Batalla del Metauro

Los antecedentes de esta batalla los encontramos en el verano de 208 a.C. cuando tuvo lugar en Baecula (actual provincia de Jaén) un enfrentamiento que opuso al grueso del contingente romano en la península ibérica reforzado con parte de los marinos de la menguada flota allí destacada en esos momentos y fuerzas de aliados íberos, contra el ejército de Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal y hombre al mando de las fuerzas púnicas en Hispania. Del encuentro, cosechado con una derrota por los cartagineses, sin embargo pudieron salvar una pequeña parte de las tropas de infantería y caballería, la totalidad de sus elefantes, y lo que era más importante, el tesoro (producto del control de la minería de la zona de Cástulo, próxima al lugar donde tuvo lugar el enfrentamiento) y el tren logístico. Tras una reunión en las cercanías del río Tajo con los otros dos generales púnicos al mando del resto de ejércitos en Hispania (su hermano Magón y el general Asdrúbal Giscón), decidió prepararse para recomponer y trasladar sus efectivos a Italia, mientras los otros dos permanecían en la península. Probablemente en dicho encuentro o en los meses sucesivos, recibió contingentes de tropas de origen hispano de los ejércitos de estos con el fin de acelerar la reconstrucción del suyo. Temían no sin razón, que ante el vuelco de la situación militar en la península ibérica, sus aliados hispanos desertaran de sus filas, perdiendo de este modo tropas y con ello el control del territorio que aún estaba bajo su dominio. Livio cuenta que tras el encuentro junto al Tajo, Magón partió a las Baleares a reclutar mercenarios para constituir una nueva formación mientras que Asdrúbal Giscón quedaba al mando de un único ejército resultante de la unión de los contingentes que tenían él mismo y Magón tras ser canibalizados para ceder efectivos de origen hispano a Asdrúbal Barca para su expedición a Italia. A esa altura de los acontecimientos, la guerra en Hispania se estaba inclinando hacia los romanos y los pueblos nativos comenzaban a cambiar de alianza, por lo que la fidelidad de los contingentes íberos en los ejércitos púnicos, se presentaba cada vez como más dudosa. Sacando a estos contingentes de la península ibérica y teniéndolos en Italia alejados de sus hogares, Asdrúbal esperaba mantener su lealtad.

Pero Magón en las Baleares sólo podría disponer de un tipo de mercenario que respondía a la categoría de hostigador o infantería ligera. De ahí que para terminar de articular un ejército completo, al año siguiente se dirigiera a la Celtiberia con el objeto de incorporar infantería pesada. Sería allí donde el ejército bajo mando del propretor romano Marco Junio Silano le sorprendería cuando realizaba esta tarea, entablando combate y derrotándolo, abortando de esta manera el intento púnico de reconstruir el ejército de Magón.

El propósito de Asdrúbal Barca pues, era emular a su hermano Aníbal y organizar una gran expedición que llegara a Italia atravesando los Pirineos y los Alpes. Pero a diferencia de aquel, se iba a encontrar con el problema de que los pasos de los Pirineos Orientales estaban controlados por los romanos, por lo que cualquier intento debería realizarse por el lado occidental de la cordillera, atravesando tierras habitadas por pueblos bastante hostiles. Buen conocedor sin embargo, de la idiosincrasia de las tribus locales, en el periodo de aproximadamente medio año trascurrido entre la batalla de Baecula y el inicio de su expedición, de acuerdo a la composición de su ejército que da Apiano, debió reclutar celtíberos o al menos aglutinar los contingentes existentes de ellos en el resto de ejércitos púnicos en la península,  con los cuales reconstruir sus mermadas tropas tras Baecula, además de lograr los pactos necesarios para asegurarse el tránsito por el Pirineo Occidental.

Iniciado el invierno, Asdrúbal comenzó su viaje cruzando los Pirineos por su parte Oeste, para encaminarse por el sur de la Galia, previsiblemente por una ruta parecida a la que empleara su hermano once años antes. De acuerdo a los enviados marselleses que llegaron a Roma, el rumor de que poseía abundancia de oro, favoreció el entusiasmo de los galos. Llegado a las estribaciones de los Alpes entró en contacto con la tribu de los avernos y reclutó nuevos contingentes de tropas con los que engrosar su ejército. Ya en primavera, cruzó los Alpes y se plantó finalmente en el valle del Po en un tiempo mucho menor (dos meses según Apiano) del que había empleado Aníbal (que de acuerdo a Polibio fue de 5 meses). Aunque ignoramos el punto de partida de Asdrúbal, dado que posiblemente reclutó celtíberos y que tal y como hemos comentado, al año siguiente el romano Silano realizó una campaña en Celtiberia contra los cartagineses, es probable que la misma fuese el punto de inicio de la travesía. Si bien el concepto Celtiberia es bastante ambiguo y puede comprender el área desde la Cordillera Ibérica a Sierra Morena.

Una vez en la Galia Cisalpina, incrementó sus fuerzas con nuevos contingentes de galos y ligures (estos últimos Apiano los estima en 8.000 hombres). Su llegada constituyó un catalizador para las rebeldes tribus galas, que desde el golpe dado a comienzos de 215 a.C. al ejército consular de Postumio Albino, no habían mostrado síntomas de actividad ofensiva contra sus enemigos. En 213 a.C. el entonces pretor en la Galia Cisalpina, Sempronio Tuditano, tomó la localidad de Atrinum, hecho que tal vez contribuyó a esta etapa de aparente tranquilidad (Livio, AUC, XXIV, 47, 14).

El primer reto del general púnico tras llegar al Po fue lanzarse contra la colonia romana de Placentia. Esta localidad junto con la no muy alejada Cremona, fueron fundadas el mismo año de inicio de la guerra (218 a.C.) y constituían una daga clavada en mitad de las tierras de los galos, y en su ataque debió de ver Asdrúbal un medio de congraciarse con ellos. Pero al igual que su hermano Aníbal poco más de diez años atrás, tras permanecer varias semanas frente a ella sitiándola, desistió de su objetivo. Este tiempo perdido resultaría precioso para los intereses romanos, que hasta ese momento se limitaban a seguir al nuevo ejército cartaginés desde la distancia con el ejército del nuevo pretor elegido ese año para la Galia, Lucio Porcio Licinio. Tras esta primera intentona, Asdrúbal debió tomar presumiblemente el camino sobre el que unos años más tarde se construiría la vía Emilia, que llegaba hasta la costa adriática.

No obstante, del texto de Tito Livio sabemos que durante su viaje hacia el Adriático, el ejército del pretor en la Galia, Lucio Porcio Licinio, había acosado al ejército cartaginés, en especial en zonas de montaña (AUC, XXVII, 46, 10). Ignoramos el resultado de estos encuentros pero conocemos que el ejército de Asdrúbal siguió su camino hacia la costa adriática y que acabada la batalla de Metauro, los romanos liberaron entre 3 y 4.000 prisioneros tomados por los cartagineses. Esto último indicaría la existencia de una acción de saqueo de las campiñas que atravesaba y captura de colonos romanos que las habitasen, así como combates contra el ejército de Lucio Porcio, que por la cifras expuestas, debieron ser favorables a los púnicos.

Lucio Porcio Licinio es nombrado (Livio, AUC, XXVI, 6, 1) como uno de los mandos que cuatro años antes rechazó el asalto al campamento romano del ejército del procónsul Quinto Fulvio Flaco por parte de Aníbal durante la 2ª batalla de Capua en 211 a.C. Se trataba pues de un militar con experiencia exitosa en combate. Además había sido edil plebeyo en 210 a.C. Sabedores del envite al que se enfrentaban, los romanos habían elegido como pretor a una persona con experiencia reciente en la guerra.

La situación del bando romano

En Roma, las noticias de la llegada del cartaginés hicieron que cundiera el pánico. El año anterior habían perdido a sus dos cónsules debido a la emboscada tendida por Aníbal en las cercanías de Venusia, con la consiguiente parálisis de la campaña en el sur de Italia. Y ahora, con el territorio etrusco en plena ebullición para alzarse contra ellos (lo que obligaba a la presencia permanente en el mismo de un ejército bajo mando de un pretor), llegaba un nuevo ejército cartaginés para abrir un segundo frente de guerra en el norte de la península.

La situación en Etruria era especialmente delicada. A comienzos del consulado de 208 a.C., el entonces cónsul recién electo Marco Claudio Marcelo, debió de desplazarse allí para comprobar in situ el estado de las cosas, ante los alarmantes informes que el pretor Cayo Calpurnio Pisón remitió a Roma, llegando a considerarse la posibilidad de trasladar su ejército de Apulia a Etruria. Finalmente no se hizo. Ya con el nuevo pretor, Cayo Hostilio Túbulo, en la zona en relevo del anterior, siguieron llegando preocupantes informes que llevaron a la toma de rehenes en Arretium, los cuales fueron conducidos a Roma por Cayo Terencio Varrón. Pero en el informe que este mandó al Senado, la gravedad de la situación presentada, hizo que ante el temor de una rebelión de toda la provincia, se mandase al propio Varrón con una de las dos legiones urbanas a Arretium, mientras el pretor salía con su ejército a patrullar el resto de la provincia.

Aparte de estos hechos, Roma se encontraba con serias dificultades para reponer las bajas habidas en la guerra. El censo se había reducido a la mitad. Aparte de las bajas en combate, a ello contribuyó la negativa en 209 a.C. de 12 colonias latinas a seguir aportando hombres por estar exhaustas. Se reclutó soldados incluso en las hasta entonces exentas colonias marítimas, no sin  superar antes su oposición a ello.

Las fuerzas romanas

Para sustituir a los difuntos Marcelo y Crispino, habían sido designados cónsules para el 207 a.C., Cayo Claudio Nerón y Marco Livio Salinator. Sus áreas de actuación serían el sur y norte de Italia respectivamente. Pero debido a que hasta ese momento el frente principal de guerra era contra Aníbal en el sur, los tres mejores ejércitos con efectivos iguales a los de un ejército consular, estaban en dicha zona. Marco Livio Salinator se quejaba de que los hombres a su disposición no tenían ni la cantidad ni la calidad de los disponibles para el otro cónsul. Al mismo tiempo, comenzaron a llegar noticias de la rápida llegada de Asdrúbal al valle del Po, lo que aceleró los preparativos. Los dos ejércitos bajo mando de pretores presentes en el norte de la península (uno en Etruria y otro en la Galia Cisalpina), fueron reforzados por los efectivos de las dos legiones urbanas existentes en 208 a.C. (de las cuales una probablemente permanecía en Arretium desde que la llevara allí Varrón el año anterior como refuerzo) y la llegada de contingentes desde Sicilia (3.000 arqueros y honderos) e Hispania (8.000 infantes celtas e íberos, 2.000 legionarios y 1.000 jinetes númidas e hispanos). Al mismo tiempo se reclutó un nuevo ejército de dos legiones con esclavos, que bajo mando de Cayo Terencio Varrón fueron enviados a Etruria, de modo que sustituyeran al ejército allí presente el año anterior. Este último, junto a los refuerzos de las dos legiones urbanas y los contingentes venidos de Sicilia e Hispania constituyeron el superejército consular de Marco Livio Salinator (de dos legiones reforzadas con no menos de 40.000 hombres). El ejército de la Galia, bajo mando del pretor Lucio Porcio Licinio, era el antiguo ejército consular de Publio Sulpicio Galba formado en 211 a.C. En 210 a.C. fue trasladado a la Galia (Livio, AUC, XXVI, 28, 5) y permanecía en el área desde entonces. Sus efectivos en 209 a.C. debían ser equivalentes a los de un ejército consular pues los fondos asignados para mantenerlo eran los mismos que los destinados a estos (Livio, AUC, XXVII, 10, 13). En esa época dichos ejércitos principales contaban con unos 25.800 hombres (ver el análisis de la composición de los ejércitos consulares en el artículo “La batalla de Numistro”). El comité de recepción que esperaba a Asdrúbal estaba formado por el ejército de esclavos de Varrón en Etruria, el ejército del pretor Lucio Porcio en la Galia Cisalpina y el superejército consular de Salinator, destinado en la zona de la Galia Cisalpina y Umbría.

Este superejército consular guardaba similitud con el que había hecho su colega Cayo Claudio Nerón en el sur. De los dos ejércitos consulares del año anterior de Marcelo y Crispino con 30.000 hombres cada uno, Nerón había formado un superejército de 42.500 soldados (Livio, AUC, XXVII, 40, 14) que quedó bajo su mando inicialmente en la ciudad de Venusia y otro de unos 18.000 que controlaba el procónsul Quinto Fulvio Flaco, cuya misión era operar en Lucania.

Por los hechos posteriores a la batalla que narra Livio, sabemos que el gran ejército consular de Marco Livio Salinator fue licenciado tras la misma, permaneciendo únicamente en dicha zona norte el de Varrón que operaba en Etruria con esclavos recién alistados ese año, y el de la Galia Cisalpina que controlaba el pretor Lucio Porcio.

El cónsul Salinator debió tomar como base de su ejército consular a los integrantes del ejército de Etruria del año anterior (208 a.C.), cuya formación databa de tres años antes (210 a.C.). Esto se deduce del hecho de que Asdrúbal cruzó antes de lo esperado y Salinator se retrasó algo, siendo el general cartaginés marcado por Lucio Porcio. Para ello el pretor debía contar con su ejército operativo, por lo que debió mantener el existente en la provincia el año anterior, mientras el cónsul completaba sus efectivos en una posición más a retaguardia. Este ejército de Etruria de la campaña de 208 a.C. que sirvió de base para formar el súperejército consular, fue complementado por las dos legiones urbanas que había en Roma en 208 a.C. cuya constitución databa del año 209 a.C., a las que se debió añadir algún contingente de los auxiliares venidos de Hispania y Sicilia. De ese modo contaba con una pegada sensacional. Con los ejércitos de los pretores en Etruria y Galia Cisalpina marcaría las penetraciones que pudiese hacer Asdrúbal hacia esos territorios, mientras él, con su superejército de 40.000 soldados, probablemente permanecía en Umbría para acudir a auxiliar a cualquiera de los anteriores dependiendo de la ruta que adoptara finalmente el hermano de Aníbal.

Pero esto no era todo el potencial que fueron capaces los romanos de disponer para frenar la arremetida púnica. Sustituyendo a las dos legiones urbanas de 208 a.C. que habían partido a reforzar el despliegue de Salinator, se reclutaron dos nuevas legiones urbanas. En cuanto se tuvo noticia de la entrada de Asdrúbal en la península itálica, el otro cónsul, Nerón, ordenó que las mismas se desplazasen bajo mando de Lucio Manlio Acidino desde Roma a Narnia, localidad lindera entre Umbría y Etruria, de modo que pudiesen bloquear el paso del río Nar, afluente del Tíber, y por tanto una hipotética aproximación a Roma. En su lugar se ordenó a la legión romana existente en Capua (Campania) desplazarse a la ciudad eterna, mientras se alistaba de urgencia una segunda legión. Finalmente, el propio Nerón comandaría otro contingente de 6.000 hombres y 1.000 jinetes, sacados de su propio superejército consular estacionado en ese momento en Apulia frente a Aníbal, el cual, en un tiempo récord y pasando desapercibida su salida, logró cruzar Italia de Sur a Norte hasta incorporarse en la cercanías de la localidad de Sena al ejército de Salinator y al del pretor Lucio Porcio.

Movimientos previos de tropas romanas y cartaginesas

Movimientos previos de tropas romanas y cartaginesas

La importancia, destacada por Livio, del retraso que supuso para Asdrúbal sitiar Placentia, radica en que dio varias semanas más a los romanos, para concluir esta remodelación de sus contingentes y la llegada de refuerzos desde Hispania y Sicilia.

Como se puede apreciar en el mapa, los cartagineses tenían una dura labor si pretendían cruzar Italia de Norte a Sur. Pero, ¿era realmente esa su intención?

Tradicionalmente se ha dado por veraces las versiones de Livio, Dion Casio y Apiano relativas a la intercepción por parte de los romanos, de los mensajeros que Asdrúbal habría enviado a su hermano Aníbal, y de ser la intención de los púnicos la de unirse en tierras de Umbría. Además del conocimiento por parte de los romanos del número de las fuerzas púnicas que compondrían este ejército de refuerzo cartaginés (Apiano).

Pero no podemos dejar de observar, que gracias a este hecho, el protagonismo en el frente norte que hubiera correspondido en exclusiva al cónsul Salinator, pasa a ser compartido al encontrar el cónsul Nerón una excusa para desplazar al norte un pequeño contingente bajo su mando. Este hecho se debió explicar en su momento en que los efectivos de Asdrúbal eran superiores a lo estimado, gracias a la intercepción de los mensajeros quienes portarían ese dato -según Apiano-. Y eso justificaría entonces que el cónsul competente de la zona sur de Italia, constituyera una pequeña fuerza para auxiliar a su colega. De no haber sido por algo así, la campaña estaba perfectamente planificada para que con los superejércitos consulares, y los controlados por los pretores o procónsules, se hubiese podido atender ambos frentes sin necesidad de que nadie ayudase a nadie. Sin embargo, este hecho de que las cartas selladas capturadas a los jinetes enviados por Asdrúbal, acaben en manos de Nerón, termina por cambiar las cosas. Livio comenta que las misivas fueron remitidas por Nerón al Senado junto a sus nuevos planes. ¿Pudo falsificar alguna de ellas para justificar el cambio de estrategia y la necesidad de su presencia con refuerzos junto a su colega para enfrentar la amenaza?

¿O por el contrario el superejército consular de 40.000 hombres, era una formación pensada para desgajar de ella un contingente de tamaño numérico parecido a una legión, de modo que tras quitarlo lo que quedase fuese un ejército parecido en número al habitual de uno consular?

Livio comenta el estado de sobresalto de la ciudad respecto de la marcha hacia el norte del cónsul. De haber sido los acontecimientos como los describe (intercepción de los mensajeros por tropas del pretor en el Salentino, remisión al cónsul Nerón de los prisioneros, envío por este de las misivas al Senado junto al nuevo curso de acción que incluía el reclutamiento de tropas y el envío de la legión de Capua para defender la ciudad, el envío de las legiones urbanas a Umbría, la selección del grupo de tropas de su ejército que le van a acompañar y la marcha de una semana hacia el norte), resulta improbable que se pudiese hacer en una semana (sobre todo la leva) y además que algo que debía de ser secreto (la estrategia del cónsul de marchar hacia el norte) terminase en conocimiento de toda la población. Si Nerón se puso en marcha al tiempo que mandaba su comunicación al Senado, cuando esta llegase allí ya llevaría unos dos días de marcha. Lo cual deja no más de cinco días para que se reunan en la Curia, deliberen, manden llamar a la legión de Capua y recluten como sea hombres para formar otra legión urbana. Enviar una misiva en jinete a Capua supone un día en que llegue y que la legión de allí se trasladase a Roma supondría a marchas forzadas sin tren logístico no menos de cinco días. A partir de ahí no menos de dos días en que las legiones urbanas sean enviadas a Narnia. En definitiva, si se hizo todo lo narrado a un ritmo frenético, es muy complicado que antes de dos semanas pudiese estar listo todo. Eso supone que o bien la marcha de Nerón no se inició a la vez que enviaba la misiva al Senado sino algunos días después, o bien duró más de la semana que nos cuentan. Y aún con eso, la presentación en la Urbs de los hombres necesarios para integrar una segunda legión urbana es muy difícil que se pueda hacer en dos semanas. Por otra parte mantener el secreto cuando se describen hechos que suponen una alarma general en la ciudad, movimientos de tropas por doquier de Campania a Roma, de Apulia al Piceno y de Roma a Narnia, levas de soldados y preparación de suministros en las localidades por las que van a desplazarse las legiones para evitar que tengan que llevar tren logístico, parece una misión imposible. Por ello parece que la narración exagera la celeridad y dramatismo del asunto.

A la sospecha de maniobra por parte de Nerón, se une el dato de Polibio que apunta a un ejército púnico pequeño, que habría tenido 10.000 muertos y un número indeterminado de prisioneros. Aquí difiere notablemente del resto de autores, que elevan tanto el monto de las víctimas como del ejército en sí. No obstante, está el hecho objetivo de que el pretor Lucio Porcio, que contaba con un ejército de dos legiones, no se atreve a enfrentarse a Asdrúbal en batalla campal, limitándose a escaramucear, lo cual indica que el ejército púnico debía ser bastante superior a los 25.800 hombres que hemos deducido que debía tener el citado ejército romano en la Galia. Por otra parte, si la derrota de Asdrúbal se hubiese limitado a los 10.000 soldados púnicos muertos y al indeterminado número de prisioneros que se deduce del relato de Polibio, es complicado pensar que el general cartaginés se hubiese entregado a su fatal destino cuando en numerosas ocasiones anteriores, siendo derrotado en batalla, siempre escapaba con los restos de sus maltrechos ejércitos para iniciar de nuevo su reconstrucción. Los ejércitos romanos en el Metauro antes de la llegada de Nerón debían contar entre 55.000 y 67.000 hombres, una fuerza impresionante. Y tras la llegada de este, la cifra final debía estar próxima a los 75.000. Los historiadores describen el enfrentamiento como una persecución romana implacable de la que no se puede desembarazar el general púnico, finalizando en batalla campal. Cuesta no obstante creer, que un general avezado y con un gran número de enfentamientos en su haber contra ejércitos romanos, se enzarzase en batalla contra ellos en netas condiciones de inferioridad. Apiano eleva su ejército hasta los 48.000 infantes y 8.000 jinetes. Dion Casio no aporta cifras pero dice que Nerón temía que Asdrúbal pudiese doblegar a Salinator por la fuerza del número, dejando entrever que contase con un numeroso ejército de algún modo incluso superior al romano presente en la zona en ese momento. Al igual que Apiano, equipara la magnitud de la victoria con Cannas. Es poco verosímil que Asdrúbal se atreviese a adentrarse hacia el sur con un ejército menguado en efectivos. Y que siguiese su recorrido hacia la Italia meridional pese a contar ya con la persecución de los ejércitos del pretor Lucio Porcio y el cónsul Salinator, si no tuviese a su disposición una fuerza con una magnitud muy importante.

Pero volviendo a la pregunta lanzada antes, ¿consistía realmente la estrategia púnica en unir los ejércitos de Asdrúbal y Aníbal? ¿O acaso el objetivo verdadero de Asdrúbal era apoyar el estallido de la reciente rebelión en Etruria, abrir otro frente de guerra en el norte que absorbiera recursos a los romanos y permitiese así a su hermano progresar en el sur o al menos ver aliviada la presión sobre él? ¿Fue la intercepción de las cartas un invento de Nerón para robarle el protagonismo a su colega y enemigo político?

Llegada de Asdrúbal

Otro de los interrogantes que suscita la expedición de Asdrúbal es su duración real. Por un lado las citas de Livio o Apiano parecen apuntar a un viaje relámpago, mucho más rápido que el de su hermano, pero escudriñando en los hechos descritos por el primero de los autores, la cosa se matiza bastante. Apiano llega a hablar de solo dos meses. Encontramos que Livio describe que los marselleses envían emisarios a Roma anunciando la entrada de Asdrúbal en la Galia y que Roma a su vez envía a dos legados a Marsella para hacer averiguaciones. Estos, tras contactar con marselleses que conocían a jefes galos, habrían informado a Roma que las intenciones de Asdrúbal eran cruzar los Alpes en cuanto pudiera, y que no lo hacía por ser aún invierno. El tiempo estimado en el ir y venir de emisarios entre Marsella y Roma y viceversa, difícilmente bajaría de dos semanas en cada trayecto. Lo que para un viaje de emisarios marselleses, un envío de emisarios romanos, y un mensaje enviado por estos a Roma, totaliza no menos de un mes y medio. A ello se sumarían los días que tardan en enterarse los marselleses de la llegada por tierra desde los Pirineos y en mandar el primer emisario a Roma, así como el que pasa desde que sale el mensaje del enviado romano desde Marsella hasta que Asdrúbal inicia el cruce de los Alpes. Esto da un margen de entre dos meses y dos meses y medio de estancia mínima de Asdrúbal en la Galia desde que entra desde Hispania hasta que comienza el cruce de los Alpes. Por rápido que fuera en este cruce alpino, no tardaría menos de otra semana (su hermano lo hizo en dos), por lo que desde que cruza los Pirineos hasta que llega a Italia, difícilmente tardó mucho menos de tres meses.

Pero por el relato de los hechos de Livio, pareciera que en Roma se sabía de la expedición desde aún antes de que llegaran los enviados de Marsella. Eso significa que desde Hispania se había dado aviso a Roma de su partida y de que no habían podido interceptarlo. Que dado el tiempo de no menos de tres semanas de viaje de las noticias desde la península ibérica hasta Roma, implica que, suponiendo que la noticia hubiese llegado a Italia escasamente antes que el refrendo de la misma por los marselleses, al menos desde tres semanas antes de que estos llegaran a Roma, en el contingente romano destacado en Hispania se tenía conocimiento de que Asdrúbal estaba en marcha.

Además, cuando se procede al alistamiento de ese año, Livio cuenta que se urge a los cónsules a salir cuanto antes, para interceptar a Asdrúbal en cuanto cruce los Alpes. Dado que la toma de posesión de los cónsules era a mediados de marzo, estos alistamientos debían realizarse entre la segunda mitad de marzo y la primera quincena de abril. Lo cual indica que en esas fechas aún no se conocía que el cruce se hubiese producido. Además se procede a reorganizar los contingentes y al envío desde Hispania y Sicilia de refuerzos, que aunque hubiesen sido solicitados nada más conocerse el inicio de la expedición, difícilmente llegarían antes de dos meses desde dicha fecha de solicitud (por el reseñado tiempo de viaje de ida y vuelta entre Hispania e Italia además del necesario para reclutar auxiliares entre los aliados hispanos). Finalmente, se recibe una carta del pretor en la Galia, Lucio Porcio, informando del inicio del cruce de los Alpes y del ejército de ligures formado para unirse a los púnicos en cuanto culminen el cruce. Dado el tiempo que tardaría un pretor recién elegido a mediados de marzo, en llegar a su destino y el necesario para enviar la comunicación a Roma sobre los progresos cartagineses, es prácticamente imposible que dicha información llegara a Roma antes de mitad de abril. Eso sitúa la entrada al valle del Po, probablemente en esas mismas fechas de mediados de abril.

Como desde que cruzó los Pirineos no debió bajar de tres meses el tiempo invertido en llegar al valle del Po, y dado que en Roma habían sido ya alertados desde su contingente en Hispania, y estos debieron enterarse tres semanas antes, la fecha probable de salida desde Hispania, debió de ser en torno en la primera quincena de enero, cruzando los Pirineos en torno en la segunda mitad del mismo mes, llegando a las cercanías de los Alpes hacia principios de marzo, aún en invierno, donde aguardaría mes y medio para iniciar el cruce, reclutando mientras tanto tropas.

Una vez en la Galia Cisalpina, el sitio de Placentia probablemente se iniciaría unas dos semanas después de llegar, tras recibir el refuerzo de los ligures. Y allí debió de permanecer desde principios de mayo hasta principios de julio. En ese tiempo sabemos que en el sur, antes de que llegase Nerón, Aníbal había sido emboscado por Túbulo y retornaba al Brucio. Hecho que debió ocurrir a principios de abril, pues el cónsul aún no se había incorporado a su destino. Que tras la llegada de Nerón, cuya partida para tomar el mando de su ejército debiera ser parecida en el tiempo a la de Salinator, y desencadenada por las noticias de la llegada de Asdrúbal, se produjo la fusión en Venusia, de los contingentes que iban a integrar los ejércitos en el sur, algo que debió tener lugar a principios de mayo. Tras ello, Aníbal se desplazó a Lucania desde el Brucio y Nerón desde Apulia, produciéndose la batalla de Grumentum, que debió suceder a mediados de mayo. Después de esta, se produce la persecución hasta Venusia, donde vuelve a haber otro combate, lo cual nos sitúa en la primera mitad de junio. De ahí, Aníbal se movió a Metaponto a esperar los refuerzos que le trajo Hanón, hecho que debió ocurrir a mediados de julio, tras lo cual volvió a dirigirse a Venusia, lo que nos coloca a finales del mismo mes. Seguido por Nerón, quedan estacionados allí. Los mensajeros interceptados lo son cerca de Metaponto, lo cual indica que si pensaban encontrar allí a Aníbal, es porque en su paso hacia el sur en alguna localidad afín a los cartagineses se les dio esa información, por lo que no debía haber transcurrido mucho tiempo desde la partida de Aníbal hacia Venusia, supongamos que una semana. Entre que el mensaje interceptado fue despachado al cónsul, este decidió el curso de acción e informó a Roma sobre el mismo, debió pasar otra semana más. Si tenemos en cuenta el tiempo mínimo de dos semanas que hemos estimado para poner en marcha la leva de urgencia y los traslados de tropas, estos no debieron completarse hasta finales de agosto. Si el tiempo de viaje de una semana hacia el norte (hasta Sena Gálica) de Nerón se solapa con estos movimientos de tropas, nos sitúa a principios de septiembre junto al río Metauro. Mientras tanto, Asdrúbal habría levantado el sitio de Placentia a finales de julio y siguiendo la vía Emilia habría llegado hasta las cercanías de la costa adriática desde donde pondría rumbo sur hacia Umbría.

Nos encontramos así con el ejército cartaginés en las proximidades del río Metauro, en las cercanías de Sena Gálica, donde acampan también los dos ejércitos romanos, el del pretor antes mencionado en un campamento menor, y el del cónsul Salinator en uno de mayor tamaño.

Es en estas circunstancias cuando se produce la llegada nocturna del segundo cónsul con su contingente de 6.000 infantes y 1.000 jinetes, que en su trayecto desde Apulia ha recibido incorporaciones de soldados adicionales. Para no despertar sospechas a sus enemigos sobre su incorporación, no se amplía el campamento y se instala a estos soldados de refuerzo junto al resto en los alojamientos ya existentes. Esa misma noche se produce un consejo de guerra y por iniciativa de Nerón, se decide ofrecer batalla al día siguiente.

La batalla

Acabada la reunión del consejo de mando romano, las tropas salieron del campamento en orden de batalla el cual fue respondido por los púnicos sacando a sus hombres. Asdrúbal sin embargo, gracias a la vigilancia de sus patrullas, consiguió detectar la llegada de este contingente adicional, al escuchar dos toques de llamada en el campamento principal romano, lo que era señal de la presencia de dos cónsules. Este detalle hizo pensar al general cartaginés que posiblemente su hermano había sido derrotado, pues de otro modo no habría permitido la partida hacia el norte del otro cónsul. Descorazonado con esta idea, tras tener formados a sus hombres para dar batalla, y con la constatación adicional de que efectivamente había un contingente de refuerzo, debido a la presencia de tropas con la tez más morena por el sol recibido durante la marcha, con escudos diferentes, y con caballos más sucios, decidió retirarlos a su campamento y no plantear combate.

Inmediatamente determinó salir de aquel sitio, por lo que inició una marcha nocturna. Dion Casio comenta que los romanos escucharon el ruido de la movilización del ejército de Asdrúbal durante la noche, pero esperaron al amanecer para iniciar la persecución con su caballería.

Los cartagineses se pusieron en marcha tratando de encontrar un vado por el que cruzar el río Metauro.

Los guías del ejército púnico desertaron y huyeron, prosiguiendo los cartagineses con su marcha junto al Metauro en busca de un vado. La búsqueda de este paso para cruzar el río permitió que los romanos les dieran caza. Nerón al mando de la caballería comenzó a acosarle. De acuerdo a Dion Casio, Asdrúbal detuvo la marcha para combatirlo en la creencia de que venía de manera aislada. Pero seguidamente apareció la infantería ligera bajo mando del pretor Lucio Porcio Licinio. Asdrúbal intentó entonces atrincherarse en una colina. Pero apareció finalmente Salinator al frente de la infantería pesada, formada para el combate, uniéndose a las incipientes luchas. Los romanos se alinearon, quedando Nerón al mando del ala derecha, Lucio Porcio al centro y Salinator en el ala izquierda. El general cartaginés comprendió que el combate era inevitable y decidió poner en su ala izquierda, sobre una colina, al contingente galo. Al centro, tras los elefantes, dispuso a los ligures. Por último, con el propio Asdrúbal al mando, en la derecha formaron sus veteranos hispanos. El inicio de la lucha era inminente. Tito Livio (AUC, XXVII, 48, 7) y Polibio cuentan que era una formación más profunda que larga, lo que a la postre sería un factor decisivo.

Batalla Metauro disposición inicial

Batalla Metauro. Disposición inicial

Se produjo el choque de ambos ejércitos. El ala derecha romana, dado que se medía a los galos que estaban apoyados en una colina, no podía realizar progresos. Entre tanto el ala izquierda se enzarzaba en feroz combate con los hispanos de Asdrúbal. Infantería y caballería romana luchaban en esa zona, generalizándose el combate también al centro de la formación romana y cartaginesa. Una carga de los elefantes hizo retroceder a las primeras líneas romanas pero finalmente el enconamiento de la lucha hizo que las bestias terminaran cargando contra su propio bando. Habiendo previsto esta circunstancia, Asdrúbal dotó a los guías de los paquidermos, de unas mazas con las que desnucarlos en caso de que se volviesen contra las filas propias.

Metauro. Maniobra Nerón

Batalla Metauro. Maniobra de Nerón

Mientras, Nerón realizó varios intentos infructuosos para progresar en su ala. Ante la imposibilidad de avanzar por su lado, tomó varias cohortes, y a través de la retaguardia de sus filas, las condujo hacia el ala izquierda, flanqueando a las tropas púnicas y atacándolas lateralmente y por su retaguardia. Rodeados hispanos y ligures, fueron masacrados. Los galos fueron finalmente atacados y con muchos de ellos ya desperdigados, la resistencia duró poco. Estos últimos combates ocurren en torno al mediodía (Livio, AUC, XXVII, 48, 19), lo que nos deja una duración total del combate de unas cinco horas.

Las cifras de la batalla

Una vez más la divergencia entre autores sale a relucir. Analicemos cuales merecen más credibilidad a la vista de lo narrado y de la magnitud de fuerzas que debieron enfrentarse. Livio eleva los muertos púnicos a 56.000 y a 5.400 los prisioneros mientras que los fallecidos romanos serían unos 8.000. Apiano da una cifra de la magnitud del ejército púnico, el cual estaría compuesto por 48.000 infantes, 8.000 jinetes y 15 elefantes. Los muertos y prisioneros los equipara a los de Cannas, los cuales cifra en 50.000 y 7.000 respectivamente. Polibio sitúa el número de elefantes del ejército púnico en 10 y la de muertos en la batalla en más de 10.000 cartagineses y unos 2.000 romanos. Dion Casio menciona que tras la captura de la carta, Nerón temía que Salinator se viese superado en número por el ejército de Asdrúbal. Lo que implicaría un monto de tropas del púnico que rondara los 70.000 hombres.

Otra mención importante la da Livio (AUC, XXVII, 49, 15) al indicar la existencia de tropas cartaginesas huídas (ligures y galos) en un bloque más o menos homogéneo, las cuales no son perseguidas por los romanos. Este detalle indica un volumen de supervivientes en el bando púnico que como mínimo debió ser suficientemente significativo como para que se planteara su persecución. El hecho de que esta fuese rechazada indica claramente el desgaste tremendo que supuso la batalla para el bando romano. Apiano habla también de celtíberos supervivientes a la batalla en fuga, de los que una parte habría logrado cruzar Italia de norte a sur para incorporarse a las tropas de Aníbal, mientras que otra parte habría retornado a Hispania. Dependiendo de la traducción, la batalla permitió la liberación de 3 ó 4.000 romanos apresados por Asdrúbal tanto en el sitio de Placentia, en su recorrido hacia el sur y en los enfrentamientos previos con el ejército del pretor Lucio Porcio Licinio.

Ante este baile de cifras, y los antecedentes conocidos, el ejército de Asdrúbal no debió de bajar de 45.000 efectivos, de los que unos 25.000 vendrían de Hispania mientras el resto habrían sido reclutados en la Galia y en Liguria. Una parte sin cuantificar del derrotado bando púnico logró escapar. Del texto de Apiano se puede inferir que incluso en la castigada y envuelta en primer lugar ala derecha cartaginesa integrada por hispanos, hubo huidos. Livio menciona sin embargo a ligures y galos como integrantes del grueso de huidos, al que califica como gran grupo, pero del que explica que una parte de ellos no había llegado a participar en la batalla. Quizás porque estuviesen en el ala izquierda cartaginesa y no entrasen en combate o directamente porque no se detuvieran a combatir y prosiguieran su huida. Sin embargo no deja de ser significativo que un hombre como Asdrúbal, derrotado en numerosas ocasiones por los romanos y huido en el lance, en esta ocasión decidiese inmolarse junto a la mayoría de sus tropas. La magnitud de la derrota debió ser lo suficientemente importante, para que lo diera todo por perdido, además de que probablemente sospechara que a su hermano no le habían ido bien las cosas, lo que debió de terminar de empujarle a su fatal desenlace. Once años antes, cuando Aníbal llegó a Italia y obtuvo sus primeras victorias, se le unieron unos 20.000 galos. Después de los años de guerra trascurridos y el desgaste que ello supuso en dichos aliados de Cartago es muy complicado que el total de enganchados de esa procedencia al ejército púnico fuese superior a esa cifra. Unido a la composición estimada de lo que debían ser los ejércitos púnicos en la península ibérica, hace complicado pensar en mucho más de 45.000 hombres.

Conclusiones

Han sido muchos los autores que con acierto califican a Metauro como una de las batallas más decisivas de la historia. La victoria en la segunda guerra púnica supuso el lanzamiento al estrellato de Roma y el comienzo de su expansión territorial facilitada por la desactivación de la única potencia que tenía capacidad de oponérsele. Y dentro de esta guerra la batalla del Metauro fue el último intento púnico con posibilidades reales de invertir el curso de la misma. Si bien ocurrió en un momento en que la guerra comenzaba a ser favorable a Roma (en Hispania los romanos volvían a estar en la Oretania, la guerra en Grecia comenzaba a declinar, Sicilia había sido controlada en su totalidad y en el sur de la península italiana, Campania, el Samnio, Apulia y el Salentino habían sido recuperadas por completo), el estado de debilidad de la República era también muy grande. Los aliados estaban exhaustos y las dificultades de financiar la guerra y reclutar hombres situaban la balanza en un equilibrio que cualquier acontecimiento podía cambiar. La rebelión etrusca del año anterior y la muerte de Marcelo, que hasta entonces se había mostrado como el militar más capaz de la República, supusieron esa oportunidad que Cartago necesitaba. La llegada del ejército de Asdrúbal podía poner en llamas el norte de la península cuando en el sur aún existían amplios territorios en el Brucio y Lucania fieles a los cartagineses. De haber triunfado Asdrúbal en la batalla, habría supuesto su llegada a Etruria donde además de un importante foco subversivo, sólo podría oponérsele el ejército de un pretor y las dos legiones urbanas acampadas en Narnia, que difícilmente habrían sido obstáculo. O bien tener el camino expedito para unirse a su hermano en el sur. Haber preservado su ejército habría obligado a Roma a mantener el esfuerzo de movilización desplegado, algo que la inmediata desmovilización del ejército de Salinator tras su victoria, no parece que pudiera soportar por mucho tiempo. La derrota supuso además el repliegue de Aníbal de Lucania, recuperando guarniciones pero abandonando a muchos aliados que desde ese momento difícilmente podían mantener su fé en la victoria cartaginesa.

El golpe asestado no sólo permitió a los romanos eliminar la amenaza de rebelión en el norte y desmovilizar tropas con el consiguiente ahorro en costes y aumento de reserva de soldados de la que tirar en caso de necesidad, sino recuperar completamente Lucania y mover el área de combate al Brucio, de donde Aníbal ya no sería capaz de salir en los siguientes 5 años de guerra. La victoria romana ya era sólo cuestión de tiempo.

Una vez más, otra derrota de Asdrúbal Barca volvía a poner a Cartago en una situación comprometida, esta vez en un momento en que no había posibilidad de auxilio desde la metrópoli, lo que a la postre la convirtió en irreversible.

Bibliografía

Tito Livio, “Ab urbe Condita”, XXVI,6,1; XXVII,21,8-9-10 y 11; XXVII,22,7 y 19; XXVII,24; XXVII,37; XXVII,38, XXVII,39; XXVII,40

Apiano, “La guerra de Aníbal”, VIII, 52

Polibio, “Historias”, Tomo 2, Libro 11, Capítulo I

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