír ya, habiendo avanzado entonces por la margen Norte de este río con dirección Oeste durante los días 5 y 6 de noviembre hasta llegar al Tesino donde detectó al enemigo y acampó. Allí construyó un puente y una fortificación probablemente durante el día 7 y arengó a sus tropas mientras lo construía (Polibio, Historias, III, 64, 1-2). Aníbal por su parte, alertado de la presencia romana, ordenó una salida de saqueo de Maharbal mientras sus oponentes construían el puente y también realizó un discurso a sus hombres en ese mismo momento (Livio, AUC, XXI, 45, 4-9), lo que refrenda que en realidad, al llegar Escipión a la margen Este del Tesino, lo hizo a un punto muy cercano a donde estaban los cartagineses, que se encontraban en la margen contraria. De hecho, estaban separados del lugar de acampada de sus rivales apenas cinco millas (Livio, AUC, XXI, 45, 3).

Sería al día siguiente al amanecer cuando el cónsul romano salió con sus tropas ligeras para realizar una exploración mientras Aníbal hizo lo propio con su caballería (Polibio, Historias, III, 65, 3). Esto sitúa la batalla el 8 de noviembre.

Tanto el cruce del Po como la estancia en la capital taurina de los cartagineses dan cierto margen para alargarse algo más de lo que se ha señalado aquí. De hecho algún autor afirma que el enfrentamiento no fue nada más verse sino que habría habido una espera (Zonaras, Epitome Historion, VIII, 23, 7)

Con anterioridad dedujimos que la partida de un mensajero desde Placentia a Roma con la noticia de la caída de la capital taurina debió ocurrir el 31 de octubre y que la llegada del mensaje a Roma debió ser tres días después, el 3 de noviembre, tomándose el día 4 la decisión de pedir a Sempronio su marcha hacia el Po desde Sicilia. Esta decisión lógicamente implicó una petición al cónsul Escipión, ya presente en el área, de que esperase a su colega. No se manda al segundo ejército consular al Norte para que el ya existente inicie la guerra solo. Luego si el mensaje tardó tres días en llegar de Placentia a Roma, en el trayecto inverso debió invertir el mismo tiempo, luego la respuesta del Senado pudo estar en Placentia alrededor del 7 de noviembre. En la reconstrucción de los hechos que hemos realizado, Escipión llegó a Placentia en torno al día 3 de noviembre. Eso significa que posiblemente desde un par de días antes ya conocía el ataque a los taurinos por los púnicos pues el mensaje enviado de Placentia a Roma y su ejército se debieron cruzar por el camino que iba a Ariminum. Sin embargo, cuando la respuesta del Senado llegó a Placentia el día 7, Escipión ya no estaba allí, pues el mismo día 4 debió continuar su marcha hacia el Oeste. Como para un jinete llevar el mensaje de Placentia al campamento cercano a la desembocadura del Tesino no debía demorar más que unas pocas horas dada la relativa cercanía, cabe pensar que al final de dicho día 7 de noviembre o en las primeras horas del 8, la comunicación del Senado estaría ya en el campamento del cónsul. Si fuese esto último, el cónsul se habría enfrentado a su enemigo justo antes de tener noticias del Senado. Pero si la fecha del encuentro demoró algún día con la supuesta en estas líneas (hablamos de un margen muy estrecho de días y muchos acontecimientos sucedidos en ellos), o si la comunicación llegó el mismo día 7, Escipión habría luchado con Aníbal pese a tener instrucciones del Senado ya en su poder de que esperase a su colega Sempronio, o como en otros casos documentados dilatando abrir las órdenes para justificar su no cumplimiento.

Por otro lado esta fecha del combate en torno al final de la primera semana de noviembre es coherente con la alocución que Tito Livio pone en boca de Aníbal aludiendo a que el cónsul llevaba solo seis meses siendo general (AUC, XXI, 43, 15). Dado que el primer mes y medio los cónsules lo pasaban reclutando y con otros asuntos organizativos, aproximadamente esos seis meses sería el tiempo desde que Escipión se había incorporado a un ejército operativo. Si bien es cierto que este tipo de discursos son en su mayor parte licencias literarias de los autores.

El campo de batalla

La ubicación del campo de batalla ha sido discutida por muchos autores a lo largo del tiempo existiendo los que lo sitúan en la margen derecha y los que lo hacen en la izquierda del Tesino. Aunque ya hemos adelantado los movimientos de Escipión en el apartado anterior, en este vamos a ampliar el análisis sobre dicho emplazamiento.

Lo primero a considerar es que la batalla es conocida por el nombre del río Tesino, lo que es indicativo de que probablemente no había ningún otro cauce más cercano.

Los movimientos antes de la batalla que se describen por los autores clásicos corresponden principalmente al ejército romano. Una primera consideración ya comentada es saber si Polibio se refiere al río Tesino o al Po cuando comenta el sentido de marcha de ambos ejércitos junto al cauce de un río. Si se tratase del Tesino y el combate fue en la margen izquierda de este río, el ejército de Aníbal debería haberlo cruzado para que la afirmación del autor griego fuese cierta. Si el territorio ínsubre se extendía únicamente al Este del Tesino y al Norte del Po, la posibilidad de que el combate fuese en dicha zona, quedaría reforzada por Tito Livio al narrar que tras cruzar el Tesino, los romanos entraron en territorio ínsubre (AUC, XXI, 45, 3). Que el lado Este del Tesino era territorio ínsubre es algo de lo que no hay dudas pues los romanos unos pocos años antes se dirigieron contra Acerrae y Mediolanum, poblaciones de esta tribu situadas en dicha llanura (Polibio, Historias, II, 34, 4). Y que el sur del Po no pertenecía a ese pueblo lo indica el detalle de que los ínsubres durante aquella campaña, cruzaron dicho río para atacar Clastidium como acto de distracción contra los atacantes romanos que cercaban Acerrae (Polibio, Historias, II, 34, 5). Pero es muy probable que en el lado Oeste del Tesino hubiese poblaciones ínsubres.

Tabula peutingeriana

Tabula peutingeriana

En la Tabula Peuntingeriana, que es copia de un mapa datado en el siglo IV o V d.C. (siete siglos después de los hechos narrados), aparece con el epígrafe “ínsubres” el territorio al Oeste del Tesino y el comprendido entre los actuales ríos Dora Baltea, Sesia y Agogna, al sur de Vercellae y al norte del Po. De hecho, para la época de los hechos narrados sabemos que estaban en guerra con los taurinos, lo que apunta que debían ser fronterizos. Esta tribu habitaba al Este de los Alpes Occidentales, sin que conste que sus dominios hacia Oriente llegasen hasta el río Tesino. Por otra parte, el hecho de haber sometido a la tribu que estaba enfrentada a los ínsubres, da verosimilitud a que la primera intención de Aníbal fuese dirigirse al territorio de estos para incorporarlos a sus filas.

Territorio ínsubre

Territorio ínsubre

En el mapa adjunto se aprecia el territorio ínsubre según la Tabula Peutingeriana. De acuerdo a ella los ínsubres habrían estado asentados en las cercanías de localidades tan occidentales como Eporedia o Vercellae. No obstante, la lejanía en el tiempo de este mapa a la época de la que hablamos, abriga la posibilidad de que posteriores movimientos migratorios llevasen a los ínsubres a la margen derecha del Tesino y hacia el Po. De acuerdo a Polibio eran los más numerosos de los pueblos galos (Polibio, Historias, II, 17, 4) y eso explicaría que con el paso del tiempo terminasen por desplazar o asimilar a otros pueblos que fueran colindantes con ellos. Tampoco podemos desdeñar la etimología del nombre de su capital, Mediolanum, originariamente Midland, que significa tierra de enmedio. Este nombre pudiera estar asociado a su posición en mitad de los dominios ínsubres, lo que indicaría que estos limitarían por el Oeste con el río Tesino, aunque otros lingüistas la vinculan a su posición centrada respecto la llanura padana. Eporedia, colonia romana fundada algo más de un siglo después de estos hechos, alrededor del 100 a.C. sobre un asentamiento del siglo V a.C. de otro pueblo galo, los salasios, linda con los dominios de los taurinos, lo que en caso de que en el s.III a.C. el área estuviera bajo control ínsubre explicaría que pudiesen tener un conflicto fronterizo entre ellos tal y como afirman Livio y Polibio.

Otro de los puntos de discusión es si en la ribera norte del Po, además de los ínsubres había otros pueblos galos asentados en el área al sur del Tesino y del río Sesia. En concreto se cita a los Laevi y a los Libui. La existencia de estos otros pueblos explica la alusión a que Aníbal, cuando se encontraba muy cerca del ejército romano, ordenó a Maharbal asolar las tierras de los aliados de Roma (Livio, AUC, XXI, 45, 2). Estos aliados de Roma, debieran ser precisamente estos Libui y Laevi.

El siguiente dato con el que contamos es el ya reseñado de Polibio (Historias, III, 65, 1) del movimiento de ambos ejércitos tras cruzar los romanos el río. Según el autor griego estos habrían avanzado “por el lado que mira a los Alpes” llevando el río a su izquierda mientras los cartagineses lo tendrían a su derecha. Si el río al que se refiere Polibio es el Tesino, ambas riberas del río miran a los Alpes en mayor o menor medida aunque parece más evidente la cercanía de la cordillera a la margen izquierda pues la margen derecha está más orientada hacia el río Po y los Apeninos, siendo más lateral la presencia de los Alpes. No obstante, esto nos deja dos posibilidades de aproximación al lugar de la batalla que hemos llamado opción A y opción B según las fotos aéreas adjuntas.

Movimiento de Escipión. Opción A

Movimiento de Escipión. Opción A

La opción A implica que Escipión se habría movido por la margen sur del Po hasta las cercanías de Clastidium, donde habría cruzado el río, e inmediatamente después habría hecho lo propio con el Tesino pasando de su margen derecha a su margen izquierda tras tender un puente. Entonces habría comenzado a recorrer la orilla con dirección noroeste durante un día, detectando al siguiente a los forrajeadores del ejército cartaginés, procediendo entonces a acampar. Esta alternativa cuenta a su favor con que al ir por el sur del Po no entraría en territorio ínsubre hasta que cruza el Tesino si nos atenemos a la zona que los romanos atacaron cuatro años antes, en su camapaña contra este pueblo galo. Pero plantea la duda de que va hacia el Oeste siguiendo el Po para luego retroceder hacia el Noreste hacia territorio ínsubre debiendo cruzar dos ríos, cuando desde Placentia podría haber ingresado en esa comarca directamente con un único cruce del Po. Polibio comenta además que Aníbal se enteró del cruce del Po por Escipión y parece dejar un margen entre esta acción y los acontecimientos posteriores (Polibio, Historias, III, 61, 1-2). La opción A supone un paso de ambos ríos de manera consecutiva, lo que no encaja muy bien con el margen que da Polibio a las acciones del general púnico tras el cruce del Po. Tampoco es imposible que Escipión ya de camino hacia el Oeste se enterase de la ubicación de Aníbal sobre la marcha y tuviese que modificar sus planes iniciales haciendo algún desplazamiento imprevisto. Así, si en ese instante le hubiesen informado que Aníbal había pasado el Tesino con dirección Este, Escipión debería entonces haber modificado su avance y cruzar también el Tesino para buscar a los cartagineses en la margen izquierda del río. Esta hipótesis supone que Aníbal habría cruzado el Tesino antes que los romanos, sin que ningún autor lo refleje, lo cual no significa que no pudiese haber sucedido. Esta ruta acerca el ejército romano a Clastidium en su tránsito para interceptar a Aníbal. Esta localidad había servido de depósito logístico a Roma durante la anterior guerra gala (lo que significa que estaba fortificada), guerra que salvo esta acción de Clastidium, se desarrolló principalmente al Este del Tesino. Clastidium es la misma ciudad que Aníbal toma tras la batalla de Trebia (Livio, AUC, XXI, 57, 15) donde se confirma su condición de depósito de víveres suficientemente grande como para que un ejército pudiera abstecerse de él. De ser cierta esta hipótesis, nos daría un indicio de la posible ubicación del puente sobre el Po en sus cercanías, de modo que hubiese sido un punto de avituallamiento para los hombres de Escipión. Si bien no hay que olvidar que conocemos que el ejército romano forrajeaba cuando detectaron a los púnicos (Polibio, Historias, III, 65, 2) lo que no sería necesario si tuviesen un depósito logístico muy cercano o en un sitio accesible.

Movimiento de Escipión. Opción B

Movimiento de Escipión. Opción B

La opción B implica un retroceso de Escipión y de Aníbal. El primero yendo al Sur tras haber subido al Norte y el segundo al contrario, como única manera de explicar el curso paralelo al río descrito por Polibio. Ambos movimientos parecieran producto de una muy mala exploración previa, algo poco lógico dado que los dos contendientes contaban con aliados galos a su lado y que sabemos que al cruzar el Po al menos el romano ya sabía de los movimientos de su rival en territorio taurino y Aníbal de su presencia en el área.

Tras cruzar el Tesino los romanos avanzan y acampan a unos 7 km de Victumulae, ciudad donde se encuentra Aníbal (Livio, AUC, XXI, 45, 3-4). Hay evidencias arqueológicas en la actual localidad de San Secondo de que el lugar era Iuctimulae, lo que entra en contradicción con los movimientos narrados por Polibio después de cruzar este río. Esta población se encuentra separada 50 km del río Tesino, por lo que para acercarse a 43 km de la misma no se puede hacer siguiendo un curso paralelo al cauce sino perpendicular al mismo y en todo caso para un ejército romano que viniese del Sudeste, al pasar el Tesino y seguir progresando hacia el noroeste, el río quedaría a su derecha, nunca a su izquierda como describe Polibio. Este área se encuentra además a unos 130 km de Placentia, lo que añadiendo el tendido de puentes para el paso de los ríos supone no menos de unos ocho días para llegar y aunque el regreso fuese más ligero, no menos de otros cinco, lo que entra en abierta contradicción con haber tardado un día en regresar a Placentia después de la batalla (Livio, AUC, XXI, 47, 2-3). Adicionalmente su lejanía al curso fluvial hace improbable que la batalla se conociese por dicho nombre. Sumando a esto que para llegar allí desde el Tesino se precisa cruzar los menos caudalosos ríos Agogna y Sesia, hace bastante improbable que esta Iuctimulae se trate de la misma Victumulae citada por Livio.

Movimiento Escipión. Opción C

Movimiento Escipión. Opción C

De ser el río que cita Polibio el Tesino, y ser una equivocación del autor o de los copistas de su obra el que los romanos llevasen el río a su izquierda y los púnicos a la derecha y ser en realidad al contrario, tendríamos la opción C. Escipión habría cruzado el Po en las cercanías de Placentia tras lo cual habría ido por su margen norte por tierras de los Laevi, de modo que no hubiesen penetrado territorio ínsubre pero sí bordeado su frontera sur. Este movimiento entre tierras de ambas tribus galas explicaría la afirmación de Polibio de que pueblos de esta etnia se mantenían en espera para rebelarse por culpa de la presencia de las legiones romanas en sus cercanías. El entrar en tierras ínsubres al pasar el Tesino implicaría que de algún modo el punto de cruce del mismo estaría más al norte del lugar de encuentro de dicho río con el Po y por tanto en una zona que ya estaría bajo control de esa tribu en su margen derecha. Este detalle de estar separado del puente sobre el Po se refrenda cuando se nos cuenta que los romanos, tras la batalla, salieron de noche y avivaron la marcha para poder cruzar este último río sin ser molestados (Livio, AUC, XXI, 47, 2-3), lo que implica esa cierta distancia. También conocemos que entre el campamento romano del área del Tesino y el puente del Po hay que atravesar llanuras (Polibio, Historias, III, 66, 1) lo que se suma a la idea de una cierto alejamiento entre los puentes sobre ambos ríos y a que el camino más corto entre ellos no sea en todo momento paralelo a un cauce sino atravesando zonas de llano. De esto se deduce que ese punto de cruce del Po estaba más al Este, lo cual no contradice la suposición hecha antes de haber cruzado este río junto a Placentia.

No obstante, habiendo estado Polibio al servicio de la familia Escipión y tenido posiblemente acceso irrestricto al archivo familiar y dado que en esta batalla tomó parte como jefe un miembro de los mismos, es complicado que Polibio errase en el sentido de su frase.

Sabemos también que el cónsul romano ordenó construir un campamento antes de cruzar el Tesino (Livio, AUC, XXI, 39, 10). En ese momento procedió a arengar a sus soldados. Tras esto tendió el puente sobre el Tesino y realizó una fortificación para protegerlo (Livio, AUC, XXI, 45, 1). Por lógica esta fortificación estaría en el lado del Tesino al cual cruzó porque en la ribera en que estaba ya tenía un campamento. Polibio sin embargo coloca la arenga durante las tareas de construcción del puente sobre el Tesino (Polibio, Historias, III, 64, 1-2). Y después de esta sitúa la reseñada marcha de ambos ejércitos de dos días de los que al menos uno sería junto al río, hasta que las avanzadas de estos toman contacto, tras lo cual acampan. Al día siguiente es el combate. Dada la cercanía entre los dos contendientes de la que eran mutuos conocedores, es difícil que desde que cruzan el Tesino no se progresase tomando el máximo de precauciones. Además las fuentes constatan que iban forrajeando, por lo que la velocidad de marcha no debió ser elevada, lo que coloca el punto de cruce del Tesino cerca del lugar donde acampan los romanos previo a la batalla. A favor de esta opción C está la existencia de restos del foso de un campamento romano al sur de la población de Gamboló. Pero no hay evidencia que el mismo fuese el de Escipión y no el de otro ejército romano que hubiese operado en el área en época cercana. Hay tradiciones corroboradas al menos en el siglo XIX, que sitúan el campo de batalla al sur de la ciudad de Vigevano, que sería la Victumulae de Livio, situada unos 8 km al norte de Gamboló. No podemos olvidar tampoco que en esta zona de la margen derecha del Tesino, abundan las marismas y charcas, por lo que un avance en paralelo al mismo debía hacerse separado no menos de un km del cauce.

Sin embargo, si el río al que se refiere Polibio paralelo al cual avanzan ambos ejércitos antes del combate es el Po, tal y como ya se ha comentado, no habría controversia en interpretar el lado del río que mira a los Alpes, que sería el que da al norte, ni el sentido de avance romano hacia el Oeste y cartaginés hacia el Este. No obstante, que el río junto al que se muevan tras cruzar el Tesino sea el Po según cuenta el autor griego sólo tiene lógica si el punto en el que atraviesan este último río está cerca de su desembocadura en el primero del cual es tributario y por tanto seguir un curso paralelo al Po parezca natural. Esto lleva el combate al espacio situado entre la actual ciudad de Dorno y el punto de cruce sobre el Tesino muy próximo a su encuentro con el Po (opción D).

Movimiento Escipión. Opción D

Movimiento Escipión. Opción D

Esta opción puede hacer pensar que la Victumulae de Livio en la que están acampados los púnicos pudiese ser una deformación por afinidad fonológica de la antigua Laumellum (actual Lomello), ciudad cuya fundación se atribuye a los Laevi. Eso conllevaría además que esta zona estuviese en ese momento bajo dominio ínsubre (para satisfacer la afirmación de Livio de penetrar en tierras de estos tras pasar el Tesino), aspectos ambos que con los datos actuales no podemos desmentir ni confirmar. Pero en contra de esta ubicación de Victimulae estaría la distancia de cinco millas (algo menos de 7,5 km) que según Livio separaba ambos campamentos. Si el romano estaba pegado a la fortificación junto al río Tesino, el cartaginés debiera emplazarse cerca de las actuales Garlasco y Gropello Cairoli. Este área estaría además frente a la ciudad de Clastidium, situada en la otra margen del Po, lo que explicaría la afirmación de que la batalla fue en sus cercanías dada por Cornelio Nepote (Sobre los hombres ilustres, 3, 23, 4, 2).

La cercanía del lugar de la batalla al cauce del Tesino (junto al cual los romanos tenían su campamento) se refrenda además por la rápida huida romana tras el combate, no constando una persecución en caliente de los jinetes púnicos. La opción D supone un trayecto de vuelta a Placentia desde el campamento romano junto al río Tesino de unos 45 km. La opción C aumenta esta distancia a unos 65 km. Esto último hace más difícil que el retorno se pudiera completar antes de que Aníbal notase su marcha del campamento más cercano al campo de batalla que menciona Tito Livio (AUC, XXI, 47, 3), pues es una distancia no fácil de recorrer en un solo día, tiempo máximo razonable para que el general cartaginés detecte la huída e inicie su persecución. Por ello la opción D parece encajar mejor que la C para explicar un escape muy rápido a Placentia del ejército romano. Suponiendo el campo de batalla en un punto intermedio entre el campamento púnico y el romano, la distancia hasta este último sería de unos 3,5 km, por lo que la huída a pie de la infantería ligera romana nada más acabar la batalla se haría en no más de media hora.

Por otra parte hay más información sobre la ubicación del campamento romano que se deduce de lo que tanto Livio como Polibio dicen sobre lo acontecido justo después de la batalla. Sabemos que el campamento junto al Tesino fue abandonado esa misma noche (Livio, AUC, XXI, 47, 1-2). Pero no deja de ser significativo que el doble cruce de los ríos Po y Tesino que parece deducirse de los relatos de Livio (AUC, XXI, 39, 10 y 45, 3) y Polibio (Historias, III, 64, 1) que se produce a la ida hacia el lugar del combate por parte del ejército romano, no queda reflejado con la misma claridad para el camino de retorno a las cercanías de Placentia. En el retorno Livio solo alude explícitamente al paso del río Po por un puente de balsas pero del cruce del Tesino no dice nada excepto que el ejército romano abandonó el campamento que tenía en ese área (AUC, XXI, 47, 2-3).

Igualmente Polibio tampoco menciona literalmente el paso del Tesino una vez inician la huída los romanos sino únicamente el hecho de levantar el campamento (Historias, III, 66, 1). Esta coincidencia, junto con las otras ya comentadas entre ambos autores induce a pensar que el campamento romano estaba junto al río en la margen Este del Tesino, y el puente sólo fue cruzado por la caballería e infantería ligera que participó en la batalla. La infantería pesada romana habría permanecido en dicho campamento al Este del Tesino durante el enfrentamiento. El retorno de esas tropas participantes en el combate habría sido a la fortificación realizada al otro lado del río destinada a proteger el puente, tras lo cual habrían cruzado el mismo hasta su campamento.

El siguiente gráfico muestra la disposición de los campamentos junto a la zona donde se produjo el combate.

Situación campamentos romano y cartaginés y lugar de la batalla

Situación campamentos romano y cartaginés y lugar de la batalla

Otro factor a considerar es la variación del cauce del Po entre Placentia y la desembocadura del Tesino. Viendo la fotografía aérea actual son claramente apreciables meandros abandonados situados hasta 7 km más al norte del trazado presente del río. Es probable que hace 2.230 años el río Po discurriese pues bastante más al norte que hoy día. Eso reduciría la distancia entre el cruce del Po y la llegada al Tesino.

Un último punto a tener en cuenta con esta suposición es la entrada en territorio ínsubre. Al considerar el Po río tras cuyo cruce se pasan dos días de marcha, es probable que la afirmación de Livio de entrar en territorio ínsubre se refiriese en realidad al paso del Po. Tal y como se ha comentado la evidencia de la reciente guerra gala indica que esos territorios al Este del Tesino y Norte del Po eran posiblemente ínsubres en su totalidad.

Por todo lo expuesto, a falta de la aparición de vestigios arqueológicos, la identificación de la actual población de Vigevano con la Victumulae de Livio es posiblemente acertada, estando el campamento romano junto al Tesino al Oeste de la actual Motta Visconti y Sur de Besate. En esta zona el río tiene varios meandros e islas en mitad del cauce que de haber mantenido una morfología similar hace 2.230 años, facilitarían el tendido de un puente.

Ejército de Escipión

El siguiente aspecto a tratar es la composición de las fuerzas de ambos bandos. El ejército de Escipión no era su original ejército consular de 22.000 infantes y 2.200 jinetes más 60 naves de guerra con los que debía ir a Hispania (Livio, AUC, XXI,17, 8-10). De ellos 8.000 infantes y 600 jinetes eran romanos y el resto aliados. Este ejército quedó en su mayor parte en manos de su hermano Cneo (Livio, AUC, XXI, 32, 4) quien desde el Ródano lo llevó a Ampurias en el noreste de Hispania. Sin embargo, el cónsul Publio Escipión, antes de retornar a Italia desde el Ródano, embarcó una pequeña parte de él y costeando por Genua (Livio, AUC, XXI, 32, 5), desembarcó en Pisa (Polibio, Historias, III, 56, 5-6 y Livio AUC, XXI, 39, 3). Este contingente debía estar compuesto principalmente por una parte de los extraordinarii, tropas suplementarias aliadas que distinguen un ejército consular de uno de un pretor. En ese momento la cantidad de extraordinarii que había en este ejército consular era de 6.000 infantes y 1.000 jinetes, atendiendo a las cifras que Livio da como integrantes del ejército consular de Publio Escipión. Por la necesidad de moverse rápido, la cantidad de barcos necesarios para transportarlos en su totalidad y el importante porcentaje que suponen de su ejército consular (un 20% del total del mismo), no parece probable que llevase consigo mucho más de la mitad de ellos. Cuando desembarca en Italia, Escipión se une al ejército de la Galia, que en esos momentos estaba liderado por Cayo Atilio y Manlio Vulso y que aglutinaba los supervivientes del ejército inicial del pretor Lucio Manlio Vulso más la legión y los 5.000 socios itálicos que llevó Cayo Atilio además de un grupo de aliados galos cenomanos (Livio AUC, XXI, 25, 19) y de alguna otra tribu que aportaba tropas de manera forzada (Polibio, Historias, III, 60, 12), cuyo número se desconoce.

El ejército del pretor en la Galia estaba compuesto por dos legiones romanas con 8.000 infantes y 600 jinetes y dos alaes con 10.000 infantes y 1.000 jinetes (Livio, AUC, XXI, 17, 11). Polibio sin embargo sólo menciona en dicho ejército de la Galia a una sola legión, la cual además resultó seriamente diezmada en el enfrentamiento con los boyos (Historias, III, 40, 11-13) en Mutina y Tanetum. Esta legión de Vulso fue reforzada por otra legión y un alae de 5.000 aliados mandada por el pretor Cayo Atilio (Polibio, Historias, III, 40, 14 y Livio, AUC, XXI, 26, 1), quien adicionalmente recibió instrucciones para reclutar entre los aliados, desconociéndose si esto se refería sólo a los itálicos o incluía también los galos aliados de Roma, de los cuales sabemos que los cenomanos ya auxiliaban a Manlio Vulso (Livio, AUC, XXI, 25, 19). La legión inicial en la Galia de Manlio Vulso, en los combates con los boyos perdió 1.200 hombres (Livio AUC, XXI, 25, 13-17) que debían incluir infantería y caballería tanto romana como aliada.

Parece más verosímil que el refuerzo de Atilio fuese para elevar el total del ejército de la Galia a dos legiones con sus alaes, ya sea porque si Manlio tenía dos legiones originalmente, una de ellas fuese casi aniquilada, tal y como afirma Polibio (Polibio, Historias, III, 40, 11-13) y hubiese que reconstruirla o porque si contaba con una sola legión, se decidiese doblar el tamaño del ejército. Adicionalmente no podemos olvidar que las tropas de Manlio se amotinaron en circunstancias desconocidas (Livio, AUC, XXII, 33, 7), lo cual pudo haber ocasionado la licencia o deserción de parte de sus hombres. La otra interpretación llevaría a pensar que al llegar el refuerzo de Atilio, dicho ejército llegó a estar compuesto por tres legiones y tres alaes, lo que lo haría mayor que cualquiera de los que tenían los cónsules, lo cual no resulta en absoluto coherente.

Por lo tanto el ejército en la Galia, descontando las bajas ocasionadas por los boyos muy posiblemente estaba compuesto por unos 17.000 infantes itálicos y romanos y unos 1.500 jinetes romanos e itálicos, a los que habría que sumar los aliados galos.

Del contingente auxiliar galo sabemos la participación de caballería de este origen aliada de Roma en la batalla de Tesino para enfrentarse contra la caballería pesada púnica (Livio, AUC, XXI, 46, 7), las posteriores deserciones de 2.000 infantes y 200 jinetes galos en las cercanías del Plasencia (Livio, AUC, XXI, 48, 2 y Polibio, Historias, III, 67, 3-4), y su participación en el ala derecha romana en la batalla de Trebia (Livio, AUC, XXI, 56, 1). Esto último ocurrió después de la deserción de los 2.200 galos y pese al importante volumen de traidores, siguió habiendo soldados de esta procedencia en cantidad suficiente como para ocupar un ala de la línea romana, lo cual hace pensar en un contingente galo en el bando romano relativamente numeroso que antes del enfrentamiento junto al río Tesino difícilmente bajara de 5.000 infantes y 500 jinetes. El volumen de la caballería gala se puede deducir del hecho de que junto a los italorromanos chocó con la caballería pesada cartaginesa que, como veremos más adelante, ascendía a unos 2.000 efectivos.

Contando que con una parte de los extraordinarii de su ejército consular sustituyese las bajas y deserciones sufridas en el conflicto con los boyos y además elevase el ejército de los pretores a un tamaño parecido al que él llevaba a Hispania para enfrentar al mismo enemigo, probablemente Escipión se llevó a Italia a una cifra menor a los 4.000 infantes y 300 jinetes (pues sería igual a una legión y la narración no aparenta indicar algo parecido). En el momento en que partió de Marsella hacia Italia, Escipión ignoraba si finalmente Aníbal cruzaría los Alpes como aparentaba o retornaría a Hispania, por lo que parece coherente que si en la Galia Cisalpina contaba con un ejército con unos 17.000 infantes y 1.500 jinetes y en el que iba a Hispania tenía 22.000 infantes y 2.100 jinetes (tras perder a unos cien junto al Ródano), tratase de equilibrar ambos contingentes ante la incertidumbre de contra cual lucharía finalmente Aníbal. Por ello una cifra de 2.000 infantes y 300 jinetes parece razonable como volumen de tropas retornadas junto al cónsul desde Marsella. Además este número de 2.000 infantes explicaría que Livio (AUC, XXI, 55, 4) situase el total de tropas romanas en Trebia en 18.000 legionarios romanos no itálicos (cantidad que excede en 2.000 hombres al número de legionarios que tenían las 4 legiones de los ejércitos allí presentes). Esto dejaría el ejército de Publio Escipión antes de la batalla de Tesino en unos 19.000 infantes romanos e itálicos, 5.000 infantes galos, 1.800 jinetes romanos e itálicos y alrededor de 500 galos.

Del total del contingente romano e itálico, de acuerdo a la estructura tradicional de una legión manipular de 4.000 hombres, los velites o infantería ligera, ascenderían a una cuarta parte, siendo el resto infantería pesada (hastatii, princeps y triarii). Esto deja las fuerzas ligeras romanas en unos 4.750 hombres, en su mayor parte lanceros.

El ejército de Aníbal

De acuerdo a Polibio (Historias, III, 56, 4) tras pasar los Alpes le quedaban al general cartaginés 12.000 infantes africanos, 8.000 hispanos y 6.000 jinetes. A estos habría que añadir un indeterminado número de elefantes que sabemos que llegaron a participar en la batalla de Trebia, por lo que en Tesino ya formaban parte del contingente púnico. Tras el paso del Ródano sabemos que Aníbal contaba con 37 de ellos (Polibio, Historias, III, 42, 11) y que en los Alpes fue tal el asombro que causaron a las tribus locales, que no se atrevieron a atacarlos (Polibio, Historias, III, 53, 8), pero también que pasaron hambre y se debilitaron (Polibio, Historias, III, 55, 8). El autor griego destaca las pérdidas en los Alpes de hombres, caballos y acémilas, no así de elefantes (Polibio, Historias, III, 56, 2). No es descabellado pensar que pudieron sobrevivir la mayoría tal y como afirma Eutropio (Breviario de la historia de Roma, Libro III,8, 3).

Una vez entra en la Galia Cisalpina, los autores clásicos (Livio, AUC, XXI, 39, 6 y Polibio, Historias, III, 60, 12) nos cuentan que los galos no se decidieron a unirse a sus filas por miedo a la presencia de los romanos junto al Po, o que se pusieron a su disposición sólamente en la comarca de los taurinos tras ser conquistados mediante la fuerza por los púnicos. Sin embargo otros autores si incluyen boyos y senones en las filas de la caballería cartaginesa en esta batalla (Silo Itálico, Púnica, IV, 160). Dado que la ubicación geográfica de boyos y senones es a mitad de camino entre Placentia y Ariminum en el primer caso y al sur de Ariminum en el segundo, y que por la reconstrucción realizada Escipión llega a Ariminum el 21 de octubre, mientras Aníbal termina el cruce de los Alpes el 23 del mismo mes, lo antes que un jinete cartaginés puede llegar a territorio boyo, separado algo más de 300 km de las estribaciones de los Alpes donde pudieron acampar cuando completaron el cruce, es en unos dos días. Esto supone que ese jinete no puede estar en Felsina (capital de los boyos) hasta bien entrado el 25 de octubre. Felsina está separada de Ariminum unos 108 km. Para el ritmo de marcha de 20 km/día supuesto al ejército romano, Escipión estaría pasando cerca de dicha capital de los boyos en torno a final del 26 ó en la mañana del 27 de octubre. Es posible pues que un ejército boyo alistado y en espera de la orden se pusiese en marcha a primeras horas del día 26, justo antes de la llegada romana. Dado que la batalla del Tesino fue solamente de caballería, pareciera viable que un contingente de esta clase de los boyos pudiera haberse incorporado a las fuerzas púnicas saliendo de su territorio justo antes de que fuese atravesado por los romanos. Sin embargo esta misma manera de razonar no haría viable el viaje de los senones sin tener que adelantar en el camino al ejército del cónsul. Por otro lado los boyos deberían haber estado movilizados para ponerse en marcha a las pocas horas de recibir la comunicación, algo muy complicado aunque no imposible. Si añadimos que la obra Púnica es un poema épico y por tanto abundan en ella las licencias literarias, concluimos que posiblemente esta parte del mismo es fabulada y persigue incrementar los enemigos a los que se midieron los romanos en esta primera batalla, por lo que a los efectos de este análisis descartamos su presencia en las filas cartaginesas, hecho corroborado además por Livio y Polibio.

Adicionalmente sabemos que Aníbal tomó prisioneros entre los pueblos alpinos que le atacaron y que utilizó a los mismos para engrosar sus filas sometiéndolos a combates a muerte entre ellos, de los cuales el vencedor era premiado con armas y un caballo (Livio, AUC, XXI, 42, 1-4). Dada la entidad del premio y la escasez de caballos que cabe pensar que tras pasar los Alpes pudiese tener el ejército cartaginés, el número de los que se incorporaron como jinetes por este método, debió ser muy pequeño.

Otra cuestión a considerar sobre el ejército cartaginés es el número de fuerzas ligeras dentro del total de su infantería. Estas fuerzas ligeras estaban integradas por honderos y jabalineros o lanceros. Los honderos baleares y lanceros con los que contaba, aparecen nombrados en número de 8.000 por Polibio (Historias, III, 72, 7) y Livio (AUC, XXI, 55, 3), con ocasión de la inmediatamente posterior batalla de Trebia. En ese momento los cartagineses ya habían recibido refuerzos de galos en sus filas, por lo que una parte de esos 8.000 hostigadores serían de este origen. Excluidos los recién incorporados, ¿estaban el resto de estos infantes ligeros incluidos dentro del total de 20.000 soldados de infantería hispana y africana que Polibio nos cuenta que pasaron los Alpes? Los hostigadores pertenecían a una categoría bien diferenciada de la infantería pesada. En el caso de los baleares además nunca son nombrados como hispanos, sino con el gentilicio de los habitantes de las islas. Además de estos, entre los infantes ligeros probablemente habría jabalineros hispanos y africanos (posiblemente númidas). De ser cierto que dichas fuerzas ligeras estaban incluidas en el total de la infantería púnica que pasa los Alpes, para la batalla de Trebia se habrían incorporado un total de 8.000 infantes galos de cualquier clase (pesados o ligeros) a las filas cartaginesas, lo que supone casi un 30% del total de la misma. De aplicar ese mismo porcentaje a los 8.000 hostigadores que nos da Polibio para la citada batalla de Trebia, nos da que unos 2.500 serían galos, lo que deja el total de infantes ligeros de origen hispano, balear o africano en unos 5.500 hombres. Llevadas estas cifras al ejército de Aníbal existente antes de la batalla de Tesino, nos encontramos con que las fuerzas de infantería pesada ascenderían a unos 14.500 hombres y las ligeras a los citados 5.500.

El análisis de la caballería permite también hacerse una idea razonable de la composición de los 6.000 jinetes que pasan los Alpes. Aníbal no recibió antes de la batalla de Cannas ningún refuerzo de caballería africana ni hispana. En dicha batalla de Cannas, la caballería númida se situó en el ala derecha opuesta a la totalidad de caballería itálica bajo mando del cónsul Varrón, cifrada en unos 4.200 jinetes. El enfrentamiento de caballería en ese ala permaneció equilibrado (Polibio, Historias, III, 116, 5) hasta que en el ala izquierda la caballería pesada hispanogala derrotó a la romana y acudió en auxilio de la númida. Ese equilibrio en la lucha contra 4.200 jinetes enemigos permite intuir un número similar de jinetes númidas que podría rondar los 4.000 hombres. Por la batalla de Trebia conocemos que la caballería gala incorporada al bando púnico ascendía a unos 4.000 jinetes, ya que el total de caballería cartaginesa en dicha batalla era de 10.000 hombres (Polibio, Historias, III, 72, 9) frente a los 6.000 que habían pasado los Alpes. En el periodo comprendido entre diciembre de 218 a.C. (Trebia) y agosto de 216 a.C. (Cannas), las bajas de caballería púnica en los diversos enfrentamientos con los romanos debieron ser mínimas pues no hay noticias que las destaquen. En esta última batalla además el total de caballería púnica también era de 10.000 jinetes (Polibio, Historias, III, 114, 5), por lo que en el periodo descrito la caballería cartaginesa no varió de número ni tuvo incorporaciones conocidas. Eso deja el número de jinetes pesados de origen hispano en unos 2.000 hombres. Así pues, de los 6.000 jinetes que pasan los Alpes unos 4.000 eran caballería ligera de origen númida y los otros 2.000 monturas pesadas de procedencia hispana mayoritariamente.

En resumen, el ejército de Aníbal antes de la batalla de Tesino estaba integrado por unos 14.500 infantes pesados africanos e hispanos y unos 5.500 hostigadores entre honderos baleares y lanceros, a los que hay que sumar 4.000 jinetes ligeros númidas y 2.000 pesados hispanos, además de un número de elefantes que podría llegar a los 37.

La batalla

Acampados a unos cinco millas romanas (siete kilómetros) unos de otros (Livio, AUC, XXI, 45, 4), a la mañana siguiente ambos generales decidieron realizar una salida de exploración. Dada la cercanía de los romanos, el general cartaginés llamó a su subordinado Maharbal para que reuniera junto al resto de tropas a los 500 jinetes númidas con los que estaba asolando las tierras de la comarca que permanecían fieles a Roma (Livio, AUC, XXI, 45, 2-4). Aníbal partió al frente de su caballería que comprendía tanto jinetes pesados como ligeros, pero no consta que se hiciera acompañar por infantes ligeros (Polibio, Historias, III, 65, 3).

Por parte romana el cónsul Publio Escipión salió también con su caballería que incluía tanto la italoromana como la de los galos que por alianza o por obligación militaban en sus filas, así como con fuerzas de infantería ligera. Ignoramos su magnitud exacta pues aunque hemos determinado las cifras totales de hombres en dichos ejércitos, no contamos con ninguna evidencia que permita confirmar que se empleó a la totalidad de los disponibles del tipo de fuerzas que se describen por los autores clásicos como participantes en el enfrentamiento. El modus operandi de Escipión de salir a reconocer con fuerzas ligeras y caballería lo encontramos también en sus posteriores acciones en Hispania (Livio, AUC, XXIV, 41, 6). Pero el hecho de sacar caballería pesada y ligera, así como hacer retornar a un grupo de 500 jinetes númidas, parece signo de que los cartagineses buscaban un enfrentamiento con todas las consecuencias, lo que difícilmente se haría sin empeñar la totalidad de hombres. Análogamente los romanos aparentan llevar toda su caballería, incluida la de origen galo a la cual el cónsul hace actuar como vanguardia de su dispositivo (lo que denota su poca confianza en dejarlos atrasados). Así pues damos por hecho que los cartagineses actuaron con la totalidad de su caballería mientras los romanos lo hicieron con la totalidad de la suya y sus infantes ligeros. En la práctica esto supone que por parte púnica tomasen parte alrededor de 2.000 jinetes pesados hispanos y 4.000 númidas, mientras que sus oponentes contaban con 1.800 jinetes italorromanos y 500 galos y unos 4.700 velites. La cifra de jinetes galos se deduce de la descripción de la batalla y el hecho de que junto a los jinetes italorromanos chocase contra la caballería pesada púnica (Livio, AUC, XXI, 46, 5). Para poder repeler la carga de 2.000 jinetes pesados enemigos, un número conjunto de 2.300 caballeros parece adecuado.

Así pues, con esos contingentes se produjo la salida de ambos líderes de sus campamentos. La misma tuvo lugar después del amanecer (Polibio, Historias, III, 65, 3). Dada la escasa distancia entre ambos, el encuentro debió tener lugar menos de media hora después de haber salido. Inicialmente no se avistaron unos a otros pero la polvareda que levantaban ambas columnas dio el indicio a sus rivales de la cercanía de sus enemigos, por lo que se detuvieron y prepararon para el combate (Livio, AUC, XXI, 46, 4). El detalle de la polvareda es propio de la marcha por llanuras y de una cierta lejanía a un cauce donde los terrenos tienen una humedad natural que dificulta este fenómeno. Por ello la hipótesis “D” se ve reforzada como lugar donde pudo tener lugar el encuentro.

La disposición de fuerzas romanas incluía a los velites en vanguardia, junto a la caballería gala en el centro de la formación. Más atrasada que esta pero igualmente formando parte del frente se encontraba la italorroma (Polibio, Historias, III, 65, 5). Los cartagineses por su lado pusieron en el centro de su vanguardia a la caballería pesada y a la ligera integrada por los númidas en las alas (Polibio, Historias, III, 65, 6 y Livio, AUC, XXI, 46, 5-6).

El inicio de la batalla se produce con la descarga tardía de jabalinas por parte de los velites que ven como se les acerca la caballería pesada enemiga y repliegan entre las turmae de caballería de su reserva para eludir la carga de sus oponentes (Polibio, Historias, III, 65, 7 y Livio, AUC, XXI, 46, 6). El detalle de retirarse los velites entre la caballería de reserva permite terminar de dibujar la vanguardia romana. En el centro de la misma estarían los galos flanqueados por los velites, detrás de los cuales estarían los jinetes italorromanos.

Dada la cantidad de velites y su disposición, el número de los mismos en cada lado de la formación romana sería de unos 2.375 hombres. Aunque su modo de combatir es más o menos irregular, dado que detrás de los mismos estaban los escuadrones de caballería de reserva, es lógico pensar que la anchura que ocupaban era pareja a la de dichos jinetes que estaban en segundo término. Estos eran los caballeros italorromanos, cuyo número rondaba los 1.800, por lo que si se encontraban repartidos de modo simétrico, supone unos 900 jinetes en cada ala. Para una profundidad de tres caballos y una anchura de dos metros por caballo, el ancho total de cada ala romana sería de unos 600 metros, mientras que una disposición parecida de la caballería gala elevaría la anchura ocupada por ella a otros 300 metros más. En total unos 1.500 m.

Orden de batalla

Orden de batalla

La rápida estampida de los velites indica que la iniciativa en la carga la llevaron los púnicos. En el bando cartaginés la caballería ligera hemos deducido que ascendía a 4.000 jinetes por lo que una disposición simétrica de esta suponía que en cada ala hubiese unos 2.000 númidas. Aparentemente, dada su gran superioridad numérica, Aníbal los debió tener en segundo plano para no hacerlos muy visibles y atraer al combate a los romanos o bien la lucha se hizo inevitable si el encuentro fue más o menos súbito y los romanos no pudieron sustraerse de ella pese a la cercanía de su campamento.

El combate principal se estabiliza con el choque y hace que muchos jinetes queden descabalgados y una parte de la infantería romana intervenga convirtiéndose en un combate mixto de soldados a pie y a caballo (Polibio, Historias, III, 65, 9 y Livio, AUC, XXI, 46, 6).

Choque inicial

Choque inicial

En ese momento la caballería númida de las alas rodea a las fuerzas romanas y aparece por su espalda (Livio, AUC, XXI, 46, 7). Este detalle indica claramente que esta caballería estaba poco empeñada en la lucha y disponía de efectivos suficientes para realizar dicha maniobra.

Maniobra envolvente

Maniobra envolvente

Los primeros en ser atacados son los velites (Polibio, Historias, III, 65, 9). Este detalle es coherente con la disposición supuesta pues al realizar el flanqueo, la caballería ligera cartaginesa a los primeros que encuentra son a esos infantes ligeros que han quedado a la espalda de las alas romanas tras la caballería italorromana. No en vano los púnicos disponían de casi 4.000 jinetes más que sus oponentes, lo que supuso la irrupción de unos 2.000 de ellos por cada ala romana donde a su vez había unos 2.000 velites cubriendo la espalda a los jinetes (el resto de velites los suponemos apoyando a los jinetes). Se produce entonces la masacre y desbandada de estos soldados (Livio, AUC, XXI, 46, 9). La caballería romana hasta ese momento acumulaba importantes bajas pero inferiores a las de sus rivales (Polibio, Historias, III, 65, 11), algo coherente con tener una ligera ventaja numérica respecto la caballería pesada enemiga (2.300 vs 2.000) pero ante la irrupción de los númidas se da a la fuga dispersándose una parte y retornando al campamento de manera ordenada en torno al cónsul el resto (Livio, AUC, XXI, 46, 9). En su intento por frenar la desbandada, Escipión se implicó al máximo en la lucha resultando herido (Livio, AUC, XXI, 46, 7 y Polibio, Historias, III, 66, 2). Su salvación y evacuación del campo de batalla habría sido protagonizada por su propio hijo, el futuro Escipión Africano o por un esclavo ligur que le acompañaba (Livio, AUC, XXI, 46, 7).

Huída romana

Huída romana

La duración del combate aparenta ser elevada de acuerdo a Polibio (Historias, III, 66, 3), pero dada la rapidez de movimientos de la caballería y la evidente superioridad en las alas de los púnicos, resulta poco creíble que pudiese ser así. Difícilmente un combate con estas características pudiera durar más de media hora desde su inicio. La cercanía del lugar del combate a ambos campamentos (no más de 4 km de un punto intermedio a ellos) hace igualmente que la huida fuese extremadamente rápida incluso para los infantes ligeramente armados (no superior a 15 minutos). Desde la salida, disposición de las tropas previa al combate, lucha y huida debió de transcurrir no más de una hora.

Tras retornar a su campamento, los romanos permanecieron en el mismo hasta la noche sin sacar a su infantería pesada. Aníbal esperó durante un tiempo esta batalla con la infantería rival (Polibio, Historias, III, 66, 3).

Las bajas del combate

Una de las primeras cuestiones a plantear es la entidad de las bajas habidas en ambos bandos. El enfrentamiento entre las caballerías pesadas es favorable a los romanos aunque se habla de abundantes pérdidas. Del relato de Polibio aparenta que los jinetes romanos y aliados habrían podido escapar en cuanto vieron el ataque por los flancos de los númidas. Estos se abalanzaron en primer lugar sobre los velites, pero inmediatamente después fueron a por las fuerzas de caballería romana. Una parte de esta se habría dispersado y otra habría vuelto al campamento ordenadamente en torno al cónsul. Dado que se encontraba sumamente cerca no debió haber una persecución hasta la empalizada lo que contribuiría a una elevada tasa de superviviencia. Sin embargo en las fuerzas de infantería ligera sí que debió haber una elevada mortandad (Polibio, Historias, III, 65, 9-11) que provocó su rápida dispersión (Livio, AUC, XXI, 46, 9). Su posibilidad de huida con una abundante caballería ligera enemiga encima era sumamente compleja pese a estar muy próximos al campamento.

Dadas las cifras de jinetes pesados que hemos supuesto como participantes por ambos bandos, la entidad total de los caballeros muertos tras el choque inicial y el ataque posterior por la espalda de los númidas, puede rondar los 500 por cada lado. Para los romanos es alrededor del 20% de las fuerzas de este tipo disponibles, lo que encaja con la afirmación de Polibio de haber perdido muchos hombres. Y para los cartagineses responde a la posible mayor pérdida habida en el choque inicial compensada con la carga final de los númidas. En cuanto a la infantería ligera romana, con la descripción conocida de los hechos, una estimación razonable podría elevar los velites muertos, heridos y prisioneros a unos 2.500 hombres, algo más del 50% de esta clase de soldados envueltos en el combate. Esta importante cifra de 3.000 bajas en el bando romano en total es coherente con los muchos hombres perdidos citados por Zonaras (Epitome Historion, 8, 23, 9). Sin embargo, otros autores incrementan las pérdidas aún más hasta la “casi totalidad del ejército” (Paulo Orosio, Historia contra los paganos, IV, 14, 12). Teniendo en cuenta que en este combate los participantes romanos ascendían a unos 7.000 hombres, dichas bajas pudieran ser aún mayores.

Huída romana y persecución cartaginesa tras la batalla

Esa misma noche, tras comprobar los romanos su inferioridad en caballería y la imposibilidad de luchar con éxito en esas llanuras, comenzaron su retirada del área abandonando su campamento junto al Tesino (Livio, AUC, XXI, 47, 1-2).

Como ya se ha comentado al ubicar el emplazamiento del campamento romano, este se situaría junto al río en su margen Este. Allí habría permanecido la infantería pesada romana durante el combate, por lo que el puente fue posiblemente utilizado únicamente por la guarnición de la fortificación que lo protegía al otro lado del río y por las tropas de caballería e infantería ligera que participaron en el combate. Los supervivientes de estas últimas habrían retornado tras la lucha al campamento principal.

El hecho de estar el campamento principal romano en la margen Este del río, mientras la fortificación lo estaba en la margen Oeste, explicaría también la dificultad de los cartagineses en detectar la marcha durante la noche debido a la separación física que suponía el río Tesino, el ruido de su corriente que enmascararía el producido por la marcha de la larga columna y el hecho de que en el fuerte situado al Oeste del cauce permanecieron 600 soldados (Livio, AUC, XXI, 47, 3) que visualizados por los observadores púnicos darían la falsa impresión de que los romanos seguían allí.

Dentro del confuso relato sobre el cruce de los ríos de Polibio y Livio, encontramos en este último una mención a otros autores (entre ellos Celio Antípatro). Los cartagineses habrían apresado junto al puente del Po a un grupo de 600 romanos que lo desmontaban (Livio, AUC, XXI, 47, 3). Si se tratase realmente del Po querría decir que los cartagineses habrían podido pasar rápidamente el Tesino lo que solo se explicaría si lo hubiesen hecho por el puente construido por los romanos. Pero por otro lado Livio nos dice que Aníbal tardó en darse cuenta de la marcha de sus enemigos de su campamento y además que cuando lo hizo, estos ya estaban en Placentia. Lo más lógico para explicar estos acontecimientos es que en realidad el puente en el cual capturan a los 600 hombres sea en realidad el del Tesino. Y efectivamente Polibio confirma esto al narrar que la persecución de los cartagineses a sus enemigos llegó hasta la primera orilla, que no puede ser otra que la del Tesino (Historias, III, 66, 3). No sería lógico que los romanos hubiesen dejado ese puente intacto. Por otra parte un número tan abultado de tropas parece excesivo para destruir un puente que en un momento dado se puede incendiar. Más pareciera la guarnición de la fortificación que habían ejecutado los romanos para proteger el puente. Y de nuevo el autor griego describe por donde continua la marcha de Aníbal al indicar que tras enterarse de la lejanía de los romanos dio la vuelta y comenzó a seguir las márgenes del Po (Polibio, Historias, III, 66, 5). La interpretación de ese “dar la vuelta” sería que al llegar a la desembocadura del Tesino y el Po en lugar de seguir hacia el Este, comenzó a ir al Oeste buscando pasar el segundo de los ríos. La esperanza de Aníbal hasta ese momento debía ser alcanzar en llano al ejército romano antes de que pudiese cruzar el Po, pero ya sea por la información de sus exploradores o por la de los habitantes de la zona en cuanto se dio cuenta que esto era imposible, decidió hacer lo propio.

Por otra parte los dos días que durante el trayecto de ida nos cuenta Polibio que tardan en llegar a las inmediaciones del enemigo tras cruzar un puente, y que hemos deducido que se refieren al tiempo transcurrido después de cruzar el Po, hacen que desde este puente sobre el Po hasta el lugar donde acamparon junto al Tesino haya unos 40 km. Dada la ubicación supuesta del campamento romano cercana a Besate y Motta Visconti, esta distancia de 40 km coincide con algunas de las trazas del río Po abandonadas que se ha comentado que se aprecian más al norte del cauce actual. Desde ese punto hasta Placentia aún quedarían por recorrer unos 24 km. Esta distancia total de 64 km (40 + 24) es muy difícil de recorrer en un solo día para un ejército con heridos y la totalidad de su tren logístico. Por ello la afirmación de Livio de que las tropas romanas se apresuraron para llegar hasta el puente del Po (AUC, XXI, 47, 2-3), posiblemente se refiere a que consiguieron pasarlo en el primer día de marcha. Sería durante un segundo día de camino cuando pudieron alcanzar Placentia. De ahí que la frase del mismo autor sobre la llegada de Escipión a Placentia antes de que Aníbal detectase que se habían ido del Tesino es poco creíble.

A partir de esa detección cabe pensar que Aníbal puso a su ejército en marcha tratando de dar alcance a sus enemigos. Si durante la mayor parte del día 9 no llegó a apercibirse de esta marcha de sus enemigos, el inicio de su persecución posiblemente ocurrió el día 10 de noviembre.

Aquí es necesario tener en cuenta el caudal que el Tesino aporta al Po. El primero de los ríos es el principal afluente del segundo, lo que junto a la necesidad de haber construido un puente para cruzarlo por parte de los romanos nos da una idea de que tampoco era de fácil vadeo. La lógica indicaría que si los romanos lograron destruir su puente sobre este río, los cartagineses tratasen de llegar a Placentia con un único cruce, no pasando primero el Tesino y luego el Po. Por ello buscarían un punto de cruce en el Po antes de que el caudal del mismo creciese con los aportes del Tesino, o sea aguas arriba del punto de encuentro de ambos ríos. De este modo podrían ir por la ribera sur del Po hasta Placentia cruzando únicamente afluentes menores que viniesen de los Apeninos, no los más caudalosos provenientes de los Alpes. Esto encaja perfectamente con lo contado por Polibio.

Aludiendo a Celio, Livio reseña que Magón con la caballería y los soldados hispanos procedió a cruzar el río Po de modo inmediato en persecución de los romanos mientras Aníbal buscaba un vado aguas arriba para cruzar con el resto de hombres. Sin embargo el propio Livio da más verosimilitud a los que dicen que en dos días los cartagineses cruzaron ese río con un puente de balsas y mandaron entonces a Magón y la caballería e infantería hispana ligera como avanzadilla (Livio, AUC, XXI, 47, 6-7). La narración de Celio de una avanzada de caballería e infantería ligera púnica tratando de alcanzar a los romanos que regresaban a Placentia, se refrenda con lo contado por Zonaras (Epitome Historion, VIII, 24, 1) quien detalla que el hermano se habría adelantado mientras Aníbal se dirigía aguas arriba del Po buscando un vado. Quedaría por saber el punto en el que finalmente lo cruza. A partir de ese momento sabemos que los cartagineses tardaron dos días en encontrar ese lugar por donde cruzar el Po (Livio, AUC, XXI, 47, 6). Una posibilidad sería aguas arriba del encuentro del mismo con los actuales ríos Scrivia y Orba, afluentes que vienen de los Apeninos, pero esta opción alarga el recorrido desde Vigevano (identificado como Victumulae) hasta esa zona a no menos de 60 km siguiendo las márgenes del Tesino y Po, lo cual significa unos tres días de marcha frente a los dos que da Livio.

agón se adelantó entonces con la caballería y en un día llegó a las proximidades de Placentia (Livio, AUC, XXI, 47, 7), mientras el ahora victorioso Aníbal recibía junto al Po a enviados de diversos pueblos galos y hacía cruzar el río a su infantería. En unos pocos días (Livio, AUC, XXI, 47, 8) acampó a 6 millas de Placentia. Desde el punto de cruce del Po supuesto en el párrafo anterior hasta una posición seis millas al oeste de la colonia romana hay alrededor de 60 km, lo que supone unos tres días de marcha a partir de haber cruzado el río. Polibio reduce ese tiempo en llegar al Trebia desde el lugar de cruce del Po a dos días (Historias, III, 66, 10). Esto significa unos dos días de marcha, lo que acercaría dicho punto de cruce al entorno de la actual población de Bastida Pancarana. Desde esta posición y siguiendo el curso del Po hasta su encuentro con el Tesino y yendo en paralelo a este último hasta la población de Vigevano hay alrededor de 41 km (donde estaría el campamento púnico junto a Victumuale, punto de partida de Aníbal tras la batalla), distancia que se recorre en unos dos días, lo cual encaja con el tiempo que se dice que tardó en encontrar el lugar para cruzar.

Teniendo pues en cuenta los dos días que tardó en hallar el punto de paso del Po y probablemente un día más en habilitar su puente de balsas y comenzar el cruce, más otros dos desde ahí hasta el río Trebia, su llegada a este último sitio debió tener lugar no más de una semana después de la batalla del Tesino, lo que nos coloca en el entorno del 14 de noviembre.

Persecución cartaginesa

Persecución cartaginesa

Acontecimientos posteriores

Al día siguiente de acampar cerca de los romanos, Aníbal sacó a sus hombres y ofreció batalla que no fue respondida por los romanos (Livio, AUC, XXI, 47, 8). Esto provocó que la noche siguiente en el campamento romano estallase una rebelión de los aliados galos y 2.000 infantes y 200 jinetes de este origen desertasen tras matar a los centinelas romanos, tras lo cual se dirigieron al campamento cartaginés donde fueron acogidos y enviados a sus pueblos para incitar a la rebelión (Livio, AUC, XXI, 48, 1-2, Polibio, Historias, III, 67, 4 y Zonaras, Epitome Historion, VIII, 24, 2). De acuerdo al segundo de estos autores no se trataría de boyos pues estos habrían llegado en embajada como gente diferenciada de estos que habían desertado (Historias, III, 67, 6). Estos hechos obligaron a Escipión a mover su campamento la noche siguiente, dirigiéndose desde la ribera del Trebia a tierras altas situadas también junto al mismo río, de modo que dificultaba los movimientos de la caballería enemiga. Detectados estos movimientos por los cartagineses, se desencadenó una persecución de la columna romana primero por parte de la caballería númida y luego por el resto de caballería. Pero el saqueo del campamento enemigo los entretuvo lo suficiente para que cuando les dieron alcance, estuviesen iniciando su fortificación, por lo que solo unos pocos a la cola pudieron ser atacados y aniquilados. A partir de este momento Escipión, a quien las molestias de su herida le impedían estar más activo, decidió aguardar a la espera de la llegada de su colega de consulado Sempronio Longo (Livio, AUC, XXI, 48, 5-8). Aníbal decidió entonces asegurar sus suministros tomando mediante traición Clastidium, uno de los depósitos logísticos que tenían los romanos en el área (Livio, AUC, XXI, 48, 8-10).

En esos momentos el ejército de Escipión había visto muy seriamente diezmada su fuerza de velites y de caballería, a lo que se sumaban los hombres perdidos en el puente y en el último traslado de campamento desde las tierras bajas del Trebia hasta las altas, además de la deserción de los 2.200 galos. La suma de todas estas bajas debieron reducir sus tropas en una cantidad no menor a 6.000 hombres. Su oponente sin embargo, aparte de recibir la adhesión de los 2.200 galos que habían desertado del bando romano junto al Trebia, sumó nuevos efectivos (quizás mayoritariamente de boyos) que lograron elevar su ejército para la siguiente batalla a 10.000 jinetes, 20.000 infantes pesados y 8.000 ligeros (Polibio, Historias, III, 72, 7-9). En total unos 8.000 infantes y 4.000 jinetes galos se sumaron a las huestes púnicas entre esta batalla del Tesino y la siguiente de Trebia.

Consecuencias

La batalla de Tesino ha sido tradicionalmente estudiada como la primera de las cuatro famosas batallas que entre 218 y 216 a.C. llevaron a Aníbal a poner a Roma contra las cuerdas. Posteriores análisis rebajaron su importancia a un simple enfrentamiento de caballería. Dentro del contexto de la larga guerra que durante casi dieciséis largos años asoló Italia, este combate por su entidad y número de bajas pasaría casi desapercibido de no ser por el hecho de haber sido el primero librado en la península una vez superado el obstáculo de los Alpes y sobre todo por marcar el inicio de las adhesiones de tribus galas a la causa púnica.

Para Roma no sólo fue el inicio de un conflicto que la llevó al borde del abismo y que puso a su alianza con el resto de pueblos itálicos en entredicho. Se trató de la primera de las oportunidades perdidas de haber zanjado la guerra de modo rápido apenas empezada. El crédito de Aníbal nada más cruzados los Alpes aún era escaso, como demuestra el hecho de que los propios galos que al parecer ya habían pactado con él, no se atrevieran a unirse a su ejército una vez se presentó en su territorio debido a la cercanía de las tropas romanas.

Para Cartago de haberle resultado esquivo este primer combate, podría haber supuesto una cadena de deserciones de las tropas mercenarias de su ejército y al mismo tiempo el rechazo a adherirse de los galos. Aunque la magnitud de la derrota romana fue pequeña, sirvió para mantener la fidelidad de sus mercenarios e incorporar otros nuevos. Al mismo tiempo fue la constatación de que su fuerza de combate era una eficiente máquina militar que no sólo había sido capaz de someter a numerosos pueblos en Hispania o al cruzar el Ródano, sino también de atravesar un importante accidente geográfico bajo hostigamiento y nada más hacerlo estar en condiciones de hacer claudicar a la tribu de los taurinos y derrotar a los romanos en una batalla contra un numeroso grupo de infantería ligera y jinetes.

Tesino marcó también el reinicio de la guerra gálica. Tras la batalla de Trebia y otros enfrentamientos menores en el área, Aníbal abandonó la Galia Cisalpina en la primavera del 217 a.C. para adentrarse en Etruria. Justo tras esto, los romanos iniciaron una campaña de castigo contra alguno de estos pueblos que se habían rebelado. Roma se vio obligada hasta el último año de la guerra a mantener un ejército permanentemente en el área. Incluso a finales de la campaña de 216 a.C., ese ejército fue aniquilado no siendo posible reconstruirlo hasta la campaña de 214 a.C. En el transcurso de esos años Cartago llegó a mandar dos ejércitos más a la región en el año 207 a.C. y en el 205 a.C. Estas llegadas requirieron de la formación de ejércitos adicionales que sumar a los del pretor en la zona para poder enfrentar la amenaza. Por otra parte conocemos que la entidad de ese ejército tanto por efectivos como por fondos destinados a financiarlo tenían la entidad de un ejército principal. Incluso una vez acabada la Segunda Guerra Púnica, el conflicto con los galos guiados por un agente cartaginés que permaneció en la zona se reanudó con toda su crudeza.

Para los púnicos igualmente sirvió de fuente de reclutamiento. En apenas un mes, tiempo entre esta batalla y Trebia, algunos pueblos galos de la zona se unieron a los cartagineses con un nada desdeñable contingente de 4.000 jinetes y 8.000 infantes de este origen. Durante el invierno posterior a ambas batallas el enrolamiento de galos por Cartago se elevó hasta sumar entre 25.000 y 30.000 infantes.

Finalmente podemos añadir que Tesino significó el comienzo de la guerra en Italia y de la formación de la base logística que permitió a Aníbal hacer el cruce de los Apeninos y empezar el viaje hacia el sur.

Bibliografía

Livio, Ab Urbe Condita, XXI, 39 a 49. Ed. Gredos

Polibio, Historias, III, 64 a 72. Ed. Gredos

Apiano, Guerra de Aníbal, 5 a 6. Ed. Gredos

Zonaras, Epitome Historion, 8, 23 a 24. Ed. Gredos

Cornelio Nepote, Sobre los hombres ilustres, Tomo 3, Sobre los más destacados generales de los pueblos extranjeros, 23, 4, 2

Paulo Orosio, Historia contra los paganos, IV, 14, 21

Silo Itálico, Púnica

Eutropio, Breviario de la historia de Roma, Libro III, 8

Floro, Epítome, Libro I, XXII, 12

Asconio Pediano, Cinco narraciones de la oratoria de Cicerón, “El Senado contra Lucio Pisón”, vers. LXXX, 3

Fotografía aérea: Google Earth

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